El medallón central de Notre-Dame. 1ª parte

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
  El medallón de Notre-Dame 1ª parte El medallón de Notre-Dame 2 ª parte  

 

EL MEDALLÓN CENTRAL
DE

NOTRE-DAME

(Luis S. Guillén)
1Nuestra Señora, título que los católicos dan a María, madre de Jesús. La catedral de Notre-Dame, ubicada en la isla
de la Cité, es la catedral de París. Obra maestra del gótico temprano, se inició su construcción hacia 1160, sobre un
templo merovingio; en 1177 se terminaron el coro y el transepto, hacia 1200 la nave y en el primer tercio del s. XIII
la fachada. Más tarde se ampliaron los ventanales y se reconstruyeron los arbotantes. En el s. XIX se procedió a la
restauración completa de las fachadas exteriores, muy dañadas durante la Revolución francesa.


El bajorrelieve que nos ocupa ha venido a convertirse en muy popular entre los seguidores de
la alquimia en particular y de las ciencias herméticas en general a raíz del comentario sobre el
mismo por Fulcanelli en El Misterio de las Catedrales. Sabido es que, como dice Fulcanelli, todo
símbolo puede interpretarse en más de un sentido... mas no menos cierto es que la interpretación
correcta es aquella que coincide con la intención de su autor al desarrollarlo. Fulcanelli afirma que
el tal bajorrelieve representa a la Alquimia y que, en consecuencia, la catedral entera está fundada
en la ciencia alquímica, viniendo a ser, de esta manera, “el templo alquímico por excelencia.  Pues
la catedral entera no es más que una glorificación muda, pero gráfica, de la antigua ciencia de
Hermes...”
Creo que nadie discute ya la idea de que en las catedrales se esconde un simbolismo
alquímico: es una sospecha vieja. Sin ir más lejos, la mayoría de los temas popularizados en los
años 30 por Fulcanelli en su citado libro están recogidos de la obra publicada en 1640 por un
gentilhombre de Chartres, Esprit Gobineau de Montluisant, titulado Explicación muy curiosa de los

enigmas y figuras hieroglíficas, físicas, que se hallan en el gran pórtico de Notre-Dame de París.

Fulcanelli, qué duda cabe, los comenta sabiamente, con consideraciones de una exquisita erudición.
Y comienza sus análisis, precisamente, con este medallón, que se convierte en la puerta de entrada y
en la justificación de todas sus posteriores interpretaciones alquímicas de los bajorrelieves de la
catedral de París. Por ello se impone la pregunta: ¿realmente representa lo que interpreta Fulcanelli?
Y si no fuese así, ¿será una manipulación consciente de la verdad en pos de justificar una visión
interesada del templo erigido por el cristianismo? La cuestión no es baladí, pues si la respuesta a la
primera pregunta fuese afirmativa, entonces necesariamente habría que mirar el templo como
atanor, quizás crisol, pero no como santuario cristiano; y si la respuesta afirmativa correspondiese a
la segunda pregunta...
Vamos a intentar resolver estas dudas que se nos han planteado en el espíritu. Para ello, lo que
hemos de hacer es desprendernos de todo prejuicio y de toda interpretación ajena a la que nosotros
podamos llegar por nuestros propios medios... luego, cotejar el texto de Fulcanelli con nuestras
investigaciones y, finalmente, extraer, en consecuencia, las pertinentes conclusiones.
Fotografía del tímpano que le da nombre al pórtico central
de la catedral de Notre-Dame: pórtico del Juicio.
(París)

Todo empieza cuando, una vez frente al pórtico,
observamos el basamento del pilar central del mismo y
reparamos en que éste presenta una serie de medallones
con diversas representaciones simbólicas. ¿Qué es lo que
representan? Fulcanelli se limita a decir “una serie de
representaciones alegóricas de las ciencias medievales” y
no aporta dato alguno más. En ningún momento se
dignará hacer siquiera referencia escueta a cuales ciencias
medievales son, ni su número, ni, en consecuencia,
ofrecerá interpretación alguna de tales bajorrelieves. Esto
es incomprensible y marcadamente sospechoso ya que, sin
embargo, del conjunto de dichos medallones escoje uno,
el que sirve a sus propósitos, y que, efectivamente, está
dispuesto de forma que domina sobre los otros, al estar
situado al centro de los mismos, que en total suman,
juntos, siete. ¿Por qué ocupa el centro de la serie? Pues
porque representa la base intelectual en la que se apoyan

