Osho

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Desintoxicación A Través Del Ayuno

 

Pregunta:

“¿Recomienda usted el ayuno como método para desintoxicar el cuerpo? Soy vegetariano desde hace poco”.

Siempre que ayunas el cuerpo queda libre de trabajar en la digestión. Durante éste, el cuerpo puede ocuparse de arrojar las células muertas, las toxinas. Es como cuando llega un día de la semana, el sábado o el domingo, en que tienes un día libre y te ocupas todo el día de limpiar la casa. Toda la semana estuviste tan atareado que no pudiste ocuparte de limpiarla. Cuando el cuerpo no tiene nada que digerir, cuando no has comido nada, él mismo se ocupa de su propia limpieza. Es un proceso que surge espontáneamente, y el cuerpo arroja entonces todo lo que no necesita, lo que supone una carga. El ayuno es un método de purificación. De vez en cuando, ayunar es magnífico; no hacer nada, no comer, descansar. Toma todo el líquido que quieras, descansa y ya verás cómo se limpia el cuerpo.
Algunas veces, si crees que te hace falta un mayor tiempo de ayuno, también puedes hacerlo; pero trata al cuerpo con mucho mimo. Si sientes que el ayuno está dañando al cuerpo de algún modo, no sigas. Si el ayuno está ayudando al cuerpo, sentirás más energía; te sentirás más vigoroso, rejuvenecido, vital. El criterio es el siguiente: si notas que te sientes débil, si notas que aparece un ligero temblor en el cuerpo, entonces ten cuidado; ya no se trata de una simple purificación. Se está volviendo algo nocivo. No sigas.
Uno debería conocer bien todo el intríngulis. En realidad, se debería ayunar cerca de alguien que haya practicado largo tiempo y que conozca muy bien los pasos que se deben seguir, que conozca todos los síntomas. ¿Qué pasará si se convierte en algo nocivo, qué pasará si va por buen camino? Tras un ayuno auténtico y purificante, te sentirás como nuevo, rejuvenecido; más limpio, ligero, feliz; el cuerpo funcionará mejor porque ahora se ha descargado. Pero el ayuno sólo se hace si has estado comiendo de mala manera. Si has estado comiendo debidamente, no hay necesidad de ayunar. El ayuno sólo hace falta cuando has abusado del cuerpo; y todos hemos estado comiendo mal.
El hombre ha perdido el norte. Ningún animal come como el hombre; los animales tienen su manjar predilecto. Si pones a un grupo de búfalos en un jardín, sólo comerán una determinada hierba. No comerán cualquier cosa que encuentren; son muy selectivos. Tienen un afinado sentido respecto a la comida. El hombre está totalmente perdido, no tiene sensibilidad para la comida. Come cualquier tipo de cosa. En realidad, es difícil encontrar algo que de alguna manera o de otra el hombre no haya comido. En algunos lugares, se comen hormigas o serpientes. En otros, se comen perros. El hombre ha comido de todo. Está completamente loco. No sabe lo que está en consonancia con el cuerpo y lo que no lo está. Tiene una confusión absoluta.
El hombre, por naturaleza, debería ser vegetariano, porque su cuerpo está formado para la comida vegetariana. Hasta los científicos admiten el hecho de que la estructura del cuerpo humano demuestra que el hombre no debería ser otra cosa que vegetariano. Existen determinadas maneras de juzgar si ciertas especies de animales son vegetarianas o no: depende del intestino, de la longitud del intestino. Los animales no vegetarianos tienen un intestino muy pequeño. Los tigres, los leones tienen un intestino pequeño, porque la carne ya es una comida digerida. No hace falta un intestino largo para digerirla. El animal ha hecho ya el trabajo de digestión. Ahora te estás comiendo la carne del animal. Ya está digerida; no hace falta un intestino largo. El hombre posee uno de los intestinos más largos: quiere decir que es vegetariano. Es necesaria una digestión larga, y quedará cantidad de excremento para echar fuera.
Si el hombre no es vegetariano y continúa comiendo carne, el cuerpo está sobrecargado. En Oriente, todos los grandes maestros        –Buda, Mahavira- han hecho hincapié en el asunto, no a causa del concepto de no-violencia -eso es algo secundario- sino porque si realmente quieres pasar a un grado mayor de meditación tu cuerpo necesita sentirse ligero, natural fluido. Tu cuerpo necesita estar liviano; y un cuerpo que no sea vegetariano resulta muy pesado.
Cuando comes carne, observa con atención. Si matas a un animal, ¿qué le pasa a dicho animal cuando se le mata? Por supuesto, a nadie le gusta que lo maten. La vida pretende prolongarse a sí misma; el animal no muere por gusto. Si alguien te mata, no vas a morir de buen grado. Si un león salta sobre ti y te mata, ¿qué le pasará a la mente? Sucede lo mismo cuando tú matas al león. Dolor, miedo, muerte, angustia, ansiedad, rabia, violencia, tristeza; por todos estos estados pasa el animal. Por todo su cuerpo se extiende la violencia, la angustia, el dolor. Todo su cuerpo se llena de toxinas, de sustancias nocivas. Todas las glándulas del cuerpo emanan veneno porque el animal está muriendo contra su voluntad. Entonces te comes la carne; ésta lleva todo el veneno que el animal ha soltado. Toda su energía está emponzoñada. Por tanto, todo ese veneno se traslada a tu cuerpo.
Toda esa carne que estás comiendo pertenecía al cuerpo del animal. Tenía un propósito específico para él. Un tipo específico de consciencia existente en el cuerpo del animal. Tú consciencia está en un plano superior a la del animal y cuando comes su carne, tu cuerpo se rebaja al grado más bajo, al grado más bajo del animal. Entonces se crea un espacio entre tu consciencia y tu cuerpo, y así surge la tensión, surge la ansiedad.
Uno debería comer sólo cosas naturales: naturales para ti. Frutas, nueces, verduras, todas las que quieras. Lo bonito es que no puedes comer todo esto más de lo necesario. Todo lo que es natural te deja satisfecho, porque sacia el cuerpo, te satura. Te sientes lleno. Si algo no es natural nunca te deja satisfecho. Come helado: nunca te ves saciado. De hecho, cuanto más comes, más quieres. No es un alimento. Se ha engañado a tu mente. Ahora no estás comiendo acorde con las necesidades del cuerpo; estás comiendo por el paladar. El gusto ha tomado el mando.
No debería mandar el gusto. En cuanto al estómago, no sabe nada. No sabe nada en cuanto al cuerpo. El paladar tiene un propósito específico que cumplir: saborear la comida. Por supuesto, éste debe juzgar, es la única cosa, qué alimento es para el cuerpo –para mi cuerpo- y qué alimento no lo es. Es algo así como un vigilante en la puerta; pero no es el amo. Si el vigilante se convierte en el amo, entonces todo se complica.

Comida De Estímulo, Comida De Reclamo

            Pregunta:

            “¿Cómo hago para saber cuál alimento me conviene?”.

            Hay dos tipos de comida. Una es la que te gusta, la que te apetece, la que quisieras comer. No hay nada de malo en ello, pero tendrías que aprender un pequeño truco. Hay comidas que ejercen un atractivo irresistible. Dicho atractivo no se debe a que tienes toda esa comida ante la vista. Vas a un hotel, a un restaurante, ves una variedad de manjares: el olor que viene de la cocina, el color y el aroma de la comida. No estabas pensando en comer, pero de pronto te apetece; no te servirá de mucho. Se crea una apetencia falsa. Puedes comer lo que quieras; pero no llegarás a estar satisfecho. Ahí está la clave. El estar insatisfecho es lo que crea la obsesión. Medita un poco cada día antes de tomar alimento. Cierra los ojos y siente lo que tu cuerpo necesita: ¡sea lo que sea! No has visto ningún alimento; no hay comida en la mesa. Simplemente estás sintiendo tu propio ser, lo que tu cuerpo necesita, lo que te apetece, lo que anhelas.
            El doctor Leonard Pearson llama a esto “comida de estímulo”: la comida que te provoca. Come toda la que te apetezca, pero sé fiel con esos alimentos. Hay otro tipo de comida al que se puede llamar “comida de reclamo”: cuando se te muestra, te sientes atraído. Así, es un asunto puramente mental y no te hace falta. Si haces caso a la llamada comida de estímulo, podrás comer toda la que quieras y no habrá ansiedad, porque quedarás satisfecho. El cuerpo simplemente desea lo que necesita; no quiere nada más. Será más que suficiente, y una vez que uno queda satisfecho, ya no come más. El problema surge solamente cuando estás ingiriendo alimentos tipo reclamo: la tienes delante de ti y te ves inducido a comerla. No te deja satisfecho porque el cuerpo no la necesita. Al no satisfacerte, comes más, pero por mucho que comas, no te sentirás pleno, ya que para empezar, el cuerpo no la necesita.
            Debe satisfacerse el primer tipo de deseo, así el segundo desaparece. Lo que le pasa a la gente es que nunca escucha al primero, por lo que surge el problema con el segundo. Si haces caso a la comida de estímulo, la de reclamo deja de existir. La segunda se convierte en problema sólo porque has olvidado completamente que tienes que escuchar tu propio deseo; pero a la gente se le ha enseñado a no escucharlo. Se le ha repetido: “Come de esto, no comas de aquello”; normas establecidas. El cuerpo no tiene normas fijas.
            Se ha descubierto que si a los niños pequeños los dejan libres en asuntos de comida, sólo comerán lo que su cuerpo necesite; es algo sorprendente. En nuestros días tenemos muchos descubrimientos que realiza la psicología; algunos de ellos son sorprendentes. Si un niño sufre de una determinada enfermedad, y si la manzana es beneficiosa para dicha enfermedad, el niño elegirá la manzana. Le han presentado toda una variedad de alimentos, pero él elegirá la manzana. Eso es lo que hacen los animales; sólo el hombre ha olvidado el lenguaje.
            No es posible engañar a un burro: comerá sólo su comida. El hombre está desorientado. Por todas partes, a través de anuncios, fotografía a todo color, televisión, cine, se te distrae y se te aleja de la llamada de tu cuerpo. A cierta empresa le interesa venderte algo. Supone un interés para la compañía, el beneficio es para dicha empresa, no para ti.
            La compañía Coca Cola está interesada en venderte su bebida. Tu cuerpo no la necesita; no es nada más que un reclamo. Vayas donde vayas, hay Coca Cola; al parecer es una de las cosas más universales; llega a los sitios más recónditos. Desde cualquier lugar la botella te está llamando, en tono de reclamo: “Ven aquí”. Entonces te da sed. Una sed falsa. No te digo que no bebas Coca Cola, pero deja que te lo pida el cuerpo, para un momento determinado.
Te llevará algunos días, incluso semanas, llegar a saber lo que te apetece. Come todo lo que quieras de lo que te guste. No te preocupes de lo que digan los demás. Si te apetece un helado, pues come el helado. Come para tu satisfacción, para el deseo del corazón, así llegarás a estar lleno. Al estar satisfecho, desaparece el deseo de comer por comer. Es la sensación de estar insatisfecho lo que te hace hartarte de comida sin ningún propósito. Te sientes lleno, pero aun así insatisfecho. De ahí viene el problema.
Lo primero que tienes que hacer es aprender lo que es natural y espontáneo, porque lo hemos olvidado; pero está en la naturaleza del cuerpo. Cuando vayas a desayunar, cierra los ojos y observa lo que quieres; lo que realmente te apetece. No pienses en lo que tienes; solamente en lo que deseas. Vete entonces a buscar lo que sea que hayas elegido y cómelo. Come todo lo que quieras. Durante unos días mantente a dieta de eso. Poco a poco verás que así ningún alimento te incita.
La segunda cosa: cuando comas, mastica bien. No tragues de prisa, porque si comer es un acto oral, debes disfrutarlo en la boca. ¿Por qué no masticar tranquilo? Si comes diez bocados de algo puedes disfrutar cada bocado más masticándolo diez veces. Será casi como dar diez bocados si tu disfrute está sólo en el gusto.
Cuando comas, mastica más, porque el goce está más arriba de la garganta. Por debajo no hay gusto –nada en absoluto- ¿entonces por qué correr tanto? Mastica más, saborea más. Y para hacer más intenso el sabor, haz todo lo que hay que hacer. Cuando vayas a comer algo, huélelo primero. Disfruta su olor porque la mitad del gusto está en el olor.
Tómate tiempo, conviértelo en una meditación. Incluso si la gente piensa que te has vuelto loco, no te preocupes. Observa la comida desde todos los ángulos. Tócala con los ojos cerrados, tócala con las mejillas. Siéntela de todas las maneras; huélela una y otra vez. Entonces toma un bocado pequeño y mastícalo, disfrútalo; que sea como una meditación. Una pequeña cantidad de comida será suficiente y te dará más satisfacción.

 

Hipocondría

Pregunta:

“Me preocupo constantemente por mi cuerpo, de que pueda enfermarse. ¿Puede darme algún consejo sobre esto?”.

