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Salud y enfermedad

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El factor más importante de una vida sana es un estilo de vida sano. Si una persona se aparta de su estilo de vida sano, la enfermedad pronto hará acto de presencia. Entonces, lo que ha caído en el desorden debe ponerse de nuevo en su sitio, pues sólo el paciente cuyo estilo de vida promueve la salud puede tener esperanzas de recuperarse. A un enfermo que no quiera volver a un estilo de vida sano difícilmente se le puede ayudar, no se le puede curar.

Por eso un estilo de vida sano es la base para el éxito de toda terapia y una condición previa absoluta para la curación. No es ningún «puede» o «debería», sino un «debe».

Con un falso estilo de vida, usted obstaculiza los procesos curativos, los hace imposibles.
Los factores siguientes forman, la base de la Casa Terapéutica:

  1. Comer y beber sano
  2. Cuidado del cuerpo
  3. Sueño adecuado
  4. Movimiento corporal y salud en el tejido fascial
  5. Situación psicosocial

En la enfermedad las causas -no sólo los síntomas-deben diagnosticarse y tratarse tan a fondo como sea posible.
Al aliviar a las defensas de las cargas, el tratamiento global y causal puede aspirar al más alto objetivo terapéutico, el restablecimiento de la capacidad de autocuración del cuerpo (autorregulación). Entonces el cuerpo puede ayudarse a sí mismo nuevamente y suprimir la en­fermedad junto con sus síntomas. Si este libro le ha sido recomendado por su terapeuta, probablemente a usted ya lo habrán tratado con este método. Entonces entenderá fácilmente por qué son necesarios para su convalecencia los pasos aquí descritos y podrá leer como usted mismo puede (y debe, pues en último extremo se trata de su salud) contribuir al apoyo del proceso curativo.

Los titulares de periódicos y revistas lo anuncian cada día de nuevo, y los reportajes en radio y televisión refieren más detalles: nuestro pueblo enferma cada vez más. A pesar de los voluminosos y costosos cuidados médicos, el enfermo crónico parece propagarse como una epidemia

¿Qué está pasando? Todavía hasta hace poco se acla­maban por todas partes los gigantescos progresos de la medicina. Ahora, muchos pacientes y algunos médicos son presa de la desilusión. ¿No será que los tan ponderados progresos no son tan universales?

Los motivos esenciales de esta compleja situación son, en nuestra opinión, los siguientes:

  1. fuertes cargas por el medio ambiente creado por el ser humano;
  2. forma de vida excesivamente dura;
  3. excesivas exigencias psíquicas;
  4. insuficientes períodos de descanso;
  5. alimentación desnaturalizada;
  6. tratamiento intensivo con medicamentos no exentos de efectos secundarios.
  7. La falta de calidad bioelectromagnética de los tejidos y las personas

Ejercicio físico naturaleza y bioenergéticaLa medicina busca siempre «la causa verdadera» de la enfermedad existente. En realidad, la enfermedad es un acontecimiento que resulta de varios factores perturbadores que actúan en común. En medicina a esta condición se le llama «multifactoria1» o «multicausal», es decir, provocada por varios factores o causas. En medicina global ya no se piensa, sin embargo, en una relación directa de causa y efecto, sino en el enlace de interacciones, interdependencias y dependencias. La medicina se concentra la ma­yoría de las veces en suprimir los síntomas que atenazan al pacien­te. Si esta supresión se realiza con éxito, consigue, de manera comprensible, el entusiasmado reconocimiento por parpaciente. Pero como con semejante terapia las causas auténticas de la enfermedad, que eviden­temente no se abordaron

Tras su aparición se transfiere al paciente al especialista más cercano, que logra suprimir los nuevos síntomas otra vez, puesto que no se supo ver su relación interna. Suprimir los síntomas sólo significa «aflojar la bombilla», no tra­tar las causas por las que ésta brilla.
• Tal medicina es, en esencia, una ana La antimedicina (antibióticos, antidepresivos, antitérmicos, analgésicos, etc.). En vez de suprimir los síntomas con estos «antis», los sistemas reguladores deberían aliviarse elimi­nándose las causas de aquéllos, y el poder autocurativo del cuerpo debería reforzarse mejorando las funciones corporales así como los órganos.