los otros. Las dichas “ciencias medievales” representadas
en el basamento del pilar central eran conocidas como las “Siete artes liberales”, las cuales
constituían el Trivium y el Cuatrivium (los dos ciclos de estudios de la época). Animo al lector

interesado en profundizar en las antiguamente llamadas Siete artes liberales y en el sistema de
estudios de la Edad Media, a leer el extenso y muy erudito artículo de Otto Willmann al final de este
trabajo, bajo el apartado de Anexos.
Lo importante de todo esto es que, ahora, tenemos nuestro famoso medallón situado en su
contexto, con el cual forma armonía lógica. Estamos, pues, ante la representación de una de las artes
liberales que se estudiaban en la Edad Media, y, más concretamente, en el siglo XIII, que es cuando
la fachada principal fue terminada en todos los sentidos (estructurales y ornamentales). ¿Pero cual
arte o ciencia es la representada? A la conclusión podríamos llegar por varios caminos indirectos, si
bien complicados... sin embargo, podemos llegar a la identificación fácilmente, atendiendo sin más
a la imagen en sí (mujer con un cetro: reina) y considerando su contexto (las ciencias): Reina de las
Ciencias. Así sólo es llamada la Filosofía (que, en aquel entonces, estaba combinada con la

teología: la escolástica).

No hay, pues, dudas sobre la razón por la que Fulcanelli omitió, deliberadamente, el referirse
3O quizás, sencillamente, porque necesariamente uno ha de ocupar el centro, dado que se trata de siete alegorías.
4Los temas del currículo antiguo y medieval: gramática, lógica, retórica, geometría, aritmética, astronomía y música.
La distinción entre artes liberales y artes prácticas se originó en Grecia. Según Platón y Aristóteles, las artes liberales
son aquellos conocimientos necesarios para el desarrollo de la inteligencia y la excelencia moral, diferenciándose así
de aquellos que son meramente útiles o prácticos. Los griegos no consideraban un número definido de artes liberales.
La primera discusión enciclopédica sobre las siete artes liberales fue escrita en el siglo I por Marco Terencio Varrón,
estudioso romano que también escribió libros sobre las artes más útiles de la medicina y la arquitectura. Las siete
artes, como fueron estudiadas durante la edad media, se conocieron principalmente a través de escritos de los siglos
V al VII, en especial por los trabajos del escritor latino Mariano Capell, el historiador romano Flavio Magno Aurelio
Casiodoro y el estudioso español san Isidoro de Sevilla.
El fin de las artes liberales medievales es preparar al estudiante no para ganarse la vida, sino la búsqueda de la
ciencia en el sentido estricto del término, es decir, la combinación de filosofía y teología conocida como escolástica.
(Para profundizar en el tema, consultar el Anexo)
5La actividad académica medieval se dividía en el elemental trivium y el más avanzado quadrivium. El trivium
comprendía gramática (que englobaba también el estudio de la literatura), retórica (que también cubría el estudio del
derecho) y lógica o dialéctica. Completar el trivium daba al estudiante el grado de diplomado. El quadrivium
comprendía aritmética, geometría (que englobaba geografía e historia natural), astronomía (a la que se solía añadir
astrología) y música, principalmente la referida a la eclesiástica. Una vez terminado el quadrivium, el estudiante era
recompensado con el título de licenciado en artes. (Para profundizar en el tema, consultar el Anexo)
6Ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones.
7Filosofía medieval, cristiana, arábiga y judaica, en la que domina la enseñanza de las doctrinas de Aristóteles,
concertada con las respectivas doctrinas religiosas.


al conjunto completo en el que está inmerso el medallón que le sirvió para introducir al lector en la
lectura “hermética” de los bajorrelieves de Notre-Dame... independientemente de que la intención
del artista que los labró fuera bien distinta, si no contraria, a sus interpretaciones. Pero avancemos,

quizás nos estemos equivocando en este primer juicio...