Si piensas demasiado en el cuerpo, éste se pone enfermo, y cuando se pone enfermo, entonces piensa en él más todavía. Entras en un círculo vicioso. Hasta una persona sana, una persona absolutamente sana, si se pone a pensar en su estómago –cómo va a digerir esto y aquello y qué es lo que va a pasar- en veinticuatro horas se va a sentir mal del estómago. Una vez que lo esté, se pondrá a pensar en él aun más. Al cuerpo no le pasa nada en especial. Lo que sucede es que una cierta idea echó raíz. La medicina no puede ayudar porque la medicina no puede curar la idea. Así que vas de médico en médico, de una “patía” a otra y no servirá gran cosa. Incluso más bien te trastornarán porque sus medicamentos no pueden curar la idea. Y tendrán efectos secundarios; son muy nocivos.
Cuanto más fracases con los médicos, más preocupado llegarás a estar por el cuerpo. Surge entonces la obsesión por él. Llegas a una susceptibilidad especial. Con un ligero cambio, una pequeña molestia, un leve dolor, ya te entra el pánico. Tal pánico hace que el cuerpo se indisponga cada vez más.
Lo primero que te aconsejo es que no te obsesiones con semejante cosa. Olvídate y vive.
Te contaré una historia… A un hombre le aseguró su médico que no viviría más de seis meses. El hombre llevaba ya más de veinte años enfermo y con una infinidad de achaques. Todo lo que puede padecer un ser humano lo padecía él. Los médicos estaban hartos; pero el hombre era muy rico. Era un hipocondríaco, y los médicos, ya completamente aburridos, le advirtieron: “No podemos hacer nada por usted. Lo único que puede hacer es aprovechar los seis meses de vida que le quedan”. El hombre pensó: “Si me quedan seis meses de vida, ¿para qué voy a preocuparme por el cuerpo? Me da lo mismo”. Entonces por primera vez, cambió radicalmente de actitud. Se encargó los mejores trajes, compró los mejores autos y planeó dar la vuelta al mundo. Viajó a todos los lugares que siempre quiso visitar pero que no había podido por culpa de las enfermedades. Viajó alrededor del mundo; comió todo lo que le dio la gana, hizo el amor con mujeres, se compró todo lo que le apetecido… ¡empezó a vivir! La muerte estaba cerca y ya no tenía sentido cuidarse tanto. Cuando regresó a los seis meses, estaba más sano que nunca. Vivió treinta años más y nunca volvió a tener ningún problema.
No te preocupes tanto. La naturopatía es buena, por ejemplo, porque no es una “patía”; es sólo un punto de apoyo. Pero no te obsesiones, porque harás que se convierta en una enfermedad. La naturopatía en sí misma no es una “patía”; sólo trata de dar descanso al cuerpo, ofrecerle una situación en que pueda estar en armonía con la naturaleza. Se trata de una hermandad con la naturaleza instintiva; está al margen de la medicina. Pero el problema con la naturopatía es que puede convertirse en manía. Entonces la manía es más peligrosa que la enfermedad. No es muy común… La naturopatía ayuda a mucha gente, pero puede llegar el caso de que una persona que se ha servido de ella enferme por la misma naturopatía. Puede ocurrir cuando se convierte en algo obsesivo. La persona se pone entonces a pensar qué comer, qué no comer, dónde ir, dónde no ir; lo ecológico llega a ser lo obligado.
Entonces la vida se complica de otro modo. No puedes respirar porque hay demasiada contaminación en el aire. No puedes comer en un hotel porque la comida no está preparada de una manera natural. No puedes comer tal o cual cosa porque sólo te gustan los alimentos naturales. No puedes vivir en una ciudad. Así no haces sino complicarte la vida.
Recuerda siempre, la naturopatía es sólo un punto de apoyo. De acuerdo: de vez en cuando, incluso sin ningún motivo, uno debería visitar una clínica de naturopatía y descansar durante dos, tres semanas, un mes, dos meses, tanto como uno se pueda permitir, cada año, y sin una razón especial, por disfrutar de la naturaleza, las comidas sanas y los baños, los saunas y los masajes. Por ninguna razón en especial, sólo por el placer de hacerlo, la entrañable alegría de hacerlo.
Pero olvida la idea de que estás enfermo. Piensa en el rey que habita en tu interior, tu cuerpo es solamente su palacio.

5

EL PODER CURATIVO
DE LA MEDITACIÓN

La palabra “meditación” y la palabra “medicina” proceden de la misma raíz. La medicina quiere decir que cura lo físico y la meditación, que cura lo espiritual. Ambas son fuerzas curativas.
Otra cosa interesante en inglés, la palabra “curar” (healing) y la palabra “entero” (whole) también proceden de la misma raíz. Estar curado significa estar entero, que no te falta nada. Otra connotación de la palabra –el término “bendito” (holy)- también viene de la misma raíz. Curar, entero y bendito no se diferencian en su raíz.
La meditación cura, te hace estar entero; y estar entero es estar bendito. La santidad no tiene nada que ver con pertenecer a ninguna religión, a ninguna iglesia. Significa simplemente que dentro de ti estás entero, completo; no falta nada, estás pleno. Eres lo que la existencia quiere que seas. Has cumplido tu potencial.

Las Meditaciones Activas de Osho

Pregunta:

“Al comienzo, tus técnicas de meditación tienden a poner tensos los músculos, ocasionando dolor. ¿Se puede evitar la molestia?”.

¡Sigue practicando! Ya superarás las molestias por razones obvias. Hay dos: primero, es un ejercicio vigoroso y tu cuerpo debe acostumbrarse. Por lo tanto, durante tres o cuatro días tendrás dolores en todo el cuerpo. Con cada nuevo ejercicio sentirás dolores. Pero después de cuatro días se te pasarán y te sentirás más fuerte que nunca.
Pero esto no es lo importante. Lo importante va más allá, lo importante es que los psicólogos modernos han llegado a descubrir. Que tu cuerpo no es simplemente físico. En él, en tus músculos, en la estructura de tu cuerpo, han entrado muchas otras cosas a través de las represiones. Si reprimes la ira, su veneno penetra en tu cuerpo. Se mete en los músculos, se mete en tu sangre. Cualquier cosa que reprimas no se trata sólo de algo mental, es algo físico también; porque en realidad no estás dividido. No eres cuerpo y mente; eres cuerpo-mente: psicosomático. Tienes todo unido. Por lo que todo lo que hagas con tu cuerpo alcanza a la mente y todo lo que hagas con la mente alcanza al cuerpo, ya que cuerpo y mente son dos extremos de la misma entidad.
Por ejemplo, si te pones furioso, ¿qué le ocurre a tu cuerpo? Siempre que te ocurre, una serie de venenos se descargan en tu sangre. Sin dichos venenos no llegarás a estar lo bastante enfadado como para estar furioso. Tienes determinadas glándulas en el cuerpo, y dichas glándulas emiten determinados elementos químicos. Esto es algo científico, no es tan sólo un argumento filosófico. Tu sangre queda emponzoñada.
Por eso, cuando estás furioso, puedes hacer cosas que no puedes hacer normalmente. Puedes empujar una enorme piedra: normalmente no podrías. Tras hacerlo no puedes creer que hayas sido capaz de empujar una piedra semejante, o arrojarla o levantarla. Cuando vuelves a estar en tu estado normal, no eres capaz de levantarla porque ya no eres el mismo. Determinados elementos químicos estaban circulando por el cuerpo. Te encontrabas en una situación de emergencia; tu energía completa entró en actividad.
Pero cuando un animal se pone furioso, se enfurece de verdad. No tiene reparos morales, no le han enseñado cómo comportarse. Se pone furioso sin más, suelta su ira. Cando tú te pones furioso, lo haces de una manera parecida a la de cualquier animal. Pero entonces la sociedad interfiere, la moralidad, la etiqueta y una infinidad de cosas. Tienes que bajar el tono de tu ira. Tienes que aparentar que no estás furioso; tienes que sonreír: ¡una sonrisa falsa! Tienes que simular una sonrisa y bajar el grado de tu enfado. ¿Qué le está pasando al cuerpo? Que estaba listo para pelear; para pelear o huir, para escapar del peligro, para encararlo o escapar de él. El cuerpo estaba listo para reaccionar: la ira es una disponibilidad para la acción. El cuerpo se disponía a ser violento, agresivo.
Si pudieras ser violento y agresivo se podría descargar la energía. Pero no llegas a serlo; no es conveniente y por eso la reprimes. ¿Entonces qué les pasará a todos esos músculos que estaban listos para la agresividad? Se quedarán paralizaos. La energía los empuja a que sean agresivos, pero tú los detienes para que no lo sean. Surgirá un desacuerdo. En tus músculos, en tu sangre, en las fibras de tu cuerpo, habrá una reacción. Están dispuesto a expresar algo y tú los estás convenciendo de que no lo hagan. Los estás reprimiendo. Entonces tu cuerpo se paraliza.
Esto sucede con cada sentimiento. Ocurre durante años, día tras día. Luego tu cuerpo se queda todo paralizado. Todos los nervios se quedan paralizados. No están fluyendo, no están vivos. Se han quedado inertes, emponzoñados. De algún modo quedan confundidos. No se encuentran en un estado natural.
Observa a cualquier animal y mira la gracia de su cuerpo. ¿Qué le ocurre al cuerpo humano? ¿Por qué no resulta tan grácil? ¿Qué le ha pasado? Pues que tú le has hecho algo: lo has confundido, y se ha perdido la espontaneidad natural de su flujo. Está anquilosado. En cada parte de tu cuerpo se aloja un veneno. En cada músculo de él existe ira reprimida, sexualidad reprimida, codicia reprimida; todo: celos reprimidos, odio. Todo se encuentra escondido. Tu cuerpo está realmente enfermo.
Una vez que empieces a meditar, se liberarán todos estos venenos. La parte del cuerpo que haya quedado endurecida tendrá que derretirse, se volverá de nuevo líquida. Supone un gran esfuerzo. Tras cuarenta años viviendo de manera errónea, de repente ocurre que con la meditación todo el cuerpo recibe una sacudida. Te sentirás dolorido en todas partes; es algo benéfico y debes darle la bienvenida. Permite que el cuerpo fluya de nuevo. Se sentirá grácil e infantil de nuevo, recuperará su vitalidad. Pero antes de que ésta llegue, las partes inertes deben enderezarse, y puede resultar un poco doloroso.
Los psicólogos dicen que hemos creado una armadura alrededor de nuestro cuerpo; la armadura es el problema. Si se te permitiera una expresión total cuando sientes ira, ¿qué harías? Cuando sientes ira, empiezas a apretar los dientes; quieres hacer algo con las uñas y con las manos, porque es lo que te dicta tu instinto animal. Quieres hacer algo con las manos, destrozar algo.
Si no haces nada, los dedos se te quedarán paralizados; perderán su movilidad, su belleza. No serán unos miembros vivos. Quedarán emponzoñados. Cuando le das la mano a alguien, no hay realmente contacto, falta vida, porque tus manos están muertas.
Puedes verificar lo que digo. Toca la mano de un niño pequeño; verás una diferencia sutil. Cuando el niño te toma de la mano de verdad… si no está dispuesto a entregarse, retirará la mano. No te ofrecerá la mano muerta, preferirá retirarla. Pero si quiere darte la mano, sentirás entonces como si su mano se fundiera en la tuya. La calidez, la corriente; es como si el niño se volcara en esa mano. Con su tacto expresa todo el amor que es posible expresar.
Pero al mismo niño, una vez adulto, estrechará la mano como si manejara un instrumento inerte. No se involucrará en ella, no fluirá a través de ella. Ocurre así porque hay bloqueos. Se ha inmovilizado la ira… de veras. Para que tu mano vuelva a estar viva para expresar amor, tendrá que sufrir un poco, tendrá que pasar por una fuerte expresión de ira. Si la ira no se expresa, ésta se queda inmovilizada y el amor no puede salir a través de ella.
Todo tu cuerpo está bloqueado, no sólo tus manos. Puedes abrazar a alguien, puedes acercar a alguien a tu pecho, pero eso no es sinónimo de que lo acerques a tu corazón. Son dos cosas diferentes. Puedes acercar a alguien a tu pecho: es un fenómeno físico. Si tienes una armadura alrededor de tu corazón, los sentimientos inmovilizados, entonces permaneces más distante que nunca; no es posible ninguna intimidad. Pero si de veras abrazas a una persona y no hay armadura, ningún muro entre la persona y tú, entonces tu corazón se fundirá en el otro. Surgirá el encuentro, la comunicación.
Tu cuerpo debe expulsar una serie de venenos. Estás lleno de toxinas, y sufrirás por ello; venenos han llegado a anidar en ti. Trato de promover un cambio total. Esta meditación está pensada para crear un caos dentro de ti de modo que puedas reordenar de nuevo todo; de este modo será posible un nuevo orden. Debes destruirte tal como estás, sólo así puede nacer el nuevo ser. Tal cual eres, estás mal encaminado. Tienes que destruirte y sólo entonces podrá crearse algo nuevo. Habrá dolor, pero valdrá la pena.
Continúa haciendo la meditación y que el cuerpo aguante un poco d dolor. No dejes que el cuerpo se resista; deja que se entregue al sufrimiento. Este sufrimiento viene del pasado pero pasará. Si aguantas, pasará. Cuando ocurra, entonces tendrás por primera vez un cuerpo. Ahora mismo estás encarcelado como en una cápsula, como muerto. Estás encerrado, no cuentas con un cuerpo ágil, vivo. Incluso los animales disponen de un cuerpo más hermoso y más vivo que el tuyo.
Por cierto, así es como hemos llegado a obsesionarnos tanto con la ropa; a causa de que el cuerpo no es digno de enseñarse. ¡Lo obsesionados que hemos llegado a estar con la ropa! Siempre que te mires desnudo te darás cuenta de qué has hecho con tu cuerpo. La ropa oculta el cuerpo a tus ojos.
Esta enfermedad es un círculo vicioso, porque si no cuentas con un cuerpo vital tratas de ocultarlo, y cuando lo haces, cada vez queda más inerte; de esta manera no hay necesidad de preocuparse por mantenerlo vivo.
Nos hemos vestido por tantos siglos, que hemos perdido contacto con nuestro propio cuerpo. Si te cortan la cabeza y te encuentras con tu propio cuerpo sin ella, estoy seguro de que no serías capaz de reconocer que ése era tu cuerpo; ¿o serías capaz? No lo creo, ya que nunca has entablado amistad con él. No le tienes ningún aprecio; vives simplemente en él, sin cuidarlo para nada.
Le hemos inflingido a nuestro cuerpo demasiada violencia. Así, en la meditación caótica tengo la intención de que tu cuerpo se sienta vivo de nuevo. Se anularán muchas partes bloqueadas; muchas cosas que estaban dispuestas de una manera se dispondrán de otra; muchos sistemas del organismo tendrán nueva fluidez. Sentirás dolor, pero acéptalo. Es beneficioso, y lo superarás. ¡Continúa! No hay necesidad de pensar en lo que hay que hacer. Simplemente continúa con la meditación. He visto a miles y miles de personas pasar por el mismo proceso. A los pocos días el dolor desaparece. Cuando ocurra, un delicado placer correrá por todo tu cuerpo.
Ahora no puedes sentirlo a causa del dolor. Puede que lo sepas o no, pero el dolor atraviesa todo tu cuerpo. Lo que pasa es que no eres del todo consciente, ya que siempre lo has llevado contigo. Uno tiende a dejar de notar lo que siempre está presente. Lo notarás a través de la meditación, y entonces la mente dirá: “No hagas esto; te va a doler todo el cuerpo”. No le hagas caso a la mente. Continúa haciéndolo.
Al cabo de cierto tiempo, el dolor desaparecerá. Cuando esto ocurra, cuando el cuerpo vuelva a ser de nuevo receptivo y no tenga obstáculos, ningún veneno, te verás rodeado siempre de una halagüeña sensación de felicidad. En todo lo que hagas y en lo que no hagas, una sutil vibración de gozo te rodeará por todo tu cuerpo.
En realidad, el gozo quiere decir que tu cuerpo se encuentra inmerso en una sinfonía, nada más; que tu cuerpo se encuentra en un ritmo musical, sólo eso. El gozo no es u placer, el placer debe derivarse de otra cosa. El gozo proviene de ser tú mismo; vital, con los sentidos despiertos. Una sensación como de una suave música que rodea tu cuerpo y penetra en él, toda una sinfonía; eso es gozo. Es posible cuando tu cuerpo fluye, como un río.
Llegarás a conseguirlo, pero tendrás que pasar por un cierto sufrimiento, por cierto dolor. Eso entra dentro de lo previsto porque tú lo has creado. Pero se disipa. Si no te detienes hacia la mitad, se va. Si lo haces, volverás entonces a estar como antes. En el curso de cuatro o cinco días volverás a sentirte normal; como antes. Pero sé consciente de esa normalidad.

