Curso de creación consciente 5ª parte

 

Curso de creación y manifestación consciente
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Segunda Parte
Decodificando la realidad exterior
Hemos visto cómo funciona la parte “generadora” del mundo que vemos ahí fuera, pero aún
no sabemos cómo funciona la parte “receptora”. Es decir, mi cuerpo, mi mente, emiten ondas
y pensamientos que se transforman en algo que yo percibo como real y que no es otra cosa
que aquello que tiene una frecuencia similar a lo que yo emito, pero ¿cómo se y percibo yo
que eso que tengo es lo que he manifestado? ¿Cómo llega a construirse mi mundo real, el que
veo con mis ojos, el que toco con mis manos?
Bien, pues malas noticias, no son tus ojos ni tus manos los que perciben el mundo que
llamamos “real”. Es tu cerebro quien trabaja construyendo hologramas tridimensionales en
base a, parcialmente, la información que recibe de los sentidos, y que en realidad no son más
que la representación que considera válida para aquello que cree estar recibiendo. Y aun así,
se inventa cosas. Pura ilusión.
“Viendo con la mente”
Todo aquello que percibimos como real no es más que una proyección mental en tres
dimensiones de lo que nuestro cerebro decodifica. Nuestros ojos no “ven”, es el cerebro el que
“ve”. Los ojos son lentes que pasan información desde la retina hasta el cerebro, que es donde
se forma la imagen. Nuestros ojos son como las ópticas de las cámaras que dejan pasar la luz,
esos haces energéticos que existen ahí fuera, y los envían hacia el interior de la mente para
procesar esa luz, sin hacer, en ningún momento, juicios o presunciones sobre que representa.
El ojo no sabe que está recibiendo la energía lumínica de una silla o de un elefante, y le da
igual, su función es simplemente transmitir el haz hacia el interior. Sin embargo, en el camino
hacia el córtex visual del cerebro, los lóbulos temporales editan, recortan y filtran hasta un
50% del haz lumínico inicial y solo esa parte editada de lo que en realidad habíamos percibido
a través de la retina, es lo que llega al cerebro, que, entonces, se pone en marcha para
“decidir” que es lo que está recibiendo y a que corresponde esa energía que le ha llegado, y así
construir a partir de aquí, la imagen en 3D de lo que cree tener delante.
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Así, si lo que “vemos” está basado en menos del 50% de una información captada del exterior,
¿cómo sabemos que es real y que es inventado? ¿Cómo se forma lo que percibimos como real
para nosotros en nuestra mente? La respuesta es que el cerebro compone el otro 50% de
información con datos de los que ya dispone, de nuestra presunción de cómo debe ser el
mundo de ahí fuera, de lo que “esperamos” ver en realidad y de todo aquello que tiene
acumulado en los bancos de memoria y a los cuales tiene acceso, a través del
condicionamiento y la programación con la que nacemos, a través de nuestro ADN. Por eso
cada uno “ve” las cosas de forma diferente, porque básicamente su holograma final, su
representación tridimensional de ese objeto o situación que ha creado, ha sido generada a
imagen y semejanza de lo que ha “encontrado” por “aquí dentro” para construirla.
El viaje de la luz desde que es percibida por nuestros “sensores” (los ojos) hasta que nos
enteramos que estamos viendo algo (construimos la imagen) es impresionante. La luz entra a
través de la córnea y traspasa la pupila, que controla la cantidad que pasa para proteger
nuestro sistema visual a través del iris. Esta luz que ha traspasado la pupila llega seguidamente
al humor vítreo, una especie de masa gelatinosa que tenemos todos detrás de la pupila y
finalmente el haz lumínico llega a la retina que captura la imagen, pero lamentablemente, lo
hace solo en dos dimensiones y al revés, por lo que para poder terminar de discernir qué es lo
que estamos viendo, la luz es enviada al cerebro en el lóbulo occipital. Es aquí, y solo aquí,
cuando el cerebro recompone la imagen y la completa con aquella información que le pueda
faltar, crea un holograma tridimensional del objeto e informa a nuestra conciencia que está
“viendo” algo, que finalmente resulta ser una silla.