Aquel lector que esté habituado a las interpretaciones esotéricas de los textos, quizás esté
ahora pensando que la identidad con la Alquimia, abstracción hecha de que la figura es un medallón
de un conjunto dedicado a las Siete artes liberales medievales, queda establecida gracias a los
símbolos, emblemas o atributos que acompañan al personaje (los libros, la escalera, el cetro, el mal
llamado trono -como luego veremos-, la cabeza en las nubes)... La pregunta entonces sería:
¿realmente todo eso tiene una significación esotérica o, más bien, es una forma habitual, en la
época, de representar la Filosofía? ¿Es única la imagen u obedece a un patrón oficial?
¿He dicho patrón oficial? Me viene una relación a la mente: en aquel entonces, y desde hacía
ya varios siglos, había un filósofo, considerado mártir cristiano por la tradición y que celebraban su
festividad el 23 de Octubre, de un peso enorme, a través de sus obras, en la enseñanza de las artes
liberales de entonces y, en particular, de la Filosofía. En realidad, su obra era omnipresente en la
enseñanza, tanto laica como eclesiástica... y ese personaje se llamaba Anicio Manlio Torcuato

Severino BOECIO.

Antes de continuar, veamos bajo qué formas contribuía Boecio a la educación de la Edad
Media:
A la ciencia matemática y a la teoría de la música Boecio contribuyó con "De Institutione
Arithmetic Libri II", "De Institutione Music Libri V", y "Geometria Euclidis a Boethio in Latinum
translata". El trabajo mencionado al final, es encontrado en varios manuscritos de los siglos XI y
XII. Se ha encontrado también entre los manuscritos un trabajo "De Geometri", el cual, en su forma
existente, es considerado una elaboración del siglo IX o X, de un trabajo de Boecio. Qué tan genuino
8Pero queda fuera de toda duda el que si Fulcanelli hace omisión voluntaria del contexto en el que se halla su
figura es porque la conclusión a la que se llega si no eliminamos el conjunto en el que está inscrita es muy diferente a
la que él quiere llegar a toda costa: que se trata de la Alquimia, de la Ciencia Hermética y que es el Sello que
confirma el alma pagana del famoso templo cristiano. En su contexto, estamos ante la Filosofía medieval impartida
en los centros de enseñanza de aquella época histórica: la escolástica.
9Nació en Roma entre los años 470 y 480, en el seno de una antigua familia (los Anicios) de la que provenían
dos emperadores y un papa. Estudió en Atenas y fue filósofo, teólogo y hombre de Estado, ocupando el cargo de
cónsul y, luego, de ministro principal junto al rey ostrogodo Teodorico I, por entonces también señor de Roma. Pero
su suerte cambió cuando lo acusaron infundadamente de conspirar contra el rey. Boecio fue encarcelado, sus bienes
fueron confiscados y, luego de un año, fue decapitado (524).
Durante los meses que pasó en prisión, Boecio escribió la que sería su obra más famosa, De Consolatione
Philosophiae, una de las obras más leídas durante la Edad Media. En ella Boecio dialogaba con la Filosofía,
personificada en una mujer, abordando temas tales como el bien y el mal, el destino, el sentido, del conocimiento
que Dios tiene de nuestros actos y la libertad humana...
Su proyecto era traducir al latín las obras de Platón y Aristóteles, demostrando a su vez que ambos coincidían
en lo esencial. Sin embargo, sólo conocemos su traducción de las Categorías y del Peri hermeneias de Aristóteles y
de la Isagoge de Porfirio. A él pertenecen también varios escritos de Lógica, Música, Aritmética y Teología. Gilson
afirma que Boecio fue, en base a sus traducciones, comentarios y escritos, “el profesor de Lógica de la Edad Media
hasta el momento en que, en el siglo XIII, fue traducido al latín y comentado directamente el Organon completo de
Aristóteles”. Puede afirmarse también que él fue el medio por el que llegaron a Occidente, antes del siglo XIII, una
serie de conceptos de la lógica y la metafísica aristotélicas (acto, potencia, accidente, universal, substancia,
especie, etc.). De todos modos, esto no debe llevarnos a ver en Boecio a un "aristotélico puro". Por el contrario, la
influencia platónica y estoica en su pensamiento es evidente. Incluso su obra principal, De Consolatione
Philosophiae, tiene grandes similitudes con el Timeo de Platón. Además recoge y transmite conceptos estoicos,
como los de "Naturaleza", "ley natural" y "realidad" entendida como corporalidad; y temas estoicos, como los del
destino y la providencia divina. En su obra principal realiza la distinción, que luego sería central para la
escolástica, entre id quod est (todo el ente) y quo est o esse (aquello que hace que el ente sea).
Superando la herencia platónica, aristotélica y estoica, y siguiendo en ello a Agustín, entiende que Dios es un
ser personal. Y afirma que Dios es el mismo ser (ipsum esse) y que todo lo demás es fundado y recibe el ser de Él.
Dios es forma absoluta, forma sin materia. De todos modos, estas palabras no deben llevarnos a pensar que se
encuentra ya en él la distinción tomista entre esencia y existencia (esse). Para Boecio el esse o la forma es la
esencia universal. Al respecto dice Hirschberger que “la forma boeciana es al mismo tiempo esencia y existencia,
aunque necesitada de un sujeto, la materia, para realizar (en concreto) su ser, para ser este ser”.