Estado De Abandono

Estar en un estado de abandono es difícil, porque siempre se ha tachado de pereza. Es algo que va en contra de los fanáticos del trabajo. Abandonarse significa empezar a vivir de una manera más sensata. Ya no estás obsesionado por el dinero, no estás trabajando continuamente; sólo lo haces para cubrir tus necesidades materiales. ¡Pero también hay necesidades espirituales! El trabajo es una necesidad para las materiales. El abandono es necesario para las espirituales. Pero la mayor parte de la humanidad ha sido alejada completamente de cualquier tipo de crecimiento espiritual.
Abandonarse abre uno de los espacios más bellos. Simplemente existes, no haces nada, te sientas en silencio y ves crecer la hierba. Disfrutas con sencillez el canto de los pájaros, del verdor de los árboles, los colores multidimensionales y psicodélicos de las flores. Tú no tienes que hacer nada para experimentar la existencia; todo lo contrario. Debes estar en un estado de absoluta despreocupación, sin tensiones, ni problemas.
En semejante estado de tranquilidad sintonizas la sintonía absoluta de despreocupación, sin tensiones, ni problemas.
En semejante estado de tranquilidad sintonizas la sintonía que te rodea. De pronto eres consciente de la belleza del sol. Hay millones de personas que nunca han disfrutado de un atardecer, ni de un amanecer. No se lo pueden permitir. Están continuamente trabajando y produciendo; no para ellos mismos, sino para las taimadas instituciones establecidas: aquéllos que ostentan el poder, aquéllos que son capaces de manipular a los seres humanos.
Sin duda te inculcan que el trabajo es algo estupendo; les conviene. La dependencia ha llegado a ser tan fuerte que incluso no sabes por qué no puedes relajarte.
Hasta en los días de fiesta, la gente no deja de hacer cosas. No puede disfrutar de un día libre descansando en la playa, disfrutando del mar y de la brisa fresca. No, hará cualquier tontería. Si no tiene nada que hacer se pondrá a arreglar la nevera –que estaba funcionando perfectamente bien- o desbaratará el viejo reloj del abuelo, que llevaba siglos funcionando; se pone a intentar mejorar todo. Pero el caso es que es incapaz de sentarse en silencio; ése es el problema. Tiene que hacer algo, ir a algún lugar.
Cada día festivo la gente se marcha a los spas, a las playas, pero no para descansar –no tiene tiempo para hacerlo-, sino porque millones de personas van también. Los festivos son los mejores días para permanecer en casa porque todo el mundo está en los lugares de ocio. Odiosas caravanas en las carreteras… para llegar a la playa y encontrarla atestada de gente; no hay manera de encontrar un espacio en la arena. He visto fotos de playas. Hasta el mar se debe estar riendo de la tontería de esa gente.
Se recostará sobre la arena unos minutos, después querrá tomar helado y beber Coca-Cola. Se han llevado su televisor portátil o está escuchando su radio. Al final, la misma operación, el mismo sufrimiento en la caravana de regreso a casa.
En los días festivos ocurren en el mundo más accidentes que cualquier otro día: se mata más gente, hay más accidentes de tráfico. ¡Qué raro! Y durante cinco días de la semana –los días laborales- la gente espera con ansia el día de fiesta. Y durante los días que son el fin de semana, lo que de verdad está esperando es que oficina o su fábrica vuelva a abrir sus puertas.
La gente ha olvidado completamente el lenguaje de la relajación. Le han hecho olvidarlo.
Todo niño nace con aptitud innata; no tiene que enseñarle al niño cómo relajarse. Fíjate bien en el niño: está relajado, se ha abandonado. Pero tú no lo vas a dejar disfrutar de este estado paradisíaco. Te pondrás a educarlo. Todo niño es primitivo, sin educar. Los padres, los maestros y todo el mundo se empeña en educarlos de modo que formen parte de la sociedad. A nadie le importa que la sociedad esté totalmente desquiciada. Lo bueno sería que el niño se quedara como está, que no se le iniciara para formar parte de la sociedad y de su supuesta civilización.
Pero el caso es que, con las mejores intenciones, los padres no pueden dejar en paz al niño. Le tienen que enseñar a trabajar, a ser productivo, a ser competitivo. Tienen que enseñarle: “Si no llegas a la cima nos vas a decepcionar”. Así, todo el mundo se apresura para llegar a la cima. ¿Cómo puedes relajarte?
Conozco una bonita anécdota de cuando se pusieron por primera vez las vías del tren en la India. El ingeniero británico que estaba supervisando los trabajos en curso estaba asombrado de ver que cada día un joven indio, un aldeano, llegaba y se tumbaba a la sombra de un gran árbol a ver trabajar a los obreros y a oír las órdenes que recibían del ingeniero. Estaba intrigado: quién será este tipo tan raro que viene todos los días. Trae su almuerzo, se lo come, hace siesta y duerme toda la tarde a la sombra de un árbol.
Al final, el ingeniero no pudo resistir la tentación y le preguntó al lugareño: “¿Por qué no te pones a trabajar? Ya que vienes todos los días, desperdicias tu tiempo ahí mirando”.
“¿Para qué voy a trabajar?”, respondió el aldeano.
“¡Para ganar dinero!”, explicó el ingeniero.
Preguntó entonces el aldeano: “¿Pero qué voy a hacer con el dinero?”.
El ingeniero replicó: “Tonto, ¿no sabes lo que puedes hacer con el dinero? Cuando lo tienes, puedes relajarte y disfrutar”.
El pobre aldeano respondió: “¡Qué raro, el caso es que ya estoy relajado y disfrutando! Vaya un rodeo tan grande que hay que dar: trabajar duro, ganar dinero, para conseguir disfrutar y estar relajado. ¡Pero es que yo ya tengo eso!”.
Los niños nacen con la aptitud innata y natural de abandonarse. Están completamente relajados. Por eso son tan bellos. ¿No te lo has planteado nunca? Todos los niños, sin excepción, poseen una gracia inmensa, gran elegancia y belleza. Pero estos niños van a crecer, entonces toda esta belleza y esta gracia tenderá a desaparecer.
Es muy difícil encontrar adultos tan gráciles; con la misma belleza, con la misma elegancia. Si puedes encontrar a un hombre de inocencia y tranquilidad, habrás hallado a un sabio.
Así es como en Oriente reconocemos al sabio: es aquél que ha recuperado su niñez. Tras experimentar todas las vicisitudes de la vida, finalmente decide, gracias a la experiencia –la decisión llega espontáneamente-, que lo que fue en su infancia debe serlo de nuevo antes de morir.
Yo te enseño a abandonarte, porque ésa es la única cosa que puede hacerte sabio. Ninguna iglesia servirá, ninguna tecnología ni religión, porque ninguna de ellas te enseña a abandonarte. Todas insisten en el trabajo, en la dignidad del trabajo. Utilizan hermosas palabras para esclavizarte y explotarte. Conspiración con los parásitos de la sociedad.
No estoy en contra del trabajo; tiene su propia utilidad; pero sólo utilidad. No puede convertirse en el fundamento de tu vida. Que te alimentes es una necesidad absoluta, así como vestirte, tener un techo. Trabaja, pero no te conviertas en un adicto a ello. No es una función para la que haga falta mucha sabiduría; es un arte simple. Lo es porque ya lo conocías cuando naciste; existe ya en ti, lo único que hay que hacer es despertarlo. Hay que reavivarlo.
Todos los métodos de meditación no son sino procedimientos para ayudarte a recordar el arte del abandono. Digo recordar porque tú ya lo sabías. Lo sabes aún, pero tal conocimiento ha sido reprimido por la sociedad.
Hay que recordar algunos principios básicos: El cuerpo debería ser el principio. Acostado en la cama –todos los días te acuestas en la cama, por lo que no hay que hacer nada especial- antes de que llegue el sueño, observa cómo fluye tu energía desde los pies. Parte de ahí; observa el interior: ¿Hay tensión en algún sitio? ¿En las piernas, en los muslos, en el estómago? ¿Existe tirantez, tensión? Si encuentras tensión en alguna parte, trata simplemente de relajarla. No te muevas de esa zona hasta que sientas llegar la relajación.
Pasa por las manos –porque tus manos son tu mente, están conectadas con ella-. Si tu mano derecha está tensa, lo estará el lado izquierdo de tu cerebro* Primero  pasa por las manos –son como las ramas de tu cerebro- y, al final, llega a la mente.
Cuando todo el cuerpo está relajado, ya lo está la mente al noventa por ciento, porque el cuerpo no es sino extensión de la mente. Entonces el diez por ciento de tensión que está en la mente… obsérvala despacio, pasará de una manera tan sencilla como pasan las nubes. Te supondrá unos cuantos días; exige cierta destreza. Una vez que llegues a encontrarte relajado, revivirás una experiencia de la infancia.
¿No te has fijado nunca? Los niños se caen todo el tiempo, pero no se hacen daño, no se rompen nada. Inténtalo tú; siempre que se caiga un niño, cáete tú también. Un psicoanalista estaba haciendo un experimento. Anunció a la prensa: “Pagaré una buena cantidad de dinero a quien esté dispuesto a venir a mi casa e ir detrás de mi hijo todo el día. Todo lo que haga el niño deberá hacerlo esta persona”.
Un joven atleta se presentó en la casa: “Aquí me tiene; ¿dónde está el niño?”. Hacia la mitad de la jornada, el atleta estaba agotado. Ya tenía dos fracturas, porque todo lo que hacía el niño lo tenía que hacer él. Para el niño todo esto suponía un reto: ¡Adelante! Se ponía a saltar innecesariamente, y el atleta debía hacer lo mismo; se subía a un árbol, el atleta debía trepar; el niño saltaba del árbol, el joven tenía que hacer lo mismo. Y así continuamente. El niño se olvidó completamente de comer, se olvidó de todo, estaba muy entretenido con los apuros del atleta.
Al llegar la tarde, el atleta se dio por vencido. Le dijo al psicoanalista: “Quédese con el dinero. Ese hijo suyo habrá acabado conmigo al final del día. Estoy listo para el hospital. Ese niño es un peligro. No vuelva a hacer este experimento con nadie”.
            Los niños tienen una energía tremenda; aún no les ha llegado la tensión. ¿Has observado a un niño durmiendo? ¿has observado a un niño chupándose el pulgar, disfrutando, soñando hermosos sueños? Todo su cuerpo es un absoluto dejarse ir.
Así ocurre –es un hecho reconocido- cada día, en todas partes del mundo: los borrachos se caen pero no se rompen nada. Por la mañana se les encuentra en el andén y se les lleva a casa. Pero se siguen cayendo. Los borrachos no se harán daño, porque no saben que  se  están  cayendo,  no  se  ponen  tensos.   Es la tensión la que

 

* Si tu mano izquierda está tensa, lo estará el lado derecho de tu cerebro.

