Eliphas Levi – El Gran Arcano, 1ª parte

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vibración y energía
 
 
 
 
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Eliphas Levi – El Gran Arcano
ELIPHAS LEVI
(Abate Alfonso Luis Constant)
EL GRAN ARCANO
DEL
OCULTISMO REVELADO
 

Eliphas Levi – El Gran Arcano
Obra póstuma del autor, en la que, como eximio maestro
y gran mago, descorre el velo que por siglos
encubrió el gran secreto del Ocultismo, explicando
a la luz de la ciencia y de la razón,
todos los secretos y poderes de la alta y baja magia.
Eliphas Levi – El Gran Arcano

TESTAMENTO DEL AUTOR
Esta obra es el testamento del autor; es el más importante y el último de sus libros sobre la ciencia
oculta.
Está dividida en dos partes:
 
 
PRIMERA PARTE
 
El misterio real o el arte de hacerse servir por las fuerzas
SEGUNDA PARTE
 
El misterio sacerdotal o el arte de hacerse servir por los espíritus.
 
Este libro no tiene la necesidad de presentación ni de prefacio; las obras precedentes del autor
pueden servirle ampliamente de prefacio y de introducción.
En él está la última palabra del Ocultismo y fue escrito con la mayor claridad posible.
¿Puede y debe ser publicado este libro? Lo ignoramos al escribirlo; pero juzgamos que podíamos
y debíamos hacerlo.
Si aún existen verdaderos iniciados en el mundo, es para ellos que escribimos y es sólo a ellos a
quien corresponde juzgarnos.
 
Eliphas Levi
(Abate Alfonso Luis Constant)
Septiembre de 1868

Eliphas Levi – El Gran Arcano
PRIMERA PARTE
EL MISTERIO REAL
O EL ARTE DE GOBERNAR LAS FUERZAS

Eliphas Levi – El Gran Arcano
Capítulo I
EL MAGNETISMO
El magnetismo es una fuerza análoga a la del imán; está diseminado en toda la naturaleza.
Sus caracteres son: la atracción, la repulsión y la polarización equilibrada.
La ciencia ha captado y aceptó los fenómenos del imán astral y del imán mineral, pero observa
con desconfianza el imán animal que se manifiesta todos los días por hechos que, si bien ya no
puede negar, espera, para admitirlos, concluir su análisis por una síntesis incontestable.
Sabemos que la imantación producida por el magnetismo animal determina un sueño
extraordinario, durante el cual el alma del magnetizado cae bajo el dominio del magnetizador, con la
particularidad de que la persona adormecida parece dejar inactiva su vida propia para manifestar
solamente los fenómenos de la vida universal. Refleja el pensamiento de los otros; ve sin valerse de
los ojos; se torna presente en todas partes, sin tener conciencia del espacio; percibe las formas más que
los colores; suprime y confunde los períodos del tiempo; habla del futuro como si fuese el pasado y
de éste como si se tratara del futuro; explica al magnetizador sus propios pensamientos y hasta las
acusaciones secretas de su conciencia; evoca en sus recuerdos a las personas en quienes piensa el
magnetizador, y las describe del modo más exacto, sin haberlas visto jamás. Habla el lenguaje de la
ciencia con el sabio y el de la imaginación con el poeta; descubre las dolencias y adivina los
remedios; da muchas veces sabios consejos; sufre y, en ocasiones, con un grito doloroso nos anuncia
los tormentos que sobrevendrán.
Estos hechos extraños, pero incontestables, nos llevan necesariamente a la conclusión de que
existe una misma vida para todas las almas o una especie de reflector común de todas las
imaginaciones y de todas las memorias, en el cual podemos vernos mutuamente, como si una
multitud pasara delante de un espejo. Este reflector es la luz ódica del caballero Reichenbach; es lo
que nosotros llamamos luz astral; ese gran agente de la vida que los hebreos denominaban OD; OB y
AUR. El magnetismo dirigido por la voluntad del operador es OD, el sonambulismo pasivo es OB.
Las pitonisas de la antigüedad eran sonámbulas ebrias de luz astral pasiva. Esta luz recibe, en los
Libros Sagrados, el nombre de espíritu de Python, porque la mitología griega la simbolizaba con la

imagen de la serpiente Python.