es el trabajo, y en qué medida las interpolaciones se han filtrado, es un asunto del máximo interés
para el estudiante de historia general, pues de la respuesta depende la determinación de la fecha del
primer uso de los números arábigos en Europa occidental.
Los trabajos teológicos de Boecio incluyen “De Trinitate”; dos tratados cortos (opuscula)
dirigidos a Juan el Diácono (posteriormente Papa Juan I); "Liber contra Eutychen et Nestorium"; y
"De Fide Catholic". Éstos fueron muy estudiados en la temprana Edad Media, como es atestiguado
por el número de comentarios encontrados en los manuscritos tan antiguos como del siglo IX (p.ej.
comentarios por Juan Escoto Eriúgena y Remigio de Auxerre).
Los trabajos filosóficos de Boecio incluyen: Traducciones del griego, por ej., de tratados
lógicos de Aristóteles (con comentarios) y de “Isagogue” de Porfirio (con comentarios); comentarios
sobre "Isagoge" de Porfirio, traducido por Mario Victorino y sobre "Topica" de Cicerón ; tratados
lógicos originales, "De Categoricis Syllogismis", "Introductio ad Syllogismos Categoricos", "De
Divisione" (de dudosa autenticidad), y "De Differentiis Topicis". Estos ejercieron gran influencia en el
desarrollo de la terminología, el método y la doctrina medieval, especialmente en la lógica. De
hecho, y hasta el siglo XIII, los estudiantes medievales dependieron enteramente de Boecio para su
conocimiento de las doctrinas de Aristóteles. Ellos adoptaron sus definiciones y las hicieron de
dominio común en las escuelas; por ejemplo, las definiciones de “persona”, “eternidad”, y un largo
etc.
Pero la obra mejor conocida de Boecio es, indisbutiblemente,  De Consolatione Philosophiae
(Consolaciones de la Filosofía) escrita durante su cautiverio previo a su ejecución (“por mucho el
más interesante ejemplo de literatura de prisión que el mundo jamás haya visto”). Es un diálogo
entre la Filosofía y Boecio en el cual, la Reina de las Ciencias, se esfuerza en consolar al estadista
caído. El principal argumento del discurso es la transitoriedad y la irrealidad de toda la grandeza
terrenal y el deseo superior de las cosas de la mente. Hay rastros evidentes de la influencia de los
neoplatónicos, especialmente de Proclo. El recurso al estoicismo, especialmente a las doctrinas de
Séneca, era inevitable, considerando la naturaleza del tema.
El trabajo aborda muchos problemas de metafísica así como de ética. Trata del Ser y de la
Naturaleza de Dios, de la providencia y del destino, del origen del universo, de la libertad, de la
voluntad... En épocas medievales, se convirtió en uno de los libros filosóficos más populares y más
influyentes, un estudio favorito de estadistas, poetas, e historiadores, así como de filósofos y
teólogos. Fue traducido al anglosajón por el rey Alfredo el grande, y al antiguo alemán por Notker
Teutónico; su influencia se puede encontrar en el Beowulf y en Chaucer; en la poesía popular anglo-
normanda y en la provenzal; en las primeras muestras del verso italiano, así como en la "Divina
Commedia" en donde hallamos aquí y allá ecos de él y citas frecuentes. La parte importante que
jugó en la lucha mental de Dante después de la muerte de Beatrice se describe en el "Convito".  En
fin, el que "De Consolatione" fue un estudio filosófico favorito de teólogos se hace evidente por las
imitaciones numerosas bajo el título "De Consolatione Theologiae" que fueron leídas ampliamente
durante la tardía Edad Media...
Pues bien, la descripción que hace Fulcanelli del bajorrelive, señalando que dicha figura
representa la Alquimia es, punto por punto, la descripción simbólica de la Filosofía dada por el
patricio romano, mártir cristiano según la tradición y cuyo culto en Pavia fue aprobado cuando, en
1883, la Sagrada Congregación de Ritos confirmó la costumbre prevaleciente en esta diócesis de
honrar a San Severino Boecio, el 23 de Octubre...
Y como el movimiento se demuestra andando, ¡veámoslo!