Provoca que te rompas algo. Si te caes de una manera relajada no te harás daño. Los borrachos lo saben, los niños lo saben; ¿cómo es que tú lo has olvidado?
            Empieza desde la cama, todas las noches; lo harás con facilidad al cabo de unos cuantos días. Una vez que hayas descubierto el secreto –nadie te lo puede enseñar, tendrás que indagar en el interior de tu propio cuerpo-, incluso durante el día, a cualquier hora, podrás llegar a relajarte. Y ser maestro de la relajación es una de las experiencias más hermosas que existen en el mundo. Es el principio de un gran viaje hacia la espiritualidad, porque cuando te hallas en un estado de abandono total, ya no eres un cuerpo.
¿Te has dado cuenta alguna vez de un curioso detalle: que sólo eres consciente de tu cuerpo cuando existe alguna tensión, alguna tirantez, algún dolor? ¿Has sido consciente alguna vez de tu cabeza sin tener dolor de cabeza?
Si todo tu cuerpo está relajado, simplemente te olvidas de que lo tienes. Al olvidarte del cuerpo surge el recuerdo de un nuevo fenómeno que está oculto dentro de él: tu ser espiritual.
Abandonarte es la manera de saber que eres más que cuerpo, que eres algo eterno, inmortal. No hay necesidad de ninguna otra religión en el mundo. El simple hecho de abandonarse hará de todo ser humano una persona religiosa. La religión no es creer en Dios, la religión no es creer en el papa, ni es creer en ninguna doctrina.
La religión es saber lo que hay de eterno en tu interior: lo que hay de verdadero en tu existencia, lo que hay en ti de divino, todo lo que tienes de belleza, de gracia, de esplendor.
El arte de abandonarse es sinónimo de la experiencia de lo inmaterial, de lo inconmensurable; de tu ser auténtico.
Hay algunos instantes cuando, sin darte cuenta de ello, te abandonas. Por ejemplo, cuando te ríes con ganas –una carcajada salida de la barriga, no sólo de la cabeza, sino de la barriga-, sin saberlo, estás relajado, te abandonas. Por eso la risa es tan saludable. No existe otra medicina que pueda ayudarte más a obtener bienestar.
Pero la risa ha sido interceptada por los mismos conspiradores que han evitado que quisieras abandonarte. La humanidad ha llegado a convertirse en una confusión adusta y psicológicamente enferma.
¿Te has fijado en la risa de un niño pequeño? Todo su cuerpo vibra con ella. Cuando lo haces tú, es raro que lo hagas con todo el cuerpo; todo queda reducido a un gesto mental, intelectual.
Mi opinión es que la risa es mucho más importante que cualquier oración, porque ésta no va a relajarte. Todo lo contrario, te pondrá más tenso. Cuando ríes, de pronto te olvidas de todos tus condicionamientos, toda tu formación, toda tu seriedad. Te encuentras de repente fuera de todo ello, sólo por un momento. La próxima vez que rías, fíjate en lo relajado que estás. Busca otras ocasiones para estarlo.
Tras hacer el amor, estás relajado… aunque el mismo grupo de conspiradores no te permiten estarlo tanto, incluso después de un acto así. El hombre lo que hace es darse la vuelta del otro lado y hacerse el dormido, pero, en el fondo se siente culpable de haber pecado de nuevo. La mujer llora porque cree que ha sido utilizada. Es natural que se sienta así, porque no ha obtenido del amor verdadero sustento. No llega nunca a tener un verdadero orgasmo. Hace cincuenta años, no había en el mundo entero ni una mujer que hubiera experimentado un orgasmo. En la India es extremadamente difícil encontrar a una que sepa lo que es eso.
No puede haber mayor conspiración contra la humanidad. El hombre quiere acabar cuanto antes. Lleva todo el lastre de la Biblia, el Corán, el Shrimad Bhagavadgita, y todos ellos van en contra de su conducta. También él está convencido de que está haciendo algo malo. Por ende, mientras más pronto acabe, mejor. Después se sentirá enormemente mal. ¿Cómo va a relajarse? Se pone más tenso. A causa de su rapidez, la mujer nunca alcanza la cúspide. Cuando empieza a ascender, él ya ha terminado. En consecuencia, a la mujer le da la sensación de que el hombre no es mucho más que un animal.
En las iglesias, en los templos, sólo encontrarás mujeres, viejas especialmente. Cuando el cura habla del pecado, ¡ellas saben de qué hablan! Sin lugar a dudas era pecado, porque ellas no tuvieron ningún placer en ello; se las trató como mercancía, simples objetos sexuales. De lo contrario, si estás libre de culpa, libre de toda inhibición, el amor te aportará una extraordinaria experiencia para abandonarte.
Por lo tanto, tienes que mirar dentro de tu ser para encontrar alguna experiencia natural del abandono. Existen momentos en que nadas. Si eres un buen nadador, lograrás simplemente flotar, sin hacer nada; ahí encontrarás una manera extraordinaria de abandonarte: vas con el río, no intentas ningún movimiento contra la corriente, formas parte de ella.
Por medio de diferentes fuentes, tienes que adquirir experiencias para el abandono; al cabo de cierto tiempo tendrás el secreto en tus manos. Es una de las cosas más fundamentales. Te liberará de la dependencia del trabajo.
No quiere decir que te vuelvas un vago; todo lo contrario, cuanto más relajado estás, más fuerza puedes tener, acumulas más energía cuando lo estás. Tu trabajo comenzará a tener una cualidad creativa; no de producción. Lo que sea que hagas lo harás con total plenitud, con absoluto amor. Contarás con una extraordinaria energía para hacerlo.
Por lo tanto, abandonarse no riñe con el trabajo. De hecho, dejarse ir transforma el trabajo en una experiencia creativa.
Ríe un poco con unos cuantos chistes. Así se borrará toda la tensión de tu rostro, de tu cuerpo, de tu estómago, y de tu interior; la mayoría de la gente siente nudos constantes en el estómago.

Joe, el amigo de Paddy, estaba tomando clases nocturnas para adultos. “¿Quién es Ronald Reagan?”, le preguntó a Paddy.
“No lo sé”, le respondió.
“Es un ex presidente de los Estados Unidos –añadió Joe-. Ahora dime si sabes quién es Margaret Thatcher”.
“No”, replicó Paddy.
“Fue la primera ministra de la Gran Bretaña –explicó Joe-; lo que deberías es ir a la escuela nocturna, lo mismo que yo”.
“Ahora te voy a preguntar yo una cosa –apuntó Paddy-. ¿Sabes tú quién es Mick O’Sullivan?”.
“Pues no”, admitió Joe.
“Pues es el tipo que se está acostando con tu mujer mientras tú estás en la escuela nocturna”, concluyó Paddy.

Jesús y Moisés se van un domingo por la tarde a jugar al golf. Moisés lanza primero la bola y llega a caer en la línea de juego. Jesús se prepara y en su primer intento lanza la bola sobre una hierba alta.
“¡Dichoso Moisés!”, exclama Jesús. Moisés, muy deportivamente, le ofrece a Jesús la oportunidad de poner la bola en la línea de juego sin que suponga falta. Pero Jesús es necio y rechaza la oferta. Moisés le advierte entonces: “Vamos, Jesús, no puedes tirar desde una hierba alta”.
“Si Arnold Palmer puede –responde Jesús- yo también”. Jesús entonces toma impulso y golpea la bola, que va a parar a un estanque. Acto seguido, Moisés lanza un segundo golpe que da en el green y se vuelve para ver a Jesús. Éste se remanga el pantalón. “¡Por favor, Jesús! –advierte Moisés- te ruego que pongas la bola en la línea de juego. ¡Sería un milagro que te saliera bien ese golpe!”.
“Si Arnold Palmer puede hacerlo, también puedo yo”, insiste Jesús al tiempo que lanza la bola sobre el agua. Un jardinero que observaba la escena se acerca a Moisés y le dice: “¿Quién se cree ese tipo que es, Jesucristo?”.
“No –responde Moisés-. ¡Cree que es Arnold Palmer!”.

La Meditación Diaria

Siempre que tengas tiempo, durante unos cuantos minutos relaja las vías respiratorias, nada más; no hay necesidad de relajar todo el cuerpo. Sentado en un tren, en un avión, o en el auto, nadie se dará cuenta de lo que estás haciendo. No tienes más que relajar las vías respiratorias. Procede como cuando están funcionando naturalmente. Cierra entonces los ojos y observa cómo entra la respiración, cómo sale, cómo entra… No te concentres, porque sino no te saldrá bien, crearás un obstáculo.
La meditación no es concentración. Es tan sólo consciencia. Simplemente te relajas y observas la respiración. En esa observación no se excluye nada. Si es el ruido del motor del auto: no pasa nada, acéptalo. Si es ruido del tráfico: que no te importe, ya estás acostumbrado. El pasajero que está a tu lado está roncando: acéptalo. No hay que rechazar nada. No vas a delimitar tu consciencia.
La concentración delimita tu consciencia, ya que te hace dirigirte hacia un punto, pero todo lo demás compite con ese punto focal. Te pones a luchar contra todo lo que te encuentras, porque temer perder el punto hacia el que vas. Puede que te distraigas, y eso se convierte en un obstáculo. Entonces buscas la reclusión, subir al Himalaya. Necesitas irte a la India, tener una habitación en donde puedas sentarte en silencio, donde nadie te moleste para nada.
Pero no, no creo que sea lo adecuado; en el aislamiento no está la solución. Sin duda tiene su lado beneficioso –te sentirás más tranquilo, más calmado- pero son resultados transitorios. Por eso ua y otra vez crees que pierdes el ritmo. Al no contar con las condiciones que creías idóneas, lo pierdes. Una meditación en la que necesitas condiciones previas, en la cuales hay que satisfacer determinados requisitos, no es meditación en absoluto porque no serás capaz de hacerla cuando te estés muriendo. La muerte supondrá una distracción. Si la vida te distrae, figúrate en la muerte. No serás capaz de morir meditativamente, por lo que al final todo queda como algo inútil, sin sentido. Morirás tenso otra vez, ansioso, con sufrimiento, e inmediatamente crearás de la misma manera tu siguiente nacimiento.
Deja que la muerte dicte la norma. Todo lo que pueda hacer, incluso si te estás muriendo, es auténtico; puede hacerse en cualquier sitio; en cualquier sitio y sin ninguna condición como exigencia. Si te encuentras con las condiciones propicias, perfecto, aprovéchalas. Si no, no importa. Hasta en el lugar más concurrido es posible hacerla.
No hagas ningún intento por controlarla, porque todo control procede de la mente; la meditación no puede ser algo en lo que intervenga el control.
La mente no puede meditar. La meditación es algo más allá de la mente, o por debajo de ella, pero nunca dentro de ella. De modo que si la mente observa y controla, no es meditación; es concentración. Es un esfuerzo de la mente. Lleva al máximo las cualidades de la mente. Un científico se concentra, un soldado se concentra; un cazador, un investigador, un matemático, todos se concentran. Practican actividades de la mente.
Puedes elegir cualquier momento. No hay necesidad de fijar un horario. Usa los momentos que mejor te convengan. En el baño, cuando dispongas de diez minutos, siéntate bajo la ducha y medita. Por la mañana, por la tarde, cuando puedas, en pequeños intervalos –incluso durante cinco minutos-, medita; verás cómo llega a ser un alimento constante.
No hay necesidad de hacerlo veinticuatro horas. El gusto de un poco de meditación será suficiente. No hay necesidad de beberse el río entero. Una taza de té bastará. Hazlo de la manera más sencilla. Lo sencillo es lo ideal. Hazlo lo más natural posible. No fuerces nada; hazlo siempre que tengas tiempo. Que no se convierta en un hábito, porque todos los hábitos son algo de la mente, y una persona realmente auténtica no tiene hábitos.

Relajado Y Cómodo

Uno debe estar muy cómodo para relajarse. Ponte cómodo. Toma la postura que prefieras en la silla. Cierra los ojos y relaja el cuerpo. Desde la punta del pie hasta la cabeza, siente por dentro de dónde se halla la tensión. Si la sientes en la rodilla, relaja la rodilla. Tócala y dile: “Relájate por favor”. Al cabo de una semana, serás capaz de comunicarte con el cuerpo. Una vez que empieces a comunicarte con él, las cosas resultan muy fáciles.
Al cuerpo no hay necesidad de forzarlo, hay que persuadirlo. Uno no necesita luchar con él: es algo feo, violento, agresivo, y cualquier clase de enfrentamiento creará más y más tensión. No hay necesidad de plantear ninguna oposición; deja que la comodidad sea la regla. El cuerpo es hermoso regalo de Dios y luchar contra él es renegar del mismo Dios. Es un santuario… debemos venerarlo; es un templo. Existimos dentro de él y debemos cuidarlo al máximo; es nuestra responsabilidad.
Hazlo durante siete días… Parecerá un poco absurdo al principio porque no se nos ha enseñado nunca a hablar con nuestro cuerpo; pero a través de él suceden los milagros. Ya están sucediendo sin saberlo nosotros. Cuando te digo algo, mis manos lo siguen con un gesto. Te estoy hablando: es mi mente que te está comunicando algo. Pero mi cuerpo la sigue. El cuerpo está en compenetración con la mente.
Cuando quieres levantar la mano, no tienes que hacer nada; simplemente la levantas. Con la sola idea de que quieres levantarla, el cuerpo obedece; es un milagro. Lo cierto es que ni la biología ni la fisiología han sido capaces de explicar cómo ocurre. Porque una idea es una idea; quieres levantar la mano: una idea. ¿Cómo llega esta idea a transformarse en un mensaje físico a la mano? Y además no lleva tiempo en absoluto; una décima de segundo; algunas veces sucede sin intervalo de tiempo.
Por ejemplo, estoy hablando contigo y mi mano sigue colaborando; no hay intervalo de tiempo. Es como si el cuerpo corriera en paralelo con la mente. Es muy sensible. Uno debería aprender a hablarle; resolvería muchas cosas. Es lo primero que hay que hacer. Siéntate cómodamente, pon una luz tenue o indirecta, como quieras, pero que no deslumbre. Diles a todos que durante veinte minutos no te molesten, ninguna llamada telefónica, nada de nada… como si en esos veinte minutos el mundo desapareciera. Cierra las puertas, relájate en la silla con ropa holgada, que no te apriete por ningún sitio, y empieza a sentir dónde está la tensión. Encontrarás muchos puntos de tensión. Primero hay que relajar dichos puntos, porque si el cuerpo no está relajado, tampoco puede estarlo la mente. El cuerpo se convierte en el vehículo de la relajación.
Siempre que sientas tensión, toca tu cuerpo con profundo amor, con compasión. El cuerpo es tu criado, pero no tienes que pagarle nada; es simplemente un regalo. Pero tan complicado, tan extremadamente complejo que la ciencia todavía no ha sido capaz de crear nada parecido. Pero a nosotros nos da lo mismo; no amamos nuestro cuerpo. Al contrario; nos fastidia.
Los llamados santos les han enseñado tantas tonterías a la gente: que el cuerpo es su enemigo, que el cuerpo es su degradación, que el cuerpo la hunde, que el cuerpo es pecado; todo él es pecado. Si quieres cometer un pecado, el cuerpo ayuda, qué duda cabe. Pero la responsabilidad es tuya, no del cuerpo. Si quieres meditar, el cuerpo está dispuesto a ayudarte a eso también. No es culpable de nada. Toda la responsabilidad la tiene tu propia consciencia; pero siempre tratamos de encontrar chivos expiatorios. El cuerpo ha hecho durante mucho tiempo el papel de chivo expiatorio. Puedes decirle lo que sea, al cuerpo le da igual. No toma venganza, no puede responder, no puede decirte que estás equivocado. Pero digas lo que digas, no habrá reacción en contra por parte del cuerpo.
Haz un recorrido por todo el cuerpo, rodeándolo de todo el cariño posible, con profunda simpatía, con mimo. Esto llevará al menos cinco minutos, y te sentirás muy lazo, muy relajado, casi dormido. Orienta entonces tu percepción hacia la respiración: respira relajado.
El cuerpo es nuestra parte exterior, la consciencia, la interior y la respiración, el puente que los une. Por eso, una vez que ella desaparece, la persona muere; porque el puente se rompe; ahora ya el cuerpo no puede funcionar como tu casa, tu morada.
Cuando el cuerpo esté relajado, cierra los ojos y observa la respiración; relájala también. Ten una pequeña charla con ella: “Relájate por favor. Con naturalidad”. Verás que cuando digas: “Relájate por favor”, sentirás como un sutil chasquido. Por lo general, respirar se ha convertido en algo poco natural, hemos olvidado cómo relajar la respiración porque estamos permanentemente tensos y se ha convertido en algo habitual que a la respiración le pase lo mismo.
Dile dos o tres veces que se relaje y después quédate en silencio.

