Givry, Grilot de  - La Gran Obra   1ª parte

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
1ª parte 2ª parte 3ª parte 4ª parte
 

 


 
 
Givry, Grilot de  - La Gran Obra                                                                                                                    1 
 
 
GRILOT DE GIVRY
 
LA GRAN  OBRA


Doce meditaciones sobre la vía esotérica al Absoluto



Givry, Grilot de  - La Gran Obra                                                                                                                    2 



Titulo del original: La Grand CEuvre, XII medltations sur la voie ésotérique de l'absolu 
Primera edición en español: 1982 Cuarta edición: 2001 
D.R. © EDITORA Y DISTRIBUIDORA YUG, S.A.DE C.V. 
Puebla 326-1, Col. Roma, 
C.P. 06700, México, D.F. 
e-mail: editorial@yug.com.mx 
www.yug.com.mx 
Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso por escrito de la casa editora 
IMPRESO Y HECHO EN MÉXICO ISBN 968-7149-16-7

 
 
Índice
Nota editorial
Introducción
El mysterium mágnum
 I El sujeto del arte
 II. preparación y purificación
 III. Ignis philosophicus
 IV. Disolución
 V. Conjunción
 VI. Putrefacción o hilación, o bien muerte
 VIL Sublimación, destilación
 VIII. Coagulación, cambio del color, cabeza de cuervo
 IX. Fijación
 X. El lirio del arte, quintaesencia o elíxir perfecto
 XI. Multiplicación
 XII. Aumento o proyección
Apéndices
La Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto
Los colores de la obra
Bibliografía
 

Nota editorial
 
El interés creciente que el hombre actual manifiesta hacia el saber esotérico puede
interpretarse como un intento de su espíritu por acceder a un mundo más luminoso, a una
claridad que rara vez logra vislumbrar en su peregrinación por la Tierra.
 
La civilización moderna, materialista y técnicamente desarrollada, es hostil a la búsqueda
de esta otra vida. Para ella, la única realidad es la que pueden medir sus aparatos. Cualquier
manifestación de una realidad distinta es rápidamente negada y etiquetada: se trata de una
alucinación, de un mito, de una mera proyección del inconsciente colectivo. Pero esta
realidad otra es inextinguible y aflora tercamente cada día en los más variados terrenos y no
sólo en el del espíritu: biología, medicina, física.
Paulatinamente el hombre ha ido sumergiéndose en una creciente ignorancia de su
dimensión espiritual. La literatura esotérica es un camino que le permite el acceso a la
gnosis perdida, de la que hay que precisar que no es sólo un saber espiritual. El esoterismo
se apoya en presupuestos que la ciencia moderna no tiene ni es capaz de tener en cuenta.
Partiendo de premisas cósmicas no estudia al hombre exclusivamente como animal racional
o al cosmos como única realidad; profundiza el misterio de aquél y de la creación entera.
 
El propósito de todas las ciencias de la tradición, su meta final, es la de operar la
metamorfosis completa del hombre, su regeneración. Estas ciencias son aspectos y
aplicaciones del saber primordial cuando, como dice el Zohar, no existía ninguna
especificación que tuviera que ser designada porque el Todo no formaba más que Uno.
Tarea de las ciencias herméticas es la de guiar al ser humano, desorientado en este mundo
de lo que se manifiesta en forma variante, a la unidad consciente de todo lo que existe, a lo
que es, a la vez, eterna e infinitamente igual y vario. Como señala el mismo Zohar: "los
sabios son aquí abajo las columnas del palacio celeste; y es gracias a su inteligencia como
los profanos pueden entrever los esplendores de ese mundo".
 
En esta nueva colección pretendemos resucitar los textos clásicos del saber hermético;
restituir, debidamente traducidos y presentados, los libros esotéricos que han sido ocultados
y perseguidos sistemáticamente; poner a disposición de los lectores esta vía cifrada del
conocimiento para contribuir así al éxito de su búsqueda, que es también la nuestra.
 