Si nuestro cerebro hubiera recompuesto la imagen como algo totalmente diferente, y sin hacer
demasiado caso de la información recibida a través de la vista, o haciendo alguna asociación
errónea respecto ese haz lumínico que está registrando, estaríamos convencidos de que
estamos viendo cualquier otra cosa, y esta otra cosa sería tan real para nosotros, por ejemplo
un armario, como esa silla, porque la realidad se construye en nuestra mente, no en el exterior
de la misma. Y básicamente lo mismo pasa con lo que oímos y escuchamos. La información es
filtrada por nuestro sistema auditivo y solamente en el cerebro construimos la realidad que
mejor nos va acorde a lo que esperamos oír, creemos oír o hemos oído previamente. Por eso
cuando se dice algo, dos personas recibiendo la misma información pueden interpretarla de
forma totalmente distinta y estar convencidos que su versión es la correcta, y ya no hablamos
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de discusiones entre amigos o pareja, lo que uno oye sobre lo que dice el otro, si se registrara
y luego se pasara de nuevo para ser escuchado, sería realmente de espectáculo, pues todos
oímos muchas veces lo que nos interesa o esperamos oír, simplemente porque el cerebro
rellena la información que le falta con lo que encuentra en el interior del mismo y que
concuerda con sus expectativas y creencias.
Esto implica solo una conclusión, la realidad que vivimos es solo aquella que nos cuadra con
nuestras ideas preconcebidas, aquella que nuestra mente interpreta tal y como le va bien y
aquella que se ajusta a nuestros pensamientos, sensaciones, y expectativas. Básicamente,
vivimos la realidad exterior en base a nuestra realidad interior: nuestro trabajo, nuestras
amistades, nuestra familia, nuestra salud o nuestra abundancia material.
Construyendo la realidad colectiva
Pero vamos un poco más allá, pues no estamos solos en el planeta. ¿Qué pasa con esta
realidad que todos compartimos? Básicamente es una realidad impuesta, o creada por el
cúmulo de pensamientos y energías lanzadas al subconsciente colectivo y a la cual nos
enganchamos y aceptamos por conveniencia y por acuerdo global. Es decir, a todos nos
interesa que exista una cierta estructura para poder navegar por nuestro día a día, y esa
estructura, ese mundo compartido, es algo a lo que nuestra mente simplemente le ha dado el
visto bueno, ha almacenado en su interior y es la información que usa para construir en
nuestra mente las imágenes tridimensionales de todo lo que vemos y en lo que todos estamos
de acuerdo que es así.
¿Qué es el inconsciente colectivo en realidad? Básicamente, lo podemos describir como
información, ondas electromagnéticas, listas para ser decodificadas, un mundo ya creado y al
cual solo nos “tenemos que enchufar”.
Este mundo electromagnético es percibido y “anclado” en nosotros a través de lo que nuestros
sentidos perciben y la que termina, parcialmente, siendo decodificada por la mente, quien
construye las asociaciones pertinentes y las imágenes tridimensionales que nosotros vemos
como cosas reales, sólidas y tangibles.
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¿Cómo podemos llegar a tener aquello que deseamos delante de nuestras narices, a vivir una
situación una y otra vez, o a atraer siempre la misma clase de personas?
Recuerda de nuevo que lo que entra por nuestros sentidos es parte de lo que salió de nuestro
subconsciente, de cuerpo mental o de nuestro cuerpo emocional. Imagínate que durante dos
semanas solo haces que ver películas muy tristes, y que durante esas dos semanas tu mente se
empapa tanto del sentimiento de tristeza que es todo lo que emana de ti. Vives en la tristeza,
desprendes tristeza, vibras a la frecuencia de la tristeza. Ese sentimiento es lo que estás
enviando constantemente, a través de nuestros pensamientos y emociones, al exterior.