6
LA PUERTA HACIA
LA PERCEPCIÓN

Millones de personas viven según el espejo. Creen que lo que ven en él es su rostro. Creen que así es su nombre, que ésa es su identidad y ahí acaba todo.
Tendrás que adentrarte un poco más. Tendrás que cerrar los ojos. Tendrás que mirar en el interior. Tendrás que llegar a estar en silencio. A menos que llegues a un punto de silencio absoluto en tu interior, no llegarás nunca a saber quién eres. Yo no te lo puedo decir. No hay manera de decirlo. Todo el mundo debe descubrirlo.
Pero eres alguien; no hay duda de eso. La cuestión es: cómo alcanzar tu esencia más profunda, cómo encontrarte a ti mismo. Es lo que he estado enseñando todos estos años. Lo que llamo meditación no es otra cosa que un recurso para encontrarte a ti mismo.
No me preguntes. No preguntes a nadie. La respuesta la tienes dentro de ti mismo y para descubrirlo, debes adentrarte en lo más hondo de tu ser. Está tan cerca: tan sólo un giro de ciento ochenta grados y te encontrarás con ello.
Te sorprenderás al ver que no eres tu nombre, o tu rostro, o tu cuerpo, que ni siquiera eres tu mente.
Formas parte de la existencia, con toda su belleza, grandeza, beatitud, con su extraordinario éxtasis.
Conocerse a sí mismo encierra todo el significado de la percepción.

Centro Y Circunferencia

El cuerpo en sí mismo no es nada. Es algo luminoso a causa de algo que lo supera. La gloria del cuerpo no está en el mismo cuerpo   –éste es el anfitrión-; la gloria está en el invitado. Si olvidas al invitado, incurres en una total negligencia. Si lo tienes en cuenta, entonces amar al cuerpo, cuidarlo, hace parte de la veneración.
El culto que le rinden los norteamericanos al cuerpo es absurdo. La gente va en pos de la comida sana, los masajes, el Rolfing e infinidad de maneras para intentar darle un sentido a su vida. Pero mira en sus ojos; hallarás un enorme vacío. Te darás cuenta de su fracaso. No existe la fragancia, no se ha abierto la flor. En el fondo, tiene una especie de desierto, está perdida, no sabe qué hacer. No para de hacer cantidad de cosas para el cuerpo, pero no da en el blanco.
Te contaré un chiste:
Rosenfeld llegó a casa con una sonrisa en la cara. “No te puedes imaginar la ganga que he encontrado –le anunció a su esposa- ¡He comprado cuatro neumáticos fantásticos, como nuevos, que estaban en oferta!
“¿Estás loco? –exclama la esposa-. ¿Para qué has comprado tal cosa si ni siquiera tienes auto?”.
“¿Y qué? –le responde Ronsenfeld-. Tú te compras sostenes, ¿no?”.

Si no alcanzas a ver lo esencial, te dedicas entonces a adornar la periferia. Puedes engañar a los demás, pero a ti no te traerá satisfacción. Hasta puede que te engañes a ti mismo, porque incluso las propias mentiras repetidas demasiadas veces llegan a parecer verdad. Pero no peden satisfacerte, no pueden dejarte contento. Los norteamericanos intentan con ahínco disfrutar de la vida, pero no parece que lo hagan con mucha alegría. Recuerda: te equivocas si tratas de divertirte a toda costa. Cometerás un error si tratas de buscar la felicidad. Es absurdo esforzarse por alcanzarla, porque la felicidad está aquí: no puedes buscarla. No hay nada que hacer al respecto, tienes simplemente que aceptarla. Está pasando, te rodea por todos lados; dentro, fuera; sólo hay felicidad. No hay nada más real. Observa, mira el mundo a tu alrededor, los árboles, los pájaros, las piedras, los ríos, las estrellas, la luna y el sol, a la gente, los animales, míralos con atención: la materia de la existencia está hecha de felicidad, de gozo. Está hecha de beatitud. No hay que hacer nada al respecto. El mismo esfuerzo puede ser el obstáculo. Si te relajas, te satisfará; si te relajas, te llenará; te desbordará. Los norteamericanos están tensos. La tensión surge cuando vas tras algo, la relajación surge cuando aceptas ese algo.
El norteamericano va tras algo, lo busca con vehemencia, intenta conseguir algo de la vida, trata de exprimirla. Nada puede salir de ahí porque ése no es el modo. No puedes exprimir la vida; tienes que rendirte a ella. No puedes conquistar la vida. Debes contar con un gran valor para rendirte a ella. La derrota es aquí victoria; el esfuerzo por ser victorioso no va a probar otra cosa que tu fracaso final e irrevocable. La vida no puede conquistarse porque una parte no puede conquistar el todo. Es como si una pequeña gota de agua quisiera conquistar el océano. Sí, la pequeña gota puede caer en el océano y formar parte de él, pero no puede dominarlo. De hecho, caer en el océano, entrar dentro de él, es la manera de conquistar.
Segundo: la mente norteamericana es competitiva. No importa mucho que de verdad estimes tu cuerpo; el interés reside en competir con los demás. Haces las cosas porque los demás las hacen también. La mente norteamericana es la más superficial y ambiciosa que ha existido. Constituye la mente mundana elemental. Por eso los hombres de negocios se han convertido en lo más prominente de la realidad norteamericana. Todo lo demás ha quedado reducido a un segundo plano; el hombre de negocios, el que controla el dinero, es la máxima realidad. En la India, los brahmins eran la máxima realidad, eran los buscadores de Dios. En Europa los aristócratas eran la realidad suprema, cultivados, educados, despiertos, sensibles a todas las formas artísticas de la vida: la música, la pintura, la poesía, la escultura, la arquitectura, las danzas clásicas, las lenguas, el griego y el latín. El aristócrata, que había sido durante siglos representante de los más altos valores de la vida, era la suprema realidad en Europa. En la Unión Soviética, el proletariado, el oprimido, el desposeído, el obrero era la máxima realidad. En Norteamérica es el hombre de negocios, el que controla el dinero.
El del dinero es el ámbito más competitivo. No necesitas tener cultura, sólo necesitas dinero. No te hace falta saber nada de música, ni de poesía. No necesitas saber nada de literatura antigua, de historia, de religión, de filosofía; no, no te hace ninguna falta. Por tener una buena cuenta corriente, ya eres importante. Por eso digo que tienen la mente más superficial que ha existido. Esta mente lo ha convertido todo en comercio. Esta mente siempre está compitiendo. Incluso si adquieres un Van Gogh o un Picasso, no lo haces por Picasso. Lo compras porque el vecino se ha comprado uno. En su salón cuelga un Picasso. ¿Por qué no vas a tener tú uno si te lo puedes permitir? Tienes que comprarlo. Puede que no sepas nada, que no tengas ni idea de cómo colgarlo, de cuál lado es el derecho. Es difícil saber en los cuadros de Picasso cuál es el derecho y cuál es el revés. Tampoco estarás seguro de si es un Picasso auténtico o no. A lo mejor ni siquiera lo miras, pero como los demás lo tienen y hablan de Picasso, tienes que demostrar tu cultura. Lo que haces es mostrar tu dinero. Entonces todo lo que es caro se vuelve importante; todo lo que es caro se considera significativo.
El dinero y los vecinos parecen ser el único medidor: los autos, las casas, los cuadros, los elementos decorativos. La gente tiene saunas en su cuarto de baño no por la salud de su cuerpo, no necesariamente, sino porque es algo in; todo el mundo la tiene. De lo contrario, pareces pobre. Si todo el mundo tiene una casa en las colinas, tú tienes que tenerla. Puede que no estés a gusto en las colinas, que resulte de lo más aburrido. Puede que te pongas a mirar la televisión o a oír la radio y que dé la casualidad de que veas los mismos programas que veías antes. Entonces, ¿qué más da que vivas en las colinas o en tu antigua casa? Pero los demás viven allí. Hace falta un garaje para cuatro autos; otros lo tienen. No te hacen falta tantos autos.
Te contaré un chiste:

El viejo Luke y su esposa tenían fama de ser el matrimonio más tacaño del valle. Luke murió y a los pocos meses, su esposa. En su lecho de muerte, ésta llamó a su vecina y le pidió con voz débil: “Ruthie, entiérrame con el traje negro de seda, pero antes, corta la espalda y aprovéchala para hacer otro vestido. Es una buena tela y me da rabia desperdiciarla”.
“No puedo hacer eso –contestó Ruthie-. Cuando tú y Luke lleguen a las puertas del cielo, ¿qué van a pensar los ángeles si el vestido tiene la espalda cortada?”.
“No me mirarán a mí –respondió ella-. Enterré a Luke sin pantalones”.

El interés siempre se centra en el otro: Luke estará sin pantalones y todo el mundo lo estará mirando. El interés de los norteamericanos está en los demás…
¿Te has fijado en un niño corriendo, gritando, bailando, sin ningún motivo? Si le preguntas: “¿Por qué estás tan contento?”, no será capaz de responderte. Creerá que estás loco. ¿Hay que tener alguna razón para ser feliz? Se sorprenderá ante semejante pregunta. Se encogerá de hombros y seguirá su camino cantando y bailando de nuevo. El niño no tiene nada. Todavía no es primer ministro, no es presidente de los Estados Unidos, no es Rockefeller. No posee nada; a lo mejor unas cuantas conchas y otras tantas piedras que ha recogido en la playa, eso es todo.
La vida norteamericana termina cuando termina la vida. Cuando acaba el cuerpo, acaba el norteamericano. De ahí que tenga tanto miedo a la muerte. Por tener tanto miedo a la muerte, el norteamericano trata de prolongar la vida de cualquier modo posible, algunas veces hasta límites absurdos. Ahora muchos de ellos no hacen más que vegetar en los hospitales, en sanatorios psiquiátricos. No están viviendo; hace tiempo que murieron. Siguen en pie a causa de los médicos, los medicamentos, los nuevos equipos que ofrece la medicina. Con todo esto van aguantando.
El miedo a la muerte es tan extraordinario: cuando te vayas, te irás para siempre y nada quedará de ti; porque el norteamericano sólo conocen el cuerpo y nada más. Si sólo conoces el cuerpo, resultará que eres muy pobre. Primero, siempre tendrás miedo a la muerte, y alguien que tenga miedo a la muerte tendrá miedo a la vida; ya que la vida y la muerte están tan unidas que si tienes miedo a morir tendrás también miedo a vivir. Es la vida la que trae la muerte por lo que si temes a la muerte, ¿cómo vas a amar verdaderamente la vida? Habrá miedo. Es la vida la que trae la muerte; no puedes vivirla totalmente. Si todo acaba con la muerte, si estás convencido de ello, entonces tu vida no será otra cosa que una inútil carrera. La muerte se acerca, no puedes quedarte quieto. De ahí la manía norteamericana por la velocidad: todo debe hacerse rápido porque la muerte se acerca, así que intenta hacer todas las cosas que puedas antes de morir, porque una vez muerto, ya no habrá nada qué hacer.
Esto crea una situación de gran vacío, y por supuesto, angustia, ansiedad. Si no hay nada que vaya a sobrevivir al cuerpo, entonces nada de lo que hagas tendrá mucha profundidad. Nada de lo que hagas te dejará muy satisfecho. Si la muerte es el final y nada sobrevive, entonces la vida no puede tener mucha importancia y significado. Resulta un cuento contado por un tonto, lleno de ruido y de furia, sin ningún significado.
El hombre consciente sabe que habita dentro del cuerpo, pero que no es el cuerpo. Lo ama; es su morada, su casa, su hogar. No está en contra del cuerpo porque es absurdo estar en contra de tu propia casa, pero no es un materialista. Es práctico, pero no es materialista. Realista, pero nunca materialista. Sabe que al morir no muere nada. La muerte llega, pero la vida continúa.
Te contaré un cuento:

El entierro había acabado y Desmond, el sepulturero, se paró al lado de un caballero anciano.
“¿Era pariente suyo?”, preguntó el enterrador.
“Sí, así es”, respondió el caballero anciano.
“¿Qué edad tiene usted?”.
“Noventa y cuatro”.
“¡Humm! –exclamó Desmond- casi no merece la pena que se marche usted a casa”.