Aunque por detrás de las diferentes manifestaciones históricas, culturales, metodológicas,
etcétera, las diversas disciplinas de las ciencias de la tradición enseñan esencialmente lo
mismo, centraremos esta colección en las más desconocidas y que, sin embargo, nos son
muy próximas culturalmente, lo que facilita su comprensión: el saber hermético occidental.
Trataremos de recorrer un camino ininterrumpido —sin seguir en el orden de aparición de
las publicaciones sucesión cronológica alguna— que abarque la mística y la cábala judías,
la tradición grecolatina, la árabe, los autores renacentistas, las diversas escuelas europeas
del siglo XVII y parte del XVIII, las tradiciones masónicas, algunos hermetistas
contemporáneos... En la medida de nuestras fuerzas la Biblioteca Esotérica intentará ofrecer
un cuadro lo más completo posible del hermetismo occidental.
EDITORIAL YUG
 
Givry, Grilot de  - La Gran Obra                                                                                                                    5

Introducción
La alquimia fue y sigue siendo un misterio, un saber incomprensible para los no iniciados.
Y sin embargo, cualquier interesado por el tema no puede poner en duda que se trata de un
saber.
1


En el terreno de la ciencia positiva, tanto los verdaderos alquimistas como los sopladores

realizaron innumerables descubrimientos de gran importancia, aunque, en el caso de los
alquimistas, figuren al margen de sus trabajos fundamentales. Alberto Magno fue el
primero en preparar la potasa cáustica y en desentrañar la composición del cinabrio y el
minio. Basilio Valentín descubrió el antimonio y los ácidos clorhídrico y sulfúrico,
Paracelso el zinc, Brandt el fósforo... Se dice que "fueron" los padres de la química,
expediente cómodo para ponerlos fuera de juego en un pasado remoto en el que se les
permite existir porque no había ciencia; hoy día su existencia sería incompatible con los
modernos adelantos.
 
Pero resulta que también hoy siguen siendo "padres" de saberes positivos de los que la
ciencia no da razón. Armand Barbault, estudioso del arte que vive en esta segunda mitad
2


del siglo xx, consigue descubrir cuerpos no analizables con los medios actuales. Según

3


confesión propia sus métodos han sido el Mutus Liber y la Tabla de Esmeralda. Con tierra

y el célebre rocío de los alquimistas ha producido un licor medicinal parecido al "oro


potable" de Paracelso que cura enfermedades y que no puede ser reproducido por la

síntesis de la química actual. Los industriales de los laboratorios farmacéuticos hablan
sobre "un nuevo estado de la materia dotado de propiedades misteriosas". Barbault no
oculta sus métodos, que explica en detalle, diciendo cuáles son las materias primas
empleadas. Ha alcanzado, al parecer, lo que los maestros llaman el primer grado de


perfección, y sigue trabajando para alcanzar el segundo.

 
El caso de Fulcanelli es también muy conocido. Jacques Bergier se entrevistó en 1937 con
un desconocido —Fulcanelli— que le explicó un procedimiento para desencadenar las


fuerzas atómicas.

 
Menos sabido es el hecho de que este adepto contemporáneo conocía muy bien a los padres
de los estudios sobre la radactividad, Curie y María Sklodovska, y que ambos buscaban la


piedra filosofal, teniendo sus trabajos una clara orientación alquímica.

 Sopladores es el nombre despectivo dado a los falsos alquimistas Algunos eran pura y simplemente unos farsantes. Otros

pretendian obtener oro. Los más afortunados acabaron descubriendo alguna sal purgativa —como Glauber, cuya sal es
muy conocida en farmacia o algún procedimiento para fabricar porcelana o cerillas de azufre, son los  antepasados de  la 
ciencia.
2


Armand  Barbault ha publicado  unas memorias sobre sus experiencias con el título L'Or du milliéme matin, Editions Publications Pre

mieres. París, 1969.


Dos  obras  clásicas  de  alquimia.   Véase  apéndices.

 Véase  la nota 62  del texto.

 La preparación  de la materia  prima de la obra.

 El relato puede encontrarse en Le matin des Magiciens, de J. Bergier y L. Pauwels, publicada en Plaza y Janes con el título de El

retorno  de  los  brujos,  en  la  colección  Otros  Mundos.   Barcelona.
7


 E. Canseliet. L'Álchimie expliquée sus ses textes clasiques, Jean Jacques Pauvert, 1972. Existe una traducción castellana en Luis

Cárcamo editor,  Madrid,   1981.
Givry, Grilot de  - La Gran Obra                                                                                                                    6


Una prueba suplementaria puede ser suministrada al lector escéptico por el hecho de que la
comisión ALSOS, dependiente de los servicios de investigación norteamericanos y
encargada en 1945 de encontrar a todos los que en Europa habían tenido alguna relación
con la ciencia atómica, anduvo buscando a Fulcanelli. También es sabido que al acabar la
segunda guerra mundial entidades oficiales norteamericanas y rusas rastreaban y adquirían
en Europa todos los libros de alquimia que podían encontrar.
 