¿Qué pasa entonces con nuestra realidad? Pues que lo vamos a atraer hacia nosotros, y los
haces energéticos que entrarán por nuestros sentidos, recibidos del exterior, será pura energía
asociada a sentimientos de tristeza, pues como imanes que somos, eso es lo que atraemos. ¿Y
qué realidad entonces construye nuestra mente para nosotros? Pues un cúmulo de situaciones
y eventos que producen y reproducen esa tristeza. Porque eso es lo que percibe, y aunque solo
una fracción de eso que entra por la vista sea algo triste de verdad, como eso es lo que cuadra
con el sentimiento interior que en este momento estamos teniendo, esa será la realidad que
nuestra mente construya para nosotros (a lo mejor, el mismo hecho para otra persona, es
percibido y reconstruido como algo totalmente diferente, pues su mente no espera
decodificar una situación o evento que evoque tristeza, y por ende, no lo hace).
Y así se crea un ciclo. Si no somos capaces de cambiar el sentimiento interior de tristeza, que
se convirtió en lo que emitimos y que el imán que somos atrajo hacia nosotros enganchándose
a aquellas ondas que vibraban igual, mientras estemos emanando esa frecuencia, atraemos
solamente situaciones, eventos y realidades que concuerden con ese sentimiento de tristeza,
que lo reforzaran y que mantendrán el circulo funcionando.
Visto todo lo anterior, es fácil deducir que, en realidad, no vivimos más que en un mundo de
ficción, que parece muy real para nosotros, y eso no lo ponemos en duda, pero si pudiéramos
coger un aparato que pudiera medir todo esto y salirnos fuera de esta dimensión, todo lo que
podríamos registrar serian estos patrones frecuenciales que os he descrito.
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¿Significa esto que podemos cambiar la realidad que percibimos como tangible? Pues
depende. Si en un momento dado, todos nosotros hubiéramos decidido que el fuego no
quema, el fuego no quemaría. Primero porque las sensaciones recibidas por el tacto sobre el
calor entrarían en la mente, esta buscaría asociaciones para intentar comprender que es lo
que está recibiendo y encontraría un archivo de información que dice que es fuego y que tiene
unas características tales como que esta frío, es húmedo y no hace nada. ¿Qué crees que haría
la mente? ¿Enviar señales de “precaución, no lo toques” a la mano para que no se acercara?
En ningún caso. Nuestra realidad seria que el fuego no quema, y el fuego no quemaría. Porque
el fuego no es más que energía, y nosotros somos energía, y esa energía se traduce en una
realidad en nuestra mente que dice que es inofensiva, y la energía de nuestro cuerpo diría que
es inofensiva y reaccionaria como tal. Ni un solo nervio o alarma de precaución se dispararía
en nuestro interior y el fuego, como energía que es, no tendría ningún efecto en nosotros. Eso
sí, que nadie lo intente. No somos capaces de darle la vuelta a esta pre-concepción que
tenemos tan aprendida y tan codificada en nuestro ADN desde hace milenios, y para nosotros
y todas las generaciones que vendrán, el fuego quemará y la nieve estará fría. Pero solo
porque así lo hemos acordado.
¿Por qué decíamos en los anteriores capítulos que la visualización es el método más eficaz
para manifestar nuestra realidad? Porque como hemos visto, el cerebro no distingue entre lo
que es real “ahí fuera” y lo que es real “aquí dentro”. Si usando la imaginación y la
visualización, somos capaces de convencer a nuestra mente que somos felices, y traspasamos
esa sensación, esa emoción y esas imágenes al subconsciente (o directamente trabajamos de
forma consciente), generaremos queramos o no ondas que vibran a la frecuencia de la
felicidad. Esas ondas saldrán a engancharse con otras ondas que sean del mismo estilo, y estas
entraran por nuestros sentidos. El cerebro, al recibir parte de este tipo de ondas, que cuadran
con lo que ha emitido, recompondrá su realidad de acuerdo al sentimiento que posee en su
interior, a la imagen que ha creado y que tiene en archivo para la definición de “felicidad”, y
voilá, ahí tendremos el ciclo completo en el cual una y otra vez se irán manifestando en
nuestra realidad situaciones, cosas y eventos que nos refuercen la idea de que somos felices.