. La medicina se ha convertido en una finalidad en sí misma. Nada queda de la ternura, nada de la compenetración con el paciente. En el centro están la técnica, los fármacos y el volumen de ventas, no la persona que sufre.

La medicina académica es una medicina orientada casi exclusivamente hacia lo material. Sin embargo, la ciencia ha demos­trado sobradamente que la ma­teria es, en principio, energía solidificada y que se «controla» por informaciones. Toda materia tiene contenidos informativos y energéticos y este cono­cimiento deberá reformar la medicina. En la llamada medicina alternativa, estos conocimientos han encontrado acogida desde hace ya tiempo. El concepto que damos a conocer en este libro se basa en estos conocimientos y trata preferentemente de la bioenergética como base de la salud y la enfermedad.

Además, un terapeuta no sólo debe ocuparse de lo que cargan sus pacientes en el momento de la consul­ta, pues las cargas de las personas comienzan ya en la fecundación. Las toxinas hereditarias, como la toxoplasmosis y los adenovirus y sus informaciones patógenas, anidan ya en el esperma y el óvulo, y las modificaciones genéticas pueden conducir a malformaciones del recién nacido. Las partícu­las de amalgama de los dientes y las moléculas de nicotina de los cigarrillos llegan a través de la placenta al feto. Hoy en día, padres y madres siguen transmitiendo directa­mente a sus hijos muchas toxinas. Además, en el nacimiento existe el riesgo de infecciones por virus, bacterias y hongos que pueden recibir de su entorno, por ejemplo en los hospitales. iY todo eso en una época en la que el lactante no posee prácticamente defensa alguna!
Pronto amenazan las primeras enfermedades infan­tiles que, a causa de los antibióticos recetados tan a la li­gera, conducen al bloqueo de las defensas en vez de a su formación, y que, al eliminar al mismo tiempo a las bac­terias intestinales, pueden conducir a una colonización intestinal defectuosa. Vacunas siguientes cargan el joven cuerpo así como la alimentación deficiente por el abuso de comida rápida (fast faad) y un excesivo consumo de golosinas perturban su correcta formación.
Más tarde se almacenan en los tejidos conjuntivo y adiposo sustancias ajenas como proteínas, pesticidas, metales, etc., porque es ahí donde menos dañan al cuerpo. Las toxinas y otras sustancias entarquinan el tejido conjuntivo y trasladan la vía de tránsito hacia las células y la conducen a una disminución de vitalidad, una debilidad del rendimiento y de la concentración, una ulterior reducción de la actividad inmunológica y al desarrollo de enfermedades inmunodependientes, como alergias, disbacteriosis y micosis intestinales. Los pesticidas, las cargas de metales pesados, los campos alternos electromagnéti­cos, etc., cargan, en lo sucesivo, la capacidad reguladora. Los microorganismos encuentran el terreno abonado. Si no se trata lo bastante a tiempo y adecuadamente, se programa el descenso de la salud.
El resultado de todo ello es el aumento, observado en la práctica, de las enfermedades crónicas. Y son precisamente éstas las que hacen capitular a la medicina tan a menudo: alergias crónicas, reuma crónico, molestias circu­latorias crónicas, perturbaciones crónicas del metabolismo, perturbaciones hormonales crónicas, etc., y no en último lugar, el cáncer y el sida.

Un terapéuta debe:

• recuperar una salud global por medio del diagnóstico y la terapia globales y causales

• establecer, por medio de un estilo de vida sano, las bases para recuperar y mantener la salud

 

Todo en esta sección pertenece al libro de Terapia Bioenergética de Martin K. , Reinhold D. y Norbert O.

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