Así que los alquimistas no "fueron" los padres de la ciencia. Poseían un saber, algunas de
cuyas parcelas descubre la ciencia de hoy, quedando muchas otras fuera del alcance y
comprensión de esta ciencia positiva contemporánea. La lista de los saberes redescubiertos
sería larguísima. La física ha averiguado en este siglo que los metales son trasmutables por
captación de electrones, pudiéndose transformar en oro. Igualmente, ha clasificado la
complejísima estructura de la materia mediante ciertas disposiciones simétricas
denominadas SU(3), SU(6) y U(3), siendo todas las partículas, es decir, toda la realidad,


una combinación entre estas tres cosas y sólo tres.

 
Todo ello es una aparente novedad. Sin embargo los alquimistas transmutan los metales en


oro desde la más remota antigüedad y desde siempre han afirmado que el mercurio, el

azufre y la sal son la base de todo, etcétera, etcétera.

 
En todos los dominios de la ciencia actual se encuentran conocimientos afirmados
declarativamente mucho ha por los alquimistas. La medicina, mientras que por un lado
afina su análisis del organismo humano y estudia cada vez con mayor profundidad cada uno
de sus componentes, por el otro vuelve a interesarse por el hombre en su conjunto, en
relación no sólo con la geografía y la sociedad, sino también con el macrocosmos. Se
redescubre a Paracelso y otros, y las "otras medicinas" conocen un auge sorprendente. La
psicología se ve obligada a elaborar teorías como la del "inconsciente colectivo", con lo que
descubre "científicamente" cosas sabidas desde siempre por magos y hermetistas. Los
recientes descubrimientos de la biología sobre la estructura helicoidal de las moléculas
ADN eran ya simbolizadas por cabalistas y alquimistas (la cadena de los alef o la doble
serpiente de Mercurio). La lista sería interminable. No es nuestra finalidad elaborar un
balance de los conocimientos de los alquimistas en relación con la ciencia moderna: el
lector interesado en ello puede encontrarla en los numerosos libros especializados.
Deseamos sólo establecer una primera afirmación que parece evidente: la alquimia es un
saber.
 
Que la alquimia es un saber no ofrece dudas para el que se interesa en ella y, menos aún,
para el discípulo. Pero lo que no está claro es qué clase de saber sea, cuál es su contenido,
de qué trata.
 


 La idea es del científico chino T. D. Lee, Premio Nobel de flilin en   1957;  se  conoce  con  el  nombre  de  teoría de los "quarks".

 Véase   las  pruebas   documentales  de   ello   en   el  libro  de Jaques Sadoul,   El   tesoro   de   los   alquimistas,  cap.   VII,   libro   2. 

Editado en castellano por Plaza y Janes, Barcelona,  1976.


 Que no hay que confundir con las sustancias químicas del mismo nombre.  Véase notas  al  texto   12.   18-19.

Estudiando su historia se pueden hacer varias constataciones. Una de ellas, evidentísima, es


que consiste en un saber respecto a, relacionado con la naturaleza, con la ϕíóéó Al menos

esta primera constatación nos permite sospechar que la alquimia no es sólo un saber
"espiritual" sino que tiene que ver con la materia en su sentido ordinario, con minerales,
vegetales y animales considerados desde el punto de vista de las ciencias naturales. Todos
los adeptos han insistido en ello. Que la alquimia sea madre de la química no es pues
ninguna casualidad. Parece que cualquier disciplina alejada del laboratorio no puede ser
llamada alquimia. Claude d'Yge resume muy bien esta manera de pensar:
 
Quienes piensen que la alquimia es estrictamente espiritual, que se abstengan; quienes
piensen que la alquimia es sólo un símbolo para develar analógicamente el proceso de la
"realización espiritual", en suma, que el hombre es la materia y  el  atanor  de  la  obra,  que


abandonen sus proyectos.