Otro ejemplo de que todo no es más que la ilusión generada por nuestras mentes lo
constituyen las proezas de algunos yoguis, que tragan clavos, que levitan, que rompen trozos
de hierro con un golpe de la mano. ¿Cómo pueden hacer eso? Lo hacen porque saben que lo
que hay enfrente de ellos no es más que un acuerdo de todos los seres del planeta que dice
que el hierro no se puede romper o que los clavos no se pueden tragar, o que no se puede
dormir sobre un colchón de puntas. Pero estos yoguis lo hacen, y lo hacen simplemente
desconectando su mente del inconsciente colectivo, dejan de crear una realidad en la cual las
puntas son peligrosas o el hierro es sumamente sólido. Lo hacen porque para ellos, solo existe
pura energía con una cierta forma, que puede ser manipulada por la mente para convertirla en
otra cosa. Si a tu brazo, que es energía, le dices que un clavo, que también es energía, no le
causara ningún daño, el clavo entrara y saldrá de tu brazo sin un solo rasguño. No es un
milagro, no es magia, es puro dominio de la mente y un control exacto de lo que representa la
realidad, su realidad.
Huelga decir que no animo a nadie a que lo intente en casa. El 99.999999% de los mortales no
podremos jamar disociar nuestra mente y dominarla hasta tal extremo. Pero eso no es la
justificación para decir que eso no se puede hacer. Simplemente, la mayoría no sabemos
hacerlo.
En el otro extremo, pero en el mismo tema, lo que no creemos que pueda estar sucediendo
muchas veces no lo veremos, simplemente porque nuestra mente no puede aceptar que eso
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sea cierto, ya que se le escapa de todos los registros que tiene y puede usar para construir esa
realidad que está parcialmente recibiendo desde el exterior a través de los sentidos. Y como
contrapartida, lo que creamos de verdad, lo acabaremos viendo. Porque ver, como hemos
repetido hasta la saciedad, se hace con la mente, no con los ojos.
Los diferentes niveles de Realidad
Lo que acabamos de ver es el proceso mecánico sobre cómo se construye la realidad colectiva
y como la percibimos nosotros, en nuestra mente. Lo que aún no hemos visto es que, en esta
tercera densidad en la que existimos, coexisten infinitos niveles de planos de diferente
frecuencia vibratoria, es decir, co-existen infinitos niveles de realidad común y personal para
todos nosotros. Sí, todos compartimos la realidad que a nivel global representa la realidad 3D
en su conjunto, pero cada uno de nosotros estamos sintonizados con uno de esos sub-niveles
o planos de forma más concreta.
De estas infinitas realidades potenciales que existen, los planos más “bajos” son aquellos que
resuenan con frecuencias más lentas, y aquellos más “altos” son aquellos cuya frecuencia base
es mayor. Los niveles de realidad más elevados son resultado de energías (emociones y
pensamientos manifestados) en conjunto más positivos, los niveles de realidad más bajos son
resultado de energías (emociones y pensamientos manifestados) más negativos (basados en el
miedo como frecuencia base).
Percepción de los diferentes niveles de realidad
Todos y cada uno de nosotros percibimos un rango de niveles de realidad bastante amplio, a
pesar de que, según la frecuencia genérica que emitamos estemos enganchados
principalmente a unos de esos niveles. Esa realidad que resuena mayormente con nosotros es
el plano que percibimos de forma primaria, y en el cual manifestamos nuestro “mundo” y
nuestra realidad exterior. Es decir, nuestro cerebro decodificara principalmente energías que
resuenen con el nivel de la vibración que emitimos.