Todo se concentra en la vida del cuerpo; ¡si tienes noventa y cuatro, olvídate! Entonces apenas merece la pena volver a casa; más vale morirse. ¿Qué sentido tiene regresar? Vas a tener que volver de nuevo. No vale la pena… Si la muerte es la única realidad, entonces ¿qué más da que tengas noventa y cuatro o veinticuatro? La diferencia estriba tan sólo en unos cuantos años. Entonces el muy joven empieza a sentirse viejo y el niño ya empieza a sentirse muerto. Una vez que llegas a la conclusión de que este cuerpo es la única vida, ¿entonces qué sentido tiene nada? ¿Para qué seguir entonces?
Escribió Camus que el principal problema metafísico del hombre es el suicidio. Estoy de acuerdo con él. Si el cuerpo es la única realidad y no hay nada en tu interior que lo trascienda, el suicidio es algo de primordial consideración, punto de reflexión para meditar detenidamente. ¿Por qué no recurrir al suicidio? ¿Para qué esperar a tener noventa y cuatro años? ¿Para qué sufrir mientras tanto todo tipo de problemas y desgracias? Si uno debe morir, ¿por qué no hacerlo hoy mismo? ¿Para qué amanecer de nuevo mañana por la mañana? Parece algo fútil.
Por una parte, el norteamericano está corriendo constantemente de un lado a otro para acumular experiencias, para no perderse nada. Se pone a recorrer todo el mundo, de una ciudad a otra, de un país a otro, de un hotel a otro. Pasa de un gurú a otro, de una religión a otra, buscando, porque la muerte se acerca. Por un lado, hay una búsqueda alocada y por otro, el profundo recelo de que todo es inútil; porque con la muerte acabará todo. Por lo que hayas sido rico o hayas sido pobre, inteligente o no, hayas tenido suerte en el amor o no, ¿qué más da? Al final vas a morir, y la muerte iguala a todo el mundo: al listo y al torpe, a los santos y a los pecadores, a los despiertos y a los tontos, todos se irán al hoyo y desaparecerán. ¿Entonces qué objetivo tiene nada? Ya sea un Buda o un Jesús o un Judas, ¿qué más da? Jesús murió en la cruz, Judas se suicidó al día siguiente; ambos desaparecieron de la faz de la tierra.
Por otro lado, existe el miedo a que te equivoques y los demás lleguen a algún tipo de realización y por otro, un profundo recelo de que incluso llegando, no ganes gran cosa, porque llega la muerte y arrasa con todo. El hombre consciente vive en el cuerpo, ama su cuerpo, lo cuida, pero no es el cuerpo. Sabe que hay algo dentro de él que sobrevivirá a la muerte. Sabe que hay algo dentro de él que es eterno, que el tiempo no puede destruir. Esto lo ha llegado a saber a través de la meditación, el amor, la oración. Esto lo ha llegado a saber metido en su propio ser. No tiene miedo. No tiene miedo de la muerte porque sabe lo que es la vida. No va en pos de la felicidad, porque sabe que Dios le está ofreciendo millones de oportunidades; sólo tiene que ser receptivo.
¿No ves los árboles arraigados en la tierra? No pueden ir a ningún sitio, y aun así son felices. No pueden ir en pos de la felicidad, desde luego; no pueden marcharse por ahí a buscarla. Están arraigados a la tierra, no pueden moverse, ¿pero no te das cuenta de lo felices que son? ¿No te das cuenta de su gozo cuando cae la lluvia, su enorme satisfacción cuando el viento los acaricia? ¿No puedes ver su ritmo?... Están enraizados, no van a ningún sitio. La vida llega a ellos.
Todo llega –sólo debes crear la posibilidad y todo llega-. Mantente receptivo, nada más. La vida está lista para ofrecerte todo. No estás poniendo más que barreras, y la mayor de todas ellas es ir en pos de algo. Por culpa de ir tras las cosas y de no parar, cuando llega la vida y llama a tu puerta, nunca te encuentra. Siempre estás en algún otro sitio. Vas en pos de la vida, la vida va en pos de ti, pero nunca sucede el encuentro.
Sé… sólo sé, espera y sé paciente.

La Armonía De Cuerpo, Mente Y Alma

            Tu cuerpo es energía, al igual que tu mente y tu alma. ¿Cuál es la diferencia entonces entre los tres? La diferencia es tan sólo de ritmo, es sólo de longitud, eso es todo. El cuerpo tiene un volumen, su energía funciona de una manera visible.
La mente es un poco más sutil, pero aun así no demasiado, porque puedes cerrar los ojos y ver cómo se mueven los pensamientos; pueden verse. No son tan visibles como el cuerpo, éste es visible para todo el mundo, es públicamente visible. Tus pensamientos son privadamente visibles. Nadie más puede ver tus pensamientos; sólo los puedes ver tú, o personas que se han preparado especialmente para verlos. Pero normalmente no son visibles para los demás.
La tercera, la capa más importante que hay dentro de ti es la de la consciencia. Ni siquiera es visible para ti. No puede funcionar en armonía te mantendrás sano e íntegro. Si no funcionan así y determinan que estás enfermo, falto de salud, ya no eres íntegro. El ser íntegro es ser santo.
Mi empeño es ayudarte para que tu cuerpo, tu mente, tu consciencia puedan bailar las tres a un mismo ritmo, al unísono, en total armonía; sin ningún conflicto entre ellas, sino cooperando...
La consciencia es energía, pura energía; la mente no es tan pura, el cuerpo lo es menos aun. El cuerpo es demasiado mixto, y la mente tampoco es demasiado pura. La consciencia sí que es energía pura. Pero sólo puedes acceder a ella si haces de las tres un cosmos, no un caos. La gente vive en perpetuo caos: su cuerpo dice una cosa, quiere ir en una determinada dirección; su mente se olvida completamente del cuerpo porque durante siglos se le ha enseñado que no sea el cuerpo, durante siglos se le ha inculcado que el cuerpo es su enemigo, que debe luchar contra él, que tiene que destruirlo, que el cuerpo es pecado.
A causa de todas estas ideas tontas como son, dañinas y perniciosas como son, inculcadas durante tanto tiempo que han llegado a formar parte de la mente colectiva, no tienes la experiencia de sentir tu cuerpo en armonía danza contigo mismo.
De ahí mi insistencia en la danza y en la música, porque sólo con la danza sentirás que tu cuerpo, tu mente y tú están funcionando juntos. Cuando funcionan juntos, el gozo es infinito, la riqueza es extraordinaria.
La percepción es la forma más alta de energía. Cuando estas tres energías funcionan juntas, llega la cuarta. La cuarta se presenta siempre que las tres funcionan juntas. Cuando estas tres funcionan en una unidad orgánica, la cuarta se presenta; la cuarta no es otra cosa que esa unidad orgánica.
En Oriente la hemos llamado simplemente “la cuarta” turiya, no le hemos dado ningún nombre. Las otras tres tienen nombres, la cuarta no lo tiene. Conocer la cuarta es conocer a Dios. Digámoslo de esta manera: Dios aparece cuando eres una unidad orgánica y orgásmica. Dios no aparece cuando eres un caos, una desunión, un conflicto. Cuando eres un hogar dividido contra ti mismo, no existe Dios.
Cuando estás enormemente contento contigo mismo, tan feliz, como estás, tan gozoso como estás, tan agradecido como estás y todas tus energías danzan al unísono, cuando eres una orquesta de todas tus energías, surge Dios. Esa sensación de unidad total es Dios. Dios no es una persona que ande por ahí, Dios es la experiencia de las tres energías tomando cuerpo en una unidad tal que hace surgir la cuarta. La cuarta es más que la suma total de las otras partes.
Si examinas un cuadro, primero verás el lienzo y los colores, pero el cuadro no es simplemente la suma total del lienzo y los colores; es algo más. Ese “algo más” se expresa a través del mismo cuadro, el color, el lienzo, el pintor, pero ese “algo más” es la belleza. Si examinas una rosa, hallarás todos los elementos químicos y las cosas que la constituyen, pero no hallarás la belleza. No era la suma total de las partes, era algo más.
El todo es más que la suma total de las partes; se expresa a través de ellas, pero es más. Comprender que es más es comprender a Dios. Dios es ese más, ese plus. No es una cuestión de teología, no se resuelve mediante una argumentación lógica. Tienes que sentir la belleza, sentir la música, la danza. Y en última instancia debes sentir la danza en tu cuerpo, en tu mente, en tu alma.
Debes aprender cómo manejar estas tres energías para que formen una orquesta. Entonces aparece Dios; no es que veas a Dios, no hay nada qué ver. Dios es el supremo vidente, el máximo observador. Aprende a derretir tu cuerpo, tu mente, tu alma; halla los caminos para poder funcionar como una unidad.
Sucede muchas veces que los corredores... Puede que no concibas el correr como una meditación, pero los corredores han sentido algunas veces la extraordinaria experiencia de la meditación. Quedan sorprendidos porque no pretendían tal cosa: ¿quién va a pensar que un corredor va a sentir una experiencia divina? Pero ha ocurrido. Ahora correr se ha convertido cada vez más en una nueva clase de meditación. Puede brotar la magia al correr. Si has sido corredor alguna vez, si has disfrutado de ello por la mañana temprano, cuando el aire era fresco y joven y el mundo entero se estaba despertando, y tú ibas corriendo y tu cuerpo funcionaba de maravilla con el aire fresco, y el mundo estaba saliendo de nuevo de las tinieblas de la noche, y todo cantaba a tu alrededor, y te sentías tan lleno de vida... Llega un momento así en que el corredor desaparece, sólo queda la carrera. El cuerpo, la mente y el alma empiezan a funcionar juntos; se descarga de pronto un orgasmo interior.
Algunas veces hay corredores que accidentalmente llegan a experimentar la cuarta fase, la turiya, aunque no lleguen a aprovecharla, porque creerán que fue a causa de correr que disfrutaron de tal momento; que fue un día hermoso, que el cuerpo estaba sano y el mundo era maravilloso, todo se reducía a un estado de ánimo. Les pasará inadvertido. Pero si lo notan, opino que un corredor puede acercarse más fácilmente al fenómeno de la meditación. Trotar puede ser de inmensa ayuda, nadar también. Todos esos deportes deben convertirse en meditaciones.
Arroja las viejas ideas sobre la meditación, la noción de que la única meditación es sentarse bajo un árbol en postura de yoga. Ésa es sólo una de las maneras; puede ser adecuada para algunas personas, pero no lo es para todas. Para un niño pequeño no es una meditación, es una tortura. Para un joven que es vital, activo, es una represión, no una meditación. Puede que para un viejo que ha vivido la vida, cuyas energías están disminuyendo, resulte válida.
La gente varía; hay muchos tipos de gente. Para alguien que tiene un tipo bajo de energía, sentarse debajo de un árbol en postura de yoga puede ser la mejor de las meditaciones, porque la postura de yoga es en la que se gasta menos energía. Cuando la columna está erguida en ángulo de noventa grados con la tierra, tu cuerpo gasta la menor energía que es posible. Si te inclinas hacia la izquierda o hacia delante, entonces el cuerpo comienza a gastar más energía, a causa de que la gravedad te hace inclinarte hacia abajo y debes mantener el equilibrio, sostenerte bien para no caer. Esto es derroche. Está comprobado que una columna erecta necesita el mínimo gasto de energía.
Sentarse con las manos juntas en el regazo es también muy beneficioso para la gente con baja energía, ya que cuando ambas manos se están tocando, la electricidad del cuerpo se mueve en círculos. No sale del cuerpo; se convierte en un círculo interior, la energía se mueve en el interior.
Debes saber que la energía se libera siempre a través de los dedos, nunca lo hace desde cosas de forma redondeada. Por ejemplo, la cabeza no puede despedir energía, la contiene. La energía se emite a través de los dedos, los dedos de los pies y las manos. En algunas posturas de yoga los pies están juntos, por lo que la energía que descarga un pie entra por el otro; una mano descarga energía y pasa a la otra. Circulas tu propia energía; te conviertes en su círculo interior. Es muy descansado, muy relajante.
La postura de yoga es la postura más relajante posible. Incluso más que el sueño, porque cuando duermes, todo tu cuerpo se arrastra por la fuerza de la gravedad. Cuando se está en posición horizontal, la relajación es totalmente diferente. Lo es porque te devuelve a los viejos tiempos, cuando el hombre era un animal, horizontal. Es relajante porque es regresiva; te ayuda a convertirte de nuevo en animal.
Por eso en posición horizontal no se puede pensar claramente; resulta difícil pensar; para eso tienes que sentarte. Mientras más derecho te sientes, mayor será la posibilidad de pensar. El pensamiento es un recién llegado. Cuando el hombre llegó a ponerse en postura vertical, apareció el pensamiento. Cuando estaba en posición horizontal soñaba pero no pensaba. Cuando te acuestas comienzas a soñar; el pensamiento desaparece. Es una especie de relajación, porque el pensamiento se detiene; haces una regresión.
La postura de yoga es una buena meditación para aquellos que tienen una energía baja, para los que están enfermos, para los viejos, para los que ya han agotado la vida y se encuentran cada vez más cerca de la muerte.
Miles de monjes budistas han muerto sentados en la postura de loto porque la mejor manera de recibir la muerte es en esa postura, ya que en ella se permanece totalmente alerta, y como las energías se desvanecen, se van yendo lentamente. Está llegando la muerte. En la postura de loto uno puede mantenerse alerta hasta el mismo final. Estar alerta al morir supone una de las más grandes experiencias, el orgasmo definitivo.
Si estás despierto mientras estás muriendo tendrás una clase de nacimiento totalmente diferente: nacerás despierto. El que muere despierto nace despierto. El que muere inconsciente nace inconsciente. El que muere conscientemente puede elegir el útero adecuado; se ha ganado la elección. El hombre que muere inconsciente no tiene derecho a elegirlo; el útero surgirá inconscientemente, accidentalmente.
El hombre que muere absolutamente alerta en esta vida volverá sólo una vez más, porque a la siguiente no le hará falta volver. Queda muy poco trabajo por hacer: la otra vida se encargará de ello. Al que muere conscientemente, sólo le queda faltando una cosa: no ha tenido tiempo de irradiar la consciencia en forma de compasión. A la siguiente tendrá la oportunidad de hacerlo. A menos que la consciencia se transforme en compasión, algo permanece incompleto, algo permanece imperfecto.
Correr puede ser una meditación: trotar, bailar, nadar, todo esto puede ser una meditación. Mi definición de ella es: siempre que tu cuerpo, mente, alma están funcionando juntos al mismo ritmo, es meditación, porque atraerá la cuarta energía. Si estás atento a lo que estás haciendo como una meditación –no como si se tratara de las olimpiadas, sino haciéndolo como una meditación- entonces resulta extraordinariamente hermosa... Pero la base fundamental es, sea cual sea la meditación, cumplir con estos requisitos: el cuerpo, la mente, la conciencia, las tres deben funcionar como una unidad. Entonces de repente un día surge la cuarta: la testimonial. O si quieres, llámala Dios; llámala Dios o nirvana o tao, llámala como quieras.