 
La observación no es superflua. Permite al estudioso deslindar la alquimia de las


"solicitudes engañosas o insensatas" como las llama Canseliet.

 
Decíamos pues que la alquimia tiene que ver con el laboratorio, con las ciencias naturales,
con la naturaleza. Pero con ello nos quedamos completamente a oscuras. La física no es una
realidad sustantiva, no tiene entidad propia, no puede considerarse por sí sola, excepto si
acotamos un dominio particular de la naturaleza dentro de un campo estadístico para
efectos prácticos de estudio. La física no es un saber absoluto.
 
La naturaleza, citando a un autor nada sospechoso de afición por la alquimia, es
"infinitamente rica en profundidad". Por ejemplo, el cinabrio carece de entidad propia si
salimos del conjunto que estudia los minerales. Es un sulfuro de mercurio y por ello pasa a
ser azufre y mercurio; ante estos dos conceptos de azufre y mercurio desaparece el cinabrio
que no es ahora sino una de las múltiples posibilidades de combinación de ambos. Pero
tampoco ellos tienen entidad propia salvo en el conjunto de los elementos. Sus átomos
están compuestos por electrones girando en torno a un núcleo.


 La palabra física no tenía entre los griegos el sentido restringido de hoy. Derivada del verbo ϕíù nacer, producir, significaba

naturaleza, nacimiento, producción.
12


 Nouvelle Assemblée des Philosophes Chymiques. Dervy Livres. París, 1954.

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 Dicho autor, junto con muchos otros contemporáneos, colocan entre  estas   solicitaciones  al   psicoanálisis —Bachelard  y 

particularmente el desarrollado por Jung— y también algunas teorías espiritualistas en boga.   Fuera de la alquimia quedarían diversas 
corrientes especulativas abstractas.   El   lector  interesado   en   este   deslinde   puede   consultar   las diez  primeras páginas  del Ensayo
sobre el arte  de la alquimia, publicado  en esta colección y escrito por Emmanuel d'Hooghvorst,  un estudioso   contemporáneo   del   arte 
que,  con   ecuanimidad,   separa   unos terrenos de otros.

Givry, Grilot de  - La Gran Obra                                                                                                                   

Así que desaparecen como desapareció el cinabrio para transformarse en adjetivos, en


posibilidades de combinación de otra realidad material más sustantiva: electrones.

 
Pero los electrones están formados por otras partículas; corren la misma suerte que el
cinabrio, el azufre y el mercurio. Y así sucesivamente. La materia se esfuma entre las
manos del físico moderno, que se queda sin ladrillos con los que edificar el mundo de la
realidad material.
 
Cuando se volatiliza esto que hemos llamado materia resulta otra cosa, digamos una


materia más sutil a la que se ha convenido en llamar energía. Pero ¿qué es la energía?

¿Está a su vez formada por alguna otra cosa? En el caso de que la respuesta fuese
afirmativa, ¿daríamos alguna vez, bajando de escalón en escalón por las profundidades de
16


la materia cada vez más sutil, con el fundamento de todo, con la mónada indivisible?

 
A ello, al parecer, han consagrado con buen éxito los alquimistas una parte de su trabajo.
"Todas las cosas se forman de un aire líquido o de un vapor", dice el Cosmopolita en su
Nueva luz química. Y también la misma obra, hablando de la materia prima: "Es piedra y
no lo es... porque tras la destrucción de su forma es necesario reducirla a una esencia
única... y ello podrá hacerlo sólo cuando recobre su universalidad".
 
Una gran parte de los escritos de los adeptos está dedicada a explicar en su lenguaje
peculiar cómo hay que proceder para obtener esta "primera materia" de la que están hechas
todas las cosas, y a qué operaciones hay que someterla para transformarla en la piedra de
primero, segundo o tercer orden, es decir, en volverla apta para que opere en los tres reinos
conocidos de la naturaleza.
El problema de si esta primera materia sea una mónada sustancial de alguna naturaleza
desconocida o una disposición, una relación, no importa aquí ahora. Tanto en uno como en
otro caso, lo dicho no se sale del dominio estricto de la física, de la racionalidad, de lo
universalmente comunicable.
 