Además de esa realidad primaria, percibimos las realidades que más se aproximan a nuestro
nivel frecuencial, y también participamos de ellas, aunque menos, es decir, se manifiestan en
nuestra realidad aquellos sucesos, eventos, emociones, personas, situaciones, etc., que
aunque no forman parte de nuestra vida de forma primaria, son cosas que pasan alrededor
nuestro y que pueden llegar a afectarnos en pequeña medida.
Esto sucede tanto con niveles mayores como con niveles menores. Es decir, podemos percibir
niveles de realidad en los que suceden cosas “algo mejores” (basadas en frecuencias de
resonancia más altas, en emociones o pensamientos más positivos, en energías “mejores”)
como niveles de realidad “algo peores” (basados en lo contrario). Por ejemplo, podemos vivir
en un barrio conflictivo, y notar alrededor nuestro que suceden cosas: problemas, robos,
peleas, discusiones, etc. Pero a nosotros no nos pasa nunca nada, pues no estamos vibrando y
sintonizando ese nivel de realidad, aunque sí que lo percibimos.
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Podemos también tener un trabajo estupendo o vivir en un sitio precioso, y sin embargo no
llegamos a percibir o manifestar en nuestra realidad el 100% de lo que ese sitio ofrece, pues
parece que está “algo fuera de nuestro alcance”, y es que son cosas que “vibran” a un nivel
ligeramente superior.
Cuanto más nos alejamos en la escala de niveles de nuestra realidad primaria, menos
manifestamos los efectos de esas otras realidades en nuestro mundo, a pesar de que podamos
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percibir aún partes de ellas. Podemos vivir en ese barrio conflictivo, y saber por estadísticas y
las noticias que es el barrio con mayores problemas de tu ciudad, y tú, jamás de los jamases
haber visto, oído ni sufrido nada. En otro nivel de realidad todo eso existe, pero no se
manifiesta en tu mundo porque tu nivel frecuencial está lejos del nivel frecuencial del entorno,
muchas veces ni siquiera “verás” nada con tus cinco sentidos por mucho que pase a tu
alrededor. Ídem en el polo opuesto, es decir, hacia niveles de realidad más altos.
El sistema de control de la realidad común
Cuando la película “The Matrix” salió y dio a conocer un escenario en el cual todos nosotros
vivíamos en una proyección creada para mantener un sistema de control sobre la población,
solo unos cuantos se pararon a pensar que aquello podía ser algo más que una buena trilogía
de Hollywood. Pero poco a poco, con el paso de los años, y las publicaciones, experiencias e
investigaciones de muchos de esos que estamos en esa Matrix, la cosa realmente pinta de otra
forma.
Debemos entender otra cosa muy importante. Nuestra realidad global está siempre siendo
manipulada y bajo intento de control por niveles de poder muy por encima de lo que podemos
percibir. De hecho, una de las formas de “mantener” a la gente “bajo control”, es tener a todo
el mundo en un nivel de realidad mantenido por ejemplo, por un inconsciente colectivo
manipulado en el cual la realidad común manifestada sea la deseada por los “controladores”.
Recomiendo la película “Ellos Viven (They Live)” para una estupenda representación visual de
esto que os comento.
Los medios de comunicación por ejemplo, son los responsables de la creación de un nivel de
realidad bastante “bajo” a nivel frecuencial, en el cual están enganchadas muchas personas
como realidad primaria. Otras personas que vibran constantemente en niveles un poco más
altos no se ven afectadas directamente, mientras que otras no notan nunca efecto alguno de
la realidad que se desea manifestar ya que se encuentran lejos (a nivel de vibración) de ese
plano de sucesos que nos cuentan cada día.