Fulcanelli versus Boecio   
Libro Primero, Prosa Primera
1.–...parecióme que sobre mi cabeza se erguía
la figura de una mujer de sereno y majestuoso
rostro, de ojos de fuego, penetrantes como
jamás los viera en ser humano...
2.–Pues ya se reducía y abatiéndose se
asemejaba a uno de tantos mortales, ya por el
contrario se encumbraba hasta tocar el cielo
con su frente, y en él penetraba su cabeza,
quedando inaccesible a las miradas humanas.
3.–Su vestido... ofrecía, envuelto como en
tenue sombra, el aspecto desaliñado de cosa
antigua.
4.–En su parte inferior veíase bordada la letra
griega pi (inicial de práctica), y en lo más alto,

El Misterio de las Catedrales, París, Ila letra thau (inicial de teoría) y enlazando las

dos letras había unas franjas que, a modo de
De cara a la plaza -y en el lugar de honor-,peldaños de una escalera, permitían subir desde
aparece la alquimia representada por una mujeraquel símbolo de lo inferior al emblema de lo
cuya frente toca las nubes. Sentada en un trono,superior.
lleva un cetro -símbolo de soberanía- en la

mano izquierda, mientras sostiene dos libros
con la derecha, uno cerrado (esoterismo) y el6.–La mayestática figura traía en su diestra


mano unos libros; su mano izquierda empuñaba

otro abierto (exoterismo). Entre sus rodillas y
apoyada sobre su pecho, yérguese la escala deun cetro.
nueve peldaños -scala philosophorum


[Boecio no reconoce a la mujer de su aparición,

jeroglífico de la paciencia que deben tener sus


cosa que ocurre más adelante]:

fieles en el curso de las nueve operaciones

sucesivas de la labor hermética...
Así, la catedral se nos presenta fundada en1.–Por semejante manera, ahuyentadas las
la ciencia alquímica...nubes que me ensombrecían de tristeza, miré
...el expresivo bajo relieve que acoge alcon avidez la luz del cielo; y recobrados mis
visitante bajo el pórtico de la basílica. Lasentidos, pude reconocer el rostro de aquella que
Filosofía hermética, la antigua Espagírica, le danme curaba.
la bienvenida en la iglesia gótica, en el templo


2.–Así, pues, volví mis ojos para fijarme en

alquímico por excelencia. Pues la catedral entera

no es más que una glorificación muda, pero


ella, y vi que no era otra sino mi antigua

gráfica, de la antigua ciencia de Hermes...


nodriza, la que desde mi juventud me había


recibido en su casa, la misma Filosofía.