Los alquimistas abordarían la realidad a su manera, con sus métodos, y así habrían obtenido
resultados, algunos de los cuales confirma y "descubre" hoy otro camino de búsqueda -el de
la ciencia moderna— mientras que no pocos de estos resultados los alquimistas los saben,
pero los científicos no, o no todavía.
 
14


 Sabido es que en el siglo XVIII el químico francés Lavoisier y su escuela revolucionaron la química mostrando que los hasta entonces

llamados "cuerpos simples" se podían descomponer. Lo que no es tan generalmente sabido es que los alquimistas no sólo conocían desde
siempre estas teorías, sino que adema» iban más allá pues sabían cómo combinar los elementos constitutivos de los cuerpos simples para
transformar unos en otros. No podemos resistir la tentación de citar un adepto del siglo XIII (en la "negra" Edad Media, quinientos años
antes que Lavoisier) aunque este saber ya lo poseían los griegos —pitagóricos y cosmologías presocráticas— quienes, a su vez,
afirmaban haberlo  heredado  de  los  sacerdotes   egipcios:
"Cada cosa está compuesta por elementos en los que se puede descomponer. Citemos un ejemplo innegable y fácilmente comprensible: el
hielo se disuelve en agua con ayuda del calor; por tanto es agua. Ahora bien, todos los metales se disuelven en mercurio; así pues, este
mercurio es la materia prima de todos los metales. Más adelante explicaré como se hace esa transmutación, y así destruiré la opinión de
quienes pretenden que no es posible cambiar la forma de los metales. Ellos tendrían razón si no se pudiera reducir el metal a su materia
prima, pero yo demostraré que esta reducción a la materia prima es fácil. . ." (Camino del Camino. Arnau de Vilanova, 1245-1310).
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 Incluso se ha medido la relación entre una y otra, relación que expresa la conocida ecuación e = mc. También la transformación de la

energía en materia es predecible y el astrónomo soviético Ambart-zouniam fue el primero que predijo en este siglo la aparición de
estrellas, su nacimiento, en lugares donde no las había, pero donde se   había  concentrado  una  gran  cantidad  de   energía.
16


 Señalamos de paso que Leibniz, quien reintrodujo el concepto filosófico de mónada en la historia del pensamiento "occidental", le

interesó por los rosacruces, estuvo al parecer en contacto con Ireneo Filaleteo, cita en sus obras a Raimundo Lulio, Robert Fludd,
etcétera.
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Una semejante concepción "dentista" de la alquimia y de su objeto también está hoy muy
extendida. La alquimia sería una ciencia sus resultados experimentales han sido tan
ampliamente divulgados que ya no se pueden ignorar pura y simplemente— de la que sólo
haría falta conocer el modus operandi.
 
Pero semejante concepción es difícil de ser mantenida a menos que resuelva los problemas
con los que se topa. No quedan explicados los orígenes de tal saber. Para ello se ha echado
mano de extraterrestres, de Atlánlidas y de civilizaciones desaparecidas. Otros han
explorado los libros sagrados de diversas tradiciones o algunos saberes iniciáticos. Pueden
admitirse a título de hipótesis algunas de estas explicaciones pero, en todo caso, no
pertenecen al reino de la ciencia positiva en el que nos veníamos moviendo. Además, no
parece lógico admitir una parte de la explicación sin aceptar el resto, máxime cuando la
inmensa mayoría de estas hipotéticas explicaciones —por no decir todas— conducen
inmediata y directamente a una concepción distinta de la de la ciencia actual.
 
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Otra dificultad es la del lenguaje de los adeptos completamente incomprensible en las

primeras aproximaciones; su hermetismo declarado y afirmado expresamente como barrera
para los no dignos; su manifestado juramento de secreto respecto a aspectos principales de
la obra. ¿Qué clase de ciencia es ésta que se esconde? ¿Por qué?
 
Algunos pretenden que la dificultad de este lenguaje consistiría únicamente en su
simbolismo: bastaría descifrarlo para entenderlo todo. No dudamos que los numerosos
estudios de simbología contribuirán ciertamente a esclarecer determinados problemas del
lenguaje, particularmente los concernientes a la relación entre el pensamiento y su
expresión (¿se abordará algún día el problema de qué es lo que expresa el pensamiento, de
que así como el lenguaje refleja con más o menos acierto el movimiento del pensamiento,
puede que el pensamiento refleje con más o menos acierto alguna otra cosa?). La alquimia,
aunque en verdad habla por alegorías, no podrá ser desentrañada por los simbolistas porque
no es una criptografía a descifrar, es, como dicen sus adeptos, un don de Dios.
 