Visto lo anterior ¿Os dais cuenta cómo se puede manipular la realidad de millones de
personas? Es muy simple. Implanta en el subconsciente de todas las personas un sentimiento,
una idea o un mensaje, y esa será la realidad que generarán sin darse cuenta y en la cual se
verán envueltos sin saber cómo. Lo hacen a todas horas aquellos que están interesados en que
pensemos una cosa u otra, en que compremos un determinado producto, en que vivamos de
una forma o de otra. Empieza a bombardear a las personas durante día y noche a través de la
televisión, radio, periódicos, etc. de que la situación mundial es un verdadero caos, que es la
ley del más fuerte, que la cosa esta muy mal, que hay problemas económicos, que viene una
pandemia de gripe, etc., e implanta esas ideas constantemente durante mucho tiempo en el
subconsciente de las personas. ¿Cuál creéis que será la realidad común generada por todo el
planeta? ¿Y qué parte de las millones de ondas energéticas atraeremos a nosotros y
percibiremos por nuestros sentidos si estamos vibrando en ese tipo de ideas? Pues lo mismo.
¿Y qué realidad decodificará nuestra mente si todo lo que tiene en el subconsciente son
imágenes e información sobre lo mal que están las cosas y encima percibe ondas del exterior
que le traen esa misma información? Voila. Ya hemos completado el ciclo.
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Y todo simplemente implantando unas ideas que no tienen por qué ser verdad, pero que
puede pre-fabricarse para que poco a poco, todo el planeta genere una realidad acorde a
esas ideas, sin que nadie, absolutamente nadie, se dé cuenta de ello.
Y es que como hemos dicho, el control de tu subconsciente en la clave para el control de tu
realidad, pues aquello que sea lo que emita, será aquello que tu mente creará como válido y
aceptará.
Entendiendo el sistema de control del inconsciente colectivo
Estadísticamente, por pura matemática, en un mundo “normal”, los sucesos, acciones,
situaciones, experiencias, etc. deberían llevar a obtener aproximadamente un 50% de eventos
positivos, y un 50% de eventos negativos. Si la humanidad en si, como todos parece que
haríamos, tendemos a generar y a trabajar para generar elementos positivos en nuestras vidas,
probablemente podríamos vivir en un planeta donde el 70-80% de las cosas que sucedieran
tuvieran la etiqueta de “cosas buenas”. Sin embargo estamos de acuerdo en que es más bien
todo lo contrario, ¿verdad?
Una de las razones de esta situación es fácilmente deducible: en algún nivel, nuestra realidad y
esos sucesos están manipulados para que provoquen exactamente lo contrario a lo que de
forma natural, a priori, sucedería, y cuando uno se pregunta de dónde viene esta
manipulación, termina inexorablemente acabando en teorías, hipótesis e información sobre
densidades superiores, entidades y otros planos frecuenciales.
Un modelo
Vivimos en una realidad proyectada por niveles evolutivos superiores al nuestro, una Matrix
que más que generar sucesos a nivel físico, proyecta formas de pensamiento y “ondas”, que al
fin y al cabo es todo lo que la realidad “es”. La proyección de esta realidad se absorbe en el
inconsciente colectivo, el cúmulo energético al cual todos los humanos estamos enganchados
y del cual “bebemos” para la generación de la realidad común que compartimos.
Cuando el inconsciente colectivo y los diferentes niveles de percepción de los cuales
recogemos la información sobre la realidad que debemos manifestar están manipulados y
corruptos, entonces la realidad que generamos está acorde con esos patrones modificados,
con esa proyección artificial, y el resultado de la realidad física que conocemos no se parece ni
por asomo al resultado de la realidad física que, por naturaleza, deberíamos proyectar.
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Esta Matrix es una realidad muy bien diseñada, nos mantiene a todos en ella sin saber que
estamos en ella. Juega perfectamente con los parámetros y el poder co-creador del ser
humano, pues no hay más que dejar que cada uno de nosotros captemos las “ondas”
energéticas proyectadas, las transmutemos a nivel de chakras y las proyectemos a nivel de
cuerpo mental (pensamientos, ideas, creencias) y cuerpo emocional (emociones,
sentimientos), lo cual genera el ciclo de manifestación global que todos percibimos a partir de
la Ley de la Atracción. Que somos co-creadores es un hecho, que la materia prima que nos
dan para crear está completamente distorsionada es otro.