Bien, ya habíamos llegado a la conclusión de que nuestra figura representaba la culminación
de los estudios liberales de las artes medievales: la Filosofía... ahora tenemos, además, la
confirmación indiscutible por el inspirador de la simbología que la acompaña: el considerado primer
filósofo escolástico y el “último de los romanos”, Anitius Manlius Torquatus Severinus Boethius.
10Es decir, práctica y teoría (πραχτιχη y θεωρητιχη). La escala que une estas letras simboliza los grados de la
sabiduría. La descripción que hace aquí Boecio inspiró a los artistas de los siglos XII y XIII. (Nota original)

Ahora, pues, pasemos al análisis de los símbolos no olvidando, en ningún momento, lo que
hasta ahora ya hemos aprendido y conocido fehacientemente, sin apelar en ningún momento a la
subjetiva imaginación personal.
El cetro ya lo comentamos y, gracias a él, llegamos a la conclusión, antes de leer a Boecio,
que la mujer era la Filosofía escolástica de la Edad Media (mujer con cetro = reina y el contexto en
el que está, las artes liberales, las ciencias abstractas de la antigüedad: Reina de las Ciencias, título
dado a la Filosofía). Boecio la describió portando el cetro en la mano izquierda, y así es como la
representó el artista.
Boecio la describe con la frente tocando las nubes, en las que a menudo penetraba la cabeza, y
eso es lo que el artesano labró en el medallón. Esto simboliza que la Filosofía es el camino racional
que permite entrever los misterios celestes, la Sabiduría divina, que se adquiere por la fe y es un don
de Dios. Los escolásticos, que querían armonizar la Filosofía clásica con la Revelación, pensaban
que aquélla no podía penetrar los misterios de ésta y que, en caso de conflicto entre fe y razón, la fe
prevalecía... si la Filosofía entraba en conflicto con la Revelación, esta última era la que tenía la
Verdad. Sin embargo, la Filosofía era el camino del Conocimiento, la cual podía ayudar a conciliar
en el hombre los Misterios divinos revelados con su limitada Razón.
Boecio la imaginó dotada de peldaños, a modo de escalera, y eso
es lo que representa el artista en el bajorrelieve. En la base se
supone debía tener grabada la pi griega y en su parte superior la
griega tau (práctica y teoría)... mas tales no parecen haber sido
grabadas. Sin embargo, se puede teorizar que, en sus orígenes,
estuvieran pintadas en la figura pues, como se sabe, el pórtico del
Juicio, y resto de la fachada, tenía decorados sus relieves con
dorados, plateados y esmaltes. El tiempo, y las barbaridades
humanas, apenas han dejado restos de esto en algún capitel
escondido. Y en este supuesto bastante problable, seguramente
también estarían escritos en los huecos de los peldaños los niveles
que había que atravesar en el estudio (Trivium y Cuatrivium) para
llegar al conocimiento total (ver imagen). Es decir, podríamos
imaginar la pi en el primer hueco (no cerrado) y la tau en el último
(no cerrado) y nos quedarían ocho huecos escritos. ¿Ocho? Sí, por
qué no... aunque las artes liberales, como las artes illiberales, se decían siete, en realidad podían ser
más, muchas más (me remito al Anexo en donde se explica en profundidad todo este tema de los
estudios en la edad media y más allá, en la clásica griega); por ejemplo, en el tiempo de  M.
Terentius Varro de Reate, las Siete artes liberales eran nueve, ya que se les habían añadido la
arquitectura y la medicina. En otro momento del tiempo, la medicina fue pasada a las artes
illiberales, las cuales hubo momentos que tuvieron no siete, sino el doble, es decir, catorce niveles.
Parece ser que en el tiempo en que fue labrado el medallón, el ciclo de estudios estaba compuesto
por ocho disciplinas, si bien esto es una hipótesis, y, muy probablemente, fuese la arquitectura la
añadida. En la imagen que acompaña este texto, de un manuscrito medieval de la obra de Boecio,
creo se explica gráficamente lo comentado (aquí son siete artes, es decir, ocho peldaños). En
cualquier caso, para poder pensar que representan lo que dice Fulcanelli, primero se tendría que dar
el que la dama representa a la Alquimia...
Dice Boecio que su mayestática dama tenía, en su mano derecha, unos libros... y eso es lo que
nuesto escultor ha representado fielmente en el medallón: libros. Los libros son los depositarios
materiales del conocimiento y del aprendizaje y, en ellos, están contenidos todos los principios del
saber humano, tanto escritos por la mano de la Filosofía, como dictados por el Espíritu divino en la
Revelación (libros sagrados). Es a través de ellos que se aprende en los colegios y en las
universidades pues son ellos los depositarios del Conocimiento y de la Tradición. A partir de este