Sabemos que esta afirmación puede ser sometida a desciframiento por la simbología, pero
cualquier desciframiento que hagan de ella es, a su vez, descifrable, traducible, historizable,
mientras que la afirmación de los adeptos no es reductible al puro saber profano. Como
afirma Filaleteo: "Vosotros que sabéis semejantes cosas, ¿por ventura tenéis la piedra? Yo
la poseo sin haberla recibido de nadie (si no es de mi Dios), no la he robado, la tengo, la he
hecho, la tengo en mi poder cada día, la he trabajado a menudo con mis propias manos.
18


Escribo lo que sé, pero no es para vosotros.

 


 Aunque digamos de paso que los iones, electrones, protones, neutrones, deutrones, quantum, fotones y otros términos de la física

actual también son un lenguaje completamente incomprensible para el profano. Se necesitan varios años de aprendizaje para saber no la
constitución de la materia que sigue siendo tierra desconocida, sino de qué se está hablando.
18


La entrada abierta al palacio cerrado del rey (XIII-26). Editado en esta Biblioteca Esotérica.

La profunda religiosidad de los adeptos no cuadra tampoco con las pretensiones "dentistas"
para explicar la alquimia. Según ellos no sólo es un don de Dios el conocimiento, digamos
práctico, que permite obtener la piedra, sino también la vocación alquímica. El amor a Dios
y la caridad para con el prójimo son de rigor entre todos los filósofos, como igualmente lo
son las invocaciones al cielo.
 
No sólo la simbología quiere traducir esta religiosidad privándola de su carácter
trascendente, sino que también se la quiere "cientifizar" incluso basándose en los propios
textos alqulmicos. Las alusiones alquímicas al cielo se transforman así exclusivamente en
cuestión de fuerzas cósmicas desconocidas de carácter únicamente físico.
 
Sabido es que la obra necesita determinadas condiciones exteriores: subdio in prato quodam
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die serena quadam y que estas condiciones están relacionadas con los astros, con el

cosmos. En las ilustraciones alquímicas no sólo aparecen el Sol, la Luna y los planetas, sino
que hay precisiones verdaderamente concretas. El carnero, el toro y los gemelos (Aries,
Taurus y Geminis), es decir, los tres meses de la estación primaveral en que los astros están
dispuestos de una determinada manera, presiden fases de la obra. El Mutus Liber dibuja en
sus láminas un abanico de rayos con franjas alternadas de rayos y puntos, que caen sobre la
Tierra desde el centro del cielo, desde un punto equidistante del Sol y la
 
Luna y por encima de ellos mientras que dos campesinos cosechan el rocío. Se trata "sin
disfraz —dice Canseliet— del método que utilizábamos nosotros mismos al principio".
Algunos textos son particularmente explícitos:
 
Todo el mundo sabe hoy que la luz que la Luna nos envía no es sino un
préstamo de la del Sol, a la que viene a mezclarse la de otros astros. La
Luna es por consecuencia el receptáculo u hogar común del que todos los
filósofos han entendido hablar; ella es la fuente de su agua viva. Si queréis
reducir en agua los rayos del Sol, escoged el momento en que la Luna nos
los transmite con abundancia, es decir, cuando está llena o se aproxima a
su pleno; tendréis por este medio el agua ígnea de los rayos del Sol y de la
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Luna en su mayor fuerza.

 
Todo ello confirma sobradamente que la obra tiene que ver con el cielo físico, con la
energía cósmica, ".. .con el agente principal del movimiento y de las transformaciones
sobre la superficie terrestre y el centro de la Tierra, cuya intervención diferencia a la
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alquimia de la  química.

 En  pleno  aire,  en  un  cierto prado,  cierto día sereno   (Cosmopolita:   Diálogo del mercurio y el alquimista).

 Récréations Hermétiques, anónimo, publicado por Bernard Hus son en su Anthologie de l'Alchimie, editions Pierre Belfond, 10 rue du

Regard, París.