 

Tú No Eres El Cuerpo

Si uno se siente identificado con el cuerpo, siempre tiene prisa; de ahí el desasosiego occidental, su obsesión con la rapidez. Básicamente se trata de una identificación con el cuerpo. La vida sucede de prisa, se te va de las manos: haz algo y hazlo ahora mismo, date prisa en hacerlo, además porque de lo contrario no te servirá de nada. Debes hallar los mejores medios para hacerlo, medios más eficaces. La rapidez se ha convertido en una manía. La manera de llegar a un lugar lo más de prisa posible; eso es lo que de verdad cuenta. El motivo por el que quieres llegar no le importa a nadie. ¿Para qué quieres llegar a ningún sitio? No te lo planteas, el caso es llegar lo antes posible. En el momento que llegas a tal punto, ya empiezas a pensar en alcanzar otra meta. La mente está en un estado febril permanente. Básicamente se debe a que nos identificamos con la periferia, y como el cuerpo va a morir, la muerte nos obsesiona. La muerte es todavía tabú en Occidente. Sí, se ha roto un tabú, y éste es el del sexo; pero el segundo tabú, que está más arraigado que el primero, existe todavía. Hace falta un nuevo Freud para que lo rompa. La gente no habla de la muerte, y si lo hace, es con eufemismos: que el hombre se ha ido al cielo, a juntarse con Dios en eterno descanso. Pero si el hombre ha vivido solamente en el cuerpo, no ha ido a ninguna parte. Está muerto, simplemente muerto; polvo al polvo. Y el que ha pasado a otro cuerpo nunca estuvo en éste, porque nunca se identificó con él; ese hombre permaneció completamente al margen de él.
En cambio, puedes llegar a tomar contacto con tu percepción más íntima. El cuerpo es pesado, prominente, es aparente, visible, táctil, tangible. La percepción no es visible, no se ve por fuera. Uno debe buscarla, uno debe escarbar en ella. Hace falta esfuerzo, es necesario un empeño constante para explorar el propio ser. Es un camino, pero una vez que uno comienza a sentir la consciencia, se vive en un mundo totalmente diferente. Entonces no hay prisa porque la consciencia es eterna, y no hay preocupación porque la consciencia no conoce enfermedad, ni muerte, ni fracaso.
En tal caso no hay necesidad de buscar nada más. El cuerpo carece de todo, de ahí que no pare de crearse deseos para sí mismo; el cuerpo es un mendigo. Pero la consciencia es emperatriz; el mundo entero está en sus manos; es el ama.
Una vez que has conocido el rostro de tu ser íntimo, comienzas a relajarte. De este modo la vida deja de ser un deseo para convertirse en celebración. Así ya está todo otorgado: las estrellas y la luna, el sol y las montañas, los ríos y la gente: todo se otorga. Debes empezar a vivirlo.
Todo ello debe convertirse en tu búsqueda. Éste es el sentido de la vida: una exploración hacia la percepción. Existe, pero es un tesoro oculto. Naturalmente, cuando tienes un tesoro lo mantienes bien oculto para que nadie pueda robarlo. Dios te ha puesto la consciencia en el núcleo más profundo de tu ser. El cuerpo es la antesala, no la habitación más íntima. Pero mucha gente no vive más que en la antesala y cree que eso es la vida; no entra nunca en la morada de su ser íntimo.
Permite a la vida convertirse en una experiencia hacia tu verdadero ser. Usa el cuerpo, ama el cuerpo –es un hermoso mecanismo, un preciado regalo, grandes son sus misterios- pero no te identifiques con él. El cuerpo es como el avión y tú, el piloto. El avión es hermoso y muy útil, pero el piloto no es el aparato, y el hombre debe recordar que es otra cosa, es distinto, distante, está al margen, separado, lejos. Es el que maneja el vehículo.
Usa el cuerpo como el vehículo que es, pero permite que la consciencia tome el mando.

 

De La Búsqueda De Metas A La Celebración

La relajación es un estado determinado en el que la energía no se mueve a ninguna parte, ni hacia el futuro ni hacia el pasado; simplemente está contigo. En el lago tranquilo de tu propia energía, en su calor, te ves tú envuelto. Este momento lo es todo. No existe otro. El tiempo se detiene; entonces surge la relajación. Si interfiere el tiempo, no la habrá. El reloj se detiene sin más; el tiempo deja de existir. Este momento lo es todo. No tienes que pedir nada más, solamente debes disfrutarlo. Hay que disfrutar las cosas corrientes, porque son las más hermosas. De hecho, nada es ordinario si existe Dios, todo se vuelve extraordinario.
Piensa en las cosas pequeñas… Como caminar por el césped cuando no se han evaporado todavía las gotas de rocío, sentirse inmerso en tal placer: disfrutando de la textura, del contacto con el césped, de la frescura del rocío, la brisa matinal, el sol en ascenso. ¿Qué más necesitas para ser feliz? ¿Qué más es posible? Acostarte por la noche entre las frescas sábanas de tu cama, sentir su textura; poco a poco las sábanas se van calentando, la oscuridad te envuelve, el silencio de la noche… Con los ojos cerrados te sientes en tu ser. ¿Qué más necesitas? Es demasiado; de ahí nace una profunda gratitud: eso es relajación.
La relajación significa que este momento es más que suficiente, más de lo que puede pedirse y esperar. Nada qué pedir, es más que suficiente, es todo lo que puedes desear; entonces la energía no se mueve a ninguna parte. Se convierte en un lago tranquilo. Te disuelves en tu propia energía. Este momento se llama relajación. No es algo del cuerpo ni de la mente, la relajación pertenece a la totalidad. Por eso los iluminados no dejan de decir: “Trasciende los deseos”, porque saben que si hay deseo, no puedes relajarte. No dejan de decir: “Entierra el cadáver”, porque si estás demasiado preocupado por el pasado, no puedes relajarte. Dicen también: “Disfruta de este momento”. Jesús dice: “Mira los lirios. Observa los lirios del campo; no cuesta nada admirarlos, y son muy hermosos, su esplendor es mayor que el del rey Salomón. Los rodea un aroma más delicioso del que conoció jamás el rey Salomón. ¡No dejes de admirar los lirios!”.
¿Qué es lo que está diciendo? Está diciendo: “¡Relájate! No debes esforzarte para conseguirlo; de hecho, todo se te da servido”. Jesús dice: “Si Él cuida de los pájaros del cielo, los animales, los animales salvajes, los árboles, las plantas, ¿entonces por qué te preocupas? ¿No cuidará acaso de ti?”. Eso se llama relajación. ¿Por qué te preocupas tanto por el futuro? Observa los lirios, disfruta de su belleza, llega a ser como ellos; luego relájate. La relajación no es una postura; la relajación es una transformación total de tu energía. Ésta puede tener dos dimensiones. Una está motivada, se dirige a algún sitio, tiene una meta; este momento es sólo un medio y la mete hay que obtenerla en algún otro lugar. Es una dimensión de tu energía, es la dimensión de la actividad, de alcanzar una meta. En ese caso todo es un medio; hay que emprender el camino y alcanzar la meta. Después descansarás. Pero para este tipo de energía la meta nunca llega, porque a cada momento este tipo de energía se convierte en un medio para pasar a otra cosa, en algo que está en el futuro. La meta siempre queda en el horizonte. Tú sigues corriendo, pero la distancia permanece igual.
No, hay otra dimensión de energía: esa dimensión es la celebración sin motivo. La meta está aquí y ahora; la meta no está en ningún otro lugar. De hecho, tú eres la meta. En realidad, no hay ninguna otra satisfacción que la del momento: observa los lirios. Cuando tú eres la meta y cuando la meta no está en el futuro; cuando no hay nada qué alcanzar; cuando lo que haces, por el contrario, es celebrar, ya has llegado a la meta, la tienes ahí. Ésa es la relajación, energía sin motivo.
Para mí, hay dos tipos de personas: los buscadores de metas y los que celebran. Los que van en pos de una meta son los que están locos; o se están volviendo poco a poco, van creando su propia locura. Y la locura lleva su propio impulso. Poco a poco, se van metiendo más en ella, hasta el momento en que ya no tienen remedio. El otro tipo de persona es la que no busca metas; no es en absoluto un buscador, se dedica a celebrar.
Esto es lo que yo te enseño: ¡a disfrutar, a celebrar! Tenemos muchos motivos: las flores están en su esplendor, los pájaros están cantando, el sol luce allá en el cielo; ¡celébralo! Entonces de pronto te relajas, entonces desaparece la tensión, desaparece la angustia. Toda la energía que se había convertido en angustia se transforma en gratitud; tu corazón no deja de latir con profundo agradecimiento: eso es orar. Eso es oración: un corazón que late con profundo agradecimiento.
No hay necesidad de hacer nada al respecto. Sólo comprender el movimiento de la energía, el movimiento desmotivado de la energía. Ésta fluye, pero no hacia la meta, fluye como un placer. Se mueve, pero no hacia la meta, se mueve a causa de su misma energía desbordada.
Un niño salta y baila y corre por doquier; pregúntale: “¿Adónde vas?”. No va a ningún lugar; te sentirás ridículo ante sus ojos. Los niños siempre piensan que los adultos son tontos. Qué pregunta tan tonta: ¡¿Adónde vas?”. ¿Es que hace falta ir a algún sitio? Un niño no puede responderte la pregunta porque es irrelevante. Él no va a ninguna parte. Se encogerá de hombros. Te dirá: “A ningún sitio”. Pero la mente, fijada en una meta, preguntará: “¿Entonces por qué corres?”. Porque para nosotros una actividad sólo tiene sentido cuando conduce a algún lugar.
Pero yo te digo, no hay lugar adónde ir: aquí está todo. La existencia entera culmina en este momento, converge en este momento. Toda la existencia se está derramando en este instante; todo lo que hay se vierte en este instante; está aquí, ahora. Un niño disfruta nada más de la energía. Tiene demasiada. No está corriendo porque tenga que llegar a algún sitio, sino porque le sobre, tiene que correr.
Tú debes actuar sin motivo aparente, tan sólo desbordando energía. Comparte, pero no negocies, no hagas tratos. Da porque tienes, no des para recibir; así no serás feliz. Todos los vendedores van al infierno. Si buscas a los mayores comerciantes y negociantes, ve al infierno, allí los encontrarás. El cielo no está hecho para los negociantes. El cielo es para los hombres que celebran.
¿Qué hay que practicar entonces? Conseguir la calma. Estar más y más en el aquí y ahora. Estar más y más en la acción, y menos en la actividad. Estar más y más hueco, vacío, pasivo. Ser más como un observador; indiferente, sin esperar nada, sin desear nada. Estar feliz contigo mismo tal como eres. Celebrar la vida.

 

No Olvides Al Huésped

El hombre habita en el cuerpo pero no es el cuerpo. El cuerpo es hermoso, debe ser amado y respetado, pero uno debe recordar que no es él, que uno es un huésped del cuerpo. El cuerpo es un templo: para ti es un anfitrión, pero no eres parte de él. El cuerpo es una donación de la tierra; tú vienes del cielo. En ti, como en cada ser encarnado, el cielo y la tierra se juntan: es una historia de amor entre el cielo y la tierra.
En el momento que mueres, nada muere; es una impresión que tienen los demás desde el exterior. El cuerpo regresa a la tierra para descansar un poco y el alma se devuelve al cielo también para descansar. Una y otra vez tendrá lugar el encuentro; en millones de formas la obra continuará. Es una incidencia eterna.
Pero uno puede identificarse mucho con el cuerpo, lo que llega a crear desdicha. Si te pones a pensar: “Yo soy el cuerpo”, entonces la vida, resulta muy pesada: las pequeñas cosas molestan, los pequeños sufrimientos resultan insoportables, un leve dolor y ya uno se siente molesto y desorientado.
Hace falta una cierta distancia entre el cuerpo y tú. Tal distancia se crea cuando te das cuenta del hecho de que “no soy el cuerpo”. No puedo serlo. Soy consciente de ello, me doy cuenta de que es un objeto de mi consciencia, y todo lo que es objeto de ella no puede ser mi verdadera consciencia. Ésta está observando, presenciando, y todo lo que se presencia supone distancia”.
A medida que se arraiga en ti esta experiencia, los sufrimientos empiezan a desaparecer, a evaporarse. Entonces el dolor y el placer son casi lo mismo, entonces el éxito y el fracaso son casi lo mismo, entonces la vida y la muerte no son diferentes. Luego uno ya no tiene opción, uno vive en la fresca comodidad de no elegir. En ese estado de no elección, Dios desciende. Esa ha sido la meta de todas las religiones, la fresca comodidad de no elegir. En la India lo llamamos samadhi, en Japón lo llaman satori; los místicos cristianos lo llaman éxtasis.
La palabra “éxtasis” es muy significativa; significa sobresalir. Sobresalir de tu propio cuerpo, saber que estás separado, ése es el significado de éxtasis. En el momento que ocurre, de nuevo formas parte del paraíso perdido, recuperas el paraíso.