punto, cuanto digamos será fruto de nuestra imaginación, de nuestras suposiciones. Podemos, por
ejemplo, pensar que, estéticamente, queda mejor presentar dos libros de forma asimétrica, es decir,
que no estén los dos abiertos ni los dos cerrados, sino alternados... igual que en las esculturas
clásicas el cuerpo modelado en la piedra solía estar con una de sus piernas relajadas, a fin de crear
una curva sinuante en el eje de la estatua y romper así la simetría paralizante, dándole “vida”,
“movimiento” a la piedra cincelada... Para Fulcanelli aquí expresan el exoterismo (libro abierto) y el
esoterismo (libro cerrado); el problema es que el medallón en absoluto está orientado al
hermetismo, si bien reconozco que eso no invalida esa interpretación, pues es válida en el campo
filosófico... yo, pues, voy a ofrecer mi versión: Puesto que estamos ante un templo de signo
cristiano y católico; puesto que estamos bajo el influjo absoluto de una filosofía escolástica...
imagino que el libro abierto es el Nuevo Testamento y el libro cerrado el Antiguo Testamento.
Aquel, abierto, es el camino de la Redención, la nueva luz divina que guia a los hombres... en tanto
que el otro ha sido cerrado pues ya cumplió su cometido de preparación de la venida del Salvador...
sobre la escena, no olvidemos, tenemos el impresionante Juicio Final... En cualquier caso, para la
Dama de Boecio, los libros que lleva en la mano son los depositarios de sus conocimientos y
sabiduría, pues lo que da valor a los libros son los pensamientos contenidos en ellos (Prosa quinta,
6)...
Y ya, por último, señalar otro detalle tergiversador en la descripción del admirado Fulcanelli:
“sentada en un trono, lleva un cetro”.  De esta manera tan verdaderamente sabia, nuestro alquimista
elude el compromiso de explicar el dónde está sentada la ilustre dama, pues se produce la
asociación de ideas de que el cetro explica el trono y viceversa: símbolos de soberanía
complementarios... pero, ¿es un trono? (Asiento con gradas y dosel, que usan los monarcas y otras
personas de alta dignidad, especialmente en los actos de ceremonia). No, no lo es. Y lo que es
Fulcanelli lo sabe, pero lo elude, pues su asiento relaciona, una vez más, a la figura con la
enseñanza, con la pedagogía, con los estudios medievales. Así que, como ya ha hecho más de una
vez en nuestro estudio, lo omite en un acto de “prestidigitación”, similar a cuando escurrió el bulto
al comentar el entorno en el que está inscrito el medallón con el escueto “una serie de
representaciones alegóricas de las ciencias medievales”... y punto: pero eso no interesa, de esa serie
sólo nos interesa este medallón... manipulación descarada.
Pues bien, nuestra Filosofía está sentada en lo que los romanos
llamaban cathedra, es decir, una silla de brazos que puede tener o no
respaldo pero, en este caso, un respaldo corto, no más arriba de los
riñones, salvo en muy raros casos; y así es como se llama aún hoy a
las sillas episcopales. También es llamado así el asiento desde el que
el maestro da lección a sus discípulos. Y la Filosofía, por muy leídos
que tengamos sus libros, siempre nos está enseñando nuevos
conocimientos, dándonos nuevas lecciones, pues el saber no ocupa
lugar, pero sus profundidades son infinitas.
Y esto es todo, ahora cada cual extraiga sus convenientes y pertinentes conclusiones.
Luis S. Guillén
14-12-2004
Concluyo este trabajo añadiendo una de las muchas representaciones de Boecio en las que se
le representa a la manera que él imaginó y simbolizó la Filosofía... necesariamente, la imagen nos
recordará el medallón central de Notre-Dame.