Ella está también representada en su doble acción por la serpiente del Caduceo; la serpiente de la
derecha es OD y la de la izquierda es OB, y en el medio, encima de la barra hermética, brilla el


globo de oro, es decir, AUR o la luz equilibrada.
Python: pitón. Mitología: serpiente monstruosa de 100 cabezas y 100 bocas que vomitaba llamas. Guardaba el oráculo

de la tierra. (N. del T.)

Ob, Od, Aur. Od, fluido magnético generado por los cuerpos minerales, vegetales y animales, visible para los

sensitivos en estado de vigilia. Es la luz ódica del barón de Reichembach; palabra sacada de la Cábala hebrea, en la cual ella
representa sólo el polo positivo de la luz o fluido astral. Ob, es el polo contrario de la misma luz. Aur, en Cábala
representa a la Luz, primera manifestación del Verbo Creador. Cuando esta luz se polariza positivamente, es decir, en el
sentido del bien, se llama OD, y cuando se polariza negativamente en el sentido del mal, es Ob. La misma luz primaria en
su grado de manifestación inferior recibe el nombre de Aur, el fuego. (N. del T)

Eliphas Levi – El Gran Arcano
Necesidad y Libertad, tales son las dos grandes Leyes de la Vida; y estas dos Leyes hacen sólo
una, pues son mutuamente indispensables.
La necesidad sin libertad sería tan nefasta como la libertad privada de su freno necesario. El
Derecho sin el Deber es la locura. El Deber sin el Derecho es la Esclavitud.
Todo el secreto del magnetismo consiste en esto: gobernar la fatalidad de OB por la inteligencia y
el poder de OD, a fin de crear el equilibrio perfecto de AUD.
El magnetizador desequilibrado y dominado por sus pasiones, que quiere imponer su actividad a la
luz fatal, se asemeja a un hombre que, con los ojos vendados y montando en ciego caballo, lo
espoleara en medio de una sinuosa selva llena de precipicios.
Los adivinos, los tiradores de cartas y los sonámbulos son todos alucinados que adivinan por
medio de OB.
La copa de agua de la hidromancia, las cartas de Etteilla, las líneas de la mano, etc. producen en el
vidente una especie de hipnotismo. Ve entonces al consultante en los reflejos de sus deseos
insensatos o de sus imaginaciones amorosas, y como a su vez, es un espíritu sin elevación y sin
nobleza de voluntad, adivina las locuras y sugiere otras mayores, logrando así gran éxito.
Un cartomántico que aconsejase la honestidad y las buenas costumbres perdería luego su clientela
de concubinas y solteronas histéricas.
Las dos luces magnéticas podrían muy bien llamarse respectivamente, luz viva y luz muerta;
fluido astral y fósforo espectral; antorcha del verbo y humareda del sueño.
Para magnetizar sin peligro es preciso tener en sí la luz de la vida, es decir, ser un sabio y un
justo.
El hombre esclavo de las pasiones no magnetiza, fascina; pero la irradiación de su fascinación
aumenta alrededor de él el círculo de su vértigo, multiplica sus encantos y enflaquece cada vez más su
voluntad. Se asemeja a una araña que se agota y al fin queda presa de su propia tela.
Los hombres que aún no conocen el imperio supremo de la razón, la confunden con el raciocinio
particular y así siempre erróneo de cada uno. El señor de la Palice les diría: “quien se engaña no
tiene razón, siendo la razón, precisamente, lo contrario de nuestros errores”.
Los individuos y las masas a quienes la razón no gobierna son esclavos de la fatalidad, la cual
rige la opinión que es, a su vez, reina del mundo.
Los hombres quieren ser dominados, aturdidos, arrastrados. Las grandes pasiones les parecen más
bellas que las virtudes, y aquellos a quienes llaman grandes hombres suelen ser, las más veces, grandes
insensatos. El cinismo de Diógenes les agrada tanto como el charlatanismo de Empédocles. A nadie
admirarían tanto como Ajax y Capaneda, si Polyeuco no fuese más furioso aún. Píramo y Tisbe, que
se matan, son los modelos de los amantes. El autor de una paradoja siempre tiene la certeza de
adquirir renombre. Y por más que lo condenen al olvido, por despecho o por envidia, el nombre de
Erostrato encarna tanta belleza demencial, que supera a su ira y se impone eternamente a su recuerdo.
Los locos son pues, magnetizadores o más bien fascinadores, y eso es lo que torna contagiosa la
locura. Por no saber medir lo que es grande la gente se apasiona frente a lo extraño.
Las criaturas que aún no pueden andar, quieren que la gente las tome en los brazos y las lleve de
paseo.
Nadie ama tanto la turbulencia como el impotente. Es la incapacidad del goce lo que engendra los
Tiberios y las Mesalinas. El pillo de París quería ser Cartouche en el paraíso de las calles arboladas
y reía de corazón al ver ridiculizar a Telémaco.
No todos tienen el gusto de la embriaguez del opio o del alcohol, pero casi todos quieren
embriagar el espíritu y complacerle fácilmente haciendo delirar el corazón.
Cuando el cristianismo se impuso al mundo por la fascinación del martirio, un gran escritor de
aquel tiempo formuló el pensamiento de todos, exclamando: “Creo que es absurdo”.
La locura de la cruz, como el propio San Pablo la llamaba, era entonces invenciblemente
invasora. Se quemaban los libros de los sabios y San Pablo preludiaba en Efeso los hechos de Omar.
Derribábanse templos que eran maravillas del mundo e ídolos que como obras eran primicias
 