 

 

 

 

7
HABLANDO
CON TU CUERPO

Cómo Recordar El Lenguaje Olvidado
Para Hablarles A La Mente Y Al Cuerpo*

“La gente necesita que se le enseñe
cómo ser amigo de su cuerpo”.

Una vez que a comunicarte con tu cuerpo, las cosas resultan muy fáciles. No es necesario forzar, él debe persuadirse. Uno no debe luchar con el cuerpo; eso es feo, violento, agresivo, y cualquier clase de conflicto creará más y más tensión. Por lo tanto, no necesitas entrar en conflicto, que el bienestar sea la regla.  El cuerpo es un don tan hermoso de Dios que luchar contra él supone negar a Dios. Es un altar… estamos santificados en él; es un santuario. Existimos en él y debemos cuidarlo con esmero. Es nuestra responsabilidad.
Durante siete días… Parecerá un poco absurdo al principio, porque nunca se nos ha enseñado a hablar con nuestro propio cuerpo; pero a través de él tienen lugar los milagros. Ya están sucediendo sin saberlo nosotros. Cuando te digo, mi mano lo sigue en un gesto. Estoy hablando contigo: es mi mente que te está comunicando algo. Mi cuerpo lo sigue. El cuerpo está en compenetración con la mente.
Cuando quieres levantar la mano, no tienes que hacer nada; simplemente la levantas. Sólo la idea de que quieres levantarla hace que el cuerpo la siga. Es un milagro. De hecho, ni la biología ni la fisiología han sido aún capaces de explicar cómo sucede. Porque una idea es una idea; quieres levantar la mano; es una idea. ¿Cómo llega esta idea a convertirse en un mensaje físico a la mano? Y no supone tiempo en absoluto: en una décima de segundo; algunas veces sin intervalo alguno.
Por ejemplo, te estoy hablando y mi mano sigue colaborando; no hay intervalo de tiempo. Es como si el cuerpo corriera paralelo con la mente. Es muy sensible; uno debería aprender cómo hablar con él, así podrán conseguirse muchas cosas.

Osho.

* Esta meditación guiada es el proceso de recordar un lenguaje que casi todos hemos olvidado. Es el idioma que sirve para comunicarse con el cuerpo. Comunicarse con el cuerpo, hablarle, escuchar sus mensajes ha sido una práctica muy común en el Tíbet desde la antigüedad.
   Apenas ahora la ciencia médica moderna ha empezado a prestar atención a lo que los sabios y los místicos siempre han sabido: que la mente y el cuerpo no son entidades separadas sino que están profundamente relacionadas. La mente puede afectar la condición del cuerpo, así como la condición del cuerpo puede afectar la mente.
   Esta meditación guiada en la que se habla al cuerpo y a la mente ha sido desarrollada bajo la orientación de Osho.

Cómo Usar El CD

El CD que acompaña este libro contiene un método para profundizar y armonizar la relación mente-cuerpo, lo que da como resultado una considerable mejoría en nuestro bienestar. Consta de u proceso de cuidar el cuerpo y hacerse más sensible a sus necesidades, lo que a su vez puede ayudar a apoyar otros programas relacionados con la salud, como la dieta y el ejercicio.
Resulta útil para aliviar los síntomas del malestar producido por el estrés, como las jaquecas, el insomnio, los problemas digestivos, y los dolores de cuello y hombros. Puede usarse para devolver el cuerpo a su peso natural.
La meditación se basa en antiguas prácticas chinas y tibetanas. En el mismo tipo de métodos que han sido usados, por ejemplo, por los monjes tibetanos en ciertos ritos sagrados de iniciación, en los cuales se sientan durante horas en la nieve cubiertos solamente por una tela mojada; han desarrollado la capacidad de producir suficiente calor corporal para mantenerse calientes.
La ciencia médica moderna empieza a reconocer ahora lo que los sabios y los místicos han sabido siempre: la mente y el cuerpo no son entidades separadas, sino profundamente emparentadas. La mente puede afectar el estado del cuerpo, igual que el estado del cuerpo puede afectar a la mente.
Durante la primera parte de la meditación se te guiará a hermanarte con el cuerpo y a apreciarlo, a preguntarle por sus necesidades y a escuchar sus respuestas. En la segunda parte entrarás en comunicación con tu mente no consciente. Principalmente nos identificamos con la mente consciente, pero la mente inconsciente es mucho más fuerte y ejerce una mayor influencia.
En muchos casos, nosotros mismos creamos los síntomas de nuestras enfermedades. Dado que esto no lo hacemos a propósito, quizá sea nuestra mente inconsciente la que pueda crearlos. Así lo ha hecho normalmente para podernos ayudar de una manera o de otra, llamando la atención respecto de algún desequilibrio que necesita ser tratado. Así, en la segunda parte de la meditación, se invita a la mente inconsciente a que abra nuevos canales de ayuda, por ejemplo, diciéndole al cuerpo que abandone antiguos dolores o síntomas y recupere de nuevo la salud y el equilibrio.
Sin embargo, antes de empezar a usar la técnica, ciertos puntos deben quedar claros.

Primero:

Es importante recordar que el dolor y otros síntomas recurrentes de malestar físico pueden ser indicios de una enfermedad grave. Esta técnica se facilita presuponiendo que se ha consultado al médico para determinar si éste era o no el caso.

Segundo:

Osho afirma que esta técnica de hablar con la mente y el cuerpo puede usarse para lo que entra dentro de la capacidad del cuerpo. Si le pides hacer algo imposible, la confianza se romperá y dejará de funcionar. Si no tienes ojos, te dice: “¿Cómo le vas a decir al cuerpo que vea?”. Pero para cosas corrientes, como migrañas, dolores corporales y demás molestias que entran dentro de la capacidad del cuerpo de curarse a sí mismo, entonces este método puede resultar de mucha ayuda.

Tercero:

No hables directamente con la molestia o con la enfermedad. Ésta no forma parte del organismo, es algo exterior, en realidad es algo contra el mismo organismo. Debes hablar con el cerebro y con el cuerpo, no con la molestia en sí misma. Cuando haya desaparecido, dale las gracias al cerebro y al cuerpo por erradicar la molestia. Básicamente, estamos hablando con el cerebro, y éste le habla al cuerpo, pero no conocemos el lenguaje. Sabemos que si le decimos al brazo que se levante, podemos levantarlo; sigue las instrucciones de la mente. Pero para los mecanismos internos del conjunto cuerpo/mente, no sabemos exactamente en qué consiste la orden para que el cuerpo la ejecute. Osho afirma: “Ésta es la verdadera trinidad: el alma, la mente y el cuerpo. El alma no puede hacer nada directamente; es la que le está pidiendo al dolor que desaparezca. El cerebro debe hablarle al cuerpo”.

Osho ofrece las siguientes sugerencias a las personas
que están experimentando con esta meditación,
las cuales pueden servir de gran ayuda:

Pérdida de peso:

“Primero dile al cerebro que estás enviando un mensaje al cuerpo, y que aquél es el que debe enviarlo. Entonces sencillamente le dices al cuerpo que perder cinco kilos sería algo ideal y que tú digieres normalmente. No metas la comida en el asunto. Sólo dile al cuerpo que unos kilos de menos es lo conveniente. Cuando llegues a ese punto, dile al cuerpo que se quede así, que no hay necesidad de perder más peso o de ganar más”.

Migraña:

“Háblale al cuerpo de dos maneras. Primero háblale al cuerpo entero, diciéndole que su ayuda es necesaria para alejar el dolor de cabeza. Explícale al cuerpo que el dolor no es su estado natural. No hay necesidad de tener que soportar este dolor. Luego habla con el cerebro directamente, con tus propias palabras, diciéndole: “Te quiero, pero este dolor no forma parte de tu naturaleza y ya es hora de deshacerse de él”. Cuando se haya ido, recuérdale al cerebro que no debe volver a recibir el dolor”.

Cómo Prepararse Para La Meditación

El aprendizaje más profundo de esta meditación sanadora consiste en convertirte en tu propio mejor amigo.
Antes de empezar el procedimiento, haz los preparativos necesarios para que en el curso de una hora nadie te moleste, y así puedas relajarte cómodamente sin ninguna interrupción. Ten a mano una manta, para que puedas abrigarte si lo necesitas.
Toma unos minutos para pensar en qué asuntos o síntomas de tu cuerpo te gustaría trabajar hoy. después ponte lo más cómodo posible, como mejor te encuentres, y pon el CD. No tienes nada más que hacer.
Para mayor información sobre este proceso y sobre Osho, visita

www.osho.com

Este proceso de tomar consciencia del cuerpo se ofrece como taller en el Resort de Meditación de Osho y en otros lugares del mundo. Por lo general, este proceso dura siete días, una hora cada día. Si quieres más detalles sobre el taller, visita

www.osho.com/bodymindbalancing

 

El Autor

 

   La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas en el mundo del tiempo, entre recuerdos del pasado y esperanzas del futuro.  Sólo rara vez tocamos la dimensión intemporal del presente, en momentos de belleza repentina, o de peligro repentino, al encontrarnos con una persona amada o con la sorpresa de lo inesperado.  Muy pocas personas salen del mundo del tiempo y de la mente, de sus ambiciones y de su competitividad, y se ponen a vivir en el mundo de lo intemporal.  Y muy pocas de las que así lo hacen han intentado compartir su experiencia con los demás.  Lao Tse, Gautama Buda, Bodhidharma… o, más recientemente, George Gurdjieff, Ramana Maharshi, J. Krishnamurti: sus contemporáneos los toman por excéntricos o por locos; después de su muerte, los llaman “filósofos”.  Y con el tiempo se hacen legendarios: dejan de ser seres humanos de carne y hueso para convertirse quizás en representaciones mitológicas de nuestro deseo colectivo de desarrollarnos dejando atrás las cosas pequeñas y lo anecdótico, el absurdo de nuestras vidas diarias.
            Osho ha descubierto la puerta que le ha dado acceso a vivir su vida en la dimensión intemporal del presente, ha dicho que es “un existencialista verdadero”, y ha dedicado su vida a incitar a los demás a que encuentren esta misma puerta, a que salgan de este mundo del pasado y del futuro y a que descubran por sí mismos el mundo de la eternidad.
            Osho nació en Kuchwada, Madhya Pradesh, en la India, el 11 de diciembre de 1931.  Desde su primera infancia, el suyo fue un espíritu rebelde e independiente que insistió en conocer la verdad por sí mismo en vez de adquirir el conocimiento y las creencias que le transmitían los demás.
            Después de su iluminación a los veintiún años de edad.  Osho terminó sus estudios académicos y pasó varios años enseñando filosofía en la Universidad de Jabalpur.  Al mismo tiempo, viajaba por toda la India pronunciando conferencias, desafiando a los líderes religiosos a mantener debates públicos, discutiendo las creencias tradicionales y conociendo a personas de todas las clases sociales.  Leía mucho, todo lo que llegaba a sus manos, para ampliar su comprensión de los sistemas de creencias y de la psicología del hombre contemporáneo.  A finales de la década de los 60, Osho había empezado a desarrollar sus técnicas singulares de meditación dinámica.  Dice que el hombre moderno está tan cargado de las tradiciones desfasadas del pasado y de las angustias de la vida moderna que debe pasar un proceso de limpieza profunda antes de tener la esperanza de descubrir el estado relajado, libre de pensamientos, de la meditación.
            A lo largo de su labor, Osho ha hablado de casi todos los aspectos del desarrollo de la conciencia humana.  Ha destilado la esencia de todo lo que es significativo para la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, sin basarse en el análisis intelectual sino en su propia experiencia vital.
            No pertenece a ninguna tradición: “Soy el comienzo de una conciencia religiosa totalmente nueva”, dice. “Os ruego que no me conectéis con el pasado: ni siquiera vale la pena recordarlo”.
            Sus charlas dirigidas a discípulos y a buscadores espirituales de todo el mundo se han publicado en más de seiscientos volúmenes y se han traducido a más de treinta idiomas.  Y él dice: “Mi mensaje no es una doctrina, no es una filosofía.  Mi mensaje es una cierta alquimia, una ciencia de la transformación, de modo que sólo los que están dispuestos a morir tal como son y a nacer de nuevo a algo tan nuevo que ahora ni siquiera se lo pueden imaginar… sólo esas pocas personas valientes estarán dispuestas a escuchar, porque escuchar será arriesgado.
            “Al haber escuchado, habéis dado el primer paso hacia el renacer.  De manera que esta filosofía no podéis echárosla por encima como un abrigo para presumir.  No es una doctrina en la que podráis encontrar el consuelo  ante las dudas que os atormenta.  No, mi mensaje no es ninguna comunicación oral.  Es algo mucho más arriesgado.  Trata nada menos que de la muerte y del renacer”.  Osho abandonó su cuerpo el 19 de enero de 1990.   Su enorme comuna en la India sigue siendo el mayor centro de desarrollo espiritual del orbe y atrae a millares de visitantes de todo el mundo que acuden para participar en sus programas de meditación, de terapia, de trabajo con el cuerpo, o simplemente para conocer la experiencia de estar en un espacio búdico.

 

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AGRADECIMIENTOS

            Nos gustaría expresar nuestros más sinceros agradecimientos por su colaboración a tantos amigos que hicieron posible el proyecto del CD Cómo recordar el lenguaje olvidado para hablarles a la mente y al cuerpo.
            Un agradecimiento especial al compositor Veet Marco, por su maravillosa e intuitiva composición musical.
            A Dhyan Prana, por la traducción y grabación del audio en español.
            Anando y Madita coordinadora con increíble creatividad el desarrollo y la producción de este proyecto en muchos idiomas. Muchas gracias a ellos y a todos los demás que contribuyeron con él.

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