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Estructuras naturales vs Bloqueos artificiales
De nuevo recurrimos al esquema. El proceso de niveles frecuenciales es algo “natural”,
funciona así por “diseño” evolutivo del juego en el que estamos, por reglas acordadas por el
planeta en el que existimos, los Yo Superiores que encarnan en él y todas las entidades de
diferente orden que conforman este “tablero” donde vivimos. El límite en niveles de realidad
lo pone el limite frecuencial de nuestra 3D, llega un momento, en el cual, si vibráramos en una
realidad “más alta” que el último nivel 3D, estaríamos “conectando” (si fuera posible) con otro
nivel superior, en su nivel de realidad más bajo (4D o como lo llamemos).
El sistema de control sin embargo se podría asimilar a una “membrana energética” alrededor
de todos los niveles de realidad, cubriendo el planeta, algo así:
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Esta “Matrix” en la que vivimos abarca todas las realidades posibles, pero tiene más problemas
para “controlarnos” en aquellos niveles de vibración más altos que en aquellos niveles más
bajos. Aun así, estamos siempre dentro de su influencia. El empuje y la manipulación que este
sistema de control ejerce sobre nosotros “presiona” para que sintonicemos los niveles más
bajos posibles, donde es más fácil “gestionar el ganado”.
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Salir de este sistema de control
Salir por completo de esta Matrix es extremadamente complicado, pero sí que podemos
minimizar sus efectos e influencia sobre nosotros. Como hemos visto, los niveles de vibración
más altos de la realidad colectiva son los más difíciles de manipular, pues son energías más
sutiles y de vibración “más positiva”. Engancharnos a ellas, de alguna forma, es subir nuestro
nivel de realidad primario, y es la forma de salir o desconectar al máximo de la manipulación
del inconsciente colectivo.
Incrementar el plano que sintonizas como tú “mundo” requiere procesar y aligerar carga
emocional y mental. Requiere limpiarnos energéticamente y profundamente de forma que
soltemos lastre y podamos sintonizar otro tipo de frecuencias. Se trata de un trabajo de autolimpieza,
de eliminar nuestros miedos, que actúan como un ancla hacia niveles inferiores por
la vibración que llevan. Se trata de encontrar formas y técnicas de desprendernos de
emociones y pensamientos “bajos” y anclarnos, sea como sea, a emociones y pensamientos
altos. El mecanismo de todo esto es parte de la Ley de la Atracción, y el cómo engancharnos a
una energía más alta o más baja es todo cuestión de trabajo interno.
Además hay que pensar que a priori, aunque parece casi imposible escapar de este sistema de
control, pues estamos metidos en él y nos engloba por todas partes, pero no olvidemos que
por encima de este nivel desde el cual se nos manipula hay otros, y nosotros existimos en ellos
a nivel de Yo Superior, nuestra parte no encarnada. Así pues, tenemos una vía de escape en el
desarrollo de esta conexión con nosotros mismos, la parcial anulación de la influencia del
inconsciente colectivo y por ende, la posibilidad de escapar parcialmente a la manipulación del
juego en el que estamos metidos.

Ejercicio: Técnicas de limpieza energética
Todo pasa por la limpieza energética y por subir el nivel de vibración que tenemos y para ello
existen decenas de formas. Hay que trabajar a muchos niveles, emocional, mental, espiritual.
Hay que limpiar los cuerpos sutiles, aura, chakras, y se puede hacer de muchas formas, algunas
de las cuales ya os he comentado en los capítulos anteriores del curso. Repítelas y repásalas.
Incorpóralas a tu rutina diaria.