Eliphas Levi – El Gran Arcano
del arte. Tenían el gusto de la muerte y querían despojar la existencia presente de todos sus
ornamentos para desprenderse de la vida.
El disgusto de las realidades siempre acompaña al amor de los sueños: Quam sordet tellus dum
coelum aspicio!, dice un célebre místico; literalmente: “cuán sucia se torna la tierra cuando
contempla el cielo!” ¡Tu mirada al perderse en el espacio, es la que mancha a la tierra, tu nodriza!
¿Qué es pues, la tierra sino un astro del cielo? ¿Será porque te lleva encima que la vez inmunda?
¡Que te lleven al sol y tus disgustos también lo enturbiarán! ¿Sería el cielo más limpio si estuviese
vacío? ¿No es acaso admirable contemplarlo en el día cuando ilumina a la tierra y en la noche
cuando brilla con una multitud innumerable de planetas y soles? ¿No será que la espléndida tierra, la
tierra de los inmensos océanos, la tierra exuberante de árboles y flores se torna una inmundicia para
ti porque pretendías lanzarte en el vacío? ¡El vacío está en tu espíritu y en tu corazón!
Es el amor por los sueños lo que mezcla tantos dolores a los sueños de amor. El amor, tal como
nos lo da la Naturaleza, es una deliciosa realidad, y es nuestro orgullo enfermizo el que pretende
algo mejor que la Naturaleza. De esto proviene la locura histérica de los no comprendidos; el
pensamiento de Carlota en la cabeza de Werther se transforma, fatalmente, en lo que tenía que ser y
toma la forma brutal de una bala de revólver. El amor absurdo tiene como desenlace el suicidio.
El amor verdadero, el amor natural, es el milagro del magnetismo. Es el entrelazamiento de las
dos serpientes del Caduceo; parece producirse fatalmente, pero es producido por la razón suprema
que le hace seguir las leyes de la Naturaleza. La fábula refiere que Tiresias habiendo separado dos

serpientes que se unían, incurrió en la cólera de Venus y se tornó andrógino, lo que anuló en él el
poder sexual; después lo hirió la diosa irritada y lo dejó ciego, porque atribuía a la mujer lo que
conviene principalmente al hombre. Tiresias era un individuo que profetizaba por la luz muerta. Por
eso sus predicciones siempre anunciaban dolencias que incluso parecía provocar. Esta alegoría
contiene y resume toda la filosofía del magnetismo que acabamos